Elegir al Nuevo Gobernante Universal
Lunes, 4 abril 2005
He tenido el privilegio de conocer personalmente al Papa Juan Pablo II, de conversar con él y de tener varios encuentros directos en la Santa Sede durante mis estudios de doctorado en Roma. Mi emoción y expectación ante cada encuentro con Juan Pablo II eran enormes, mezclados con algo de nerviosismo que desaparecÃa al estar frente a él, al ver su mirada y su sonrisa serena y, especialmente, al percibir su disposición de escucha atenta a lo que le decÃa, acercaba su oÃdo moviendo lentamente su cabeza, reflejando una actitud de interés profundo en lo que escuchaba y en la persona que le hablaba.
La vida del Papa se ha apagado, pero se enciende ahora de una manera potente la luz de su influencia histórica en el momento presente y futuro de la humanidad. El tiempo corroborará la grandeza de su personalidad, de su pensamiento, de su humanidad y de su coherencia de vida al encarnar valientemente lo que predicaba con tanta fuerza: “no tener miedo al dolor, al sufrimiento ni a las contradicciones”. Una voluntad férrea dentro de un cuerpo enfermo y anciano, fue su legado en sus últimas apariciones. Un hombre de fe. Sigue ...





