Los cónyuges son los “primeros parientes”
¿”Y todavÃa no tenéis familia”? es la pregunta que comúnmente se le hace a una pareja de recién casados para saber si ya tienen hijos o vienen en camino o si piensan tenerlos pronto. Pareciera haber un “cierto acoso” por parte de algunos familiares y amigos hacia estos “recién casados”, que muchas veces no saben qué responder a tan insistentes preguntas de aquellos cercanos que sueñan con ser ya abuelos, tios o padrinos de bautismo. Detrás de esta inocente pregunta se esconde un error fundamental de apreciación acerca del concepto de “familia”. ¿Es que acaso no son ya familia entre sà los cónyuges?
El pacto conyugal, la alianza matrimonial, el vÃnculo matrimonial o como se quiera llamar a ese matrimonio que han conformado los cónyuges mediante su consentimiento matrimonial, crea una Ãntima comunidad de vida y amor con la que -mediante su libertad personal- han decidido fundar una familia. Esa alianza conyugal tiene como objeto la búsqueda del  “bien de los cónyuges” que es un valor trascendente que busca la propia y mutua felicidad. Fundar una familia exige de los cónyuges un pacto de amor conyugal de donación y aceptación mutua y recÃproca; es hacer un auténtico uso de la libertad y de la responsabilidad personal.
Esa Ãntima comunidad de vida y amor que han creado los esposos mediante su vÃnculo matrimonial origina unas relaciones familiares, una comunidad familiar. El vÃnculo conyugal no es solamente una relación jurÃdica contractual, sino que se integra dentro de la primera y más original noción de familia: los cónyuges son familia, son los “primeros parientes”, los “primeros familiares”. Aunque es fácil de entender con claridad esta realidad familiar conyugal, sucede que ésta se ha oscurecido porque durante siglos el matrimonio ha sido comprendido con una visión muy positivista y jurÃdico-formal, encuadrándolo dentro de un frio concepto jurÃdico de contrato o de institución, quedando asà desprovisto de su genuina realidad natural.
Hay que rescatar el auténtico concepto de amor y de alianza del matrimonio, el cual no puede quedar reducido a un simple concepto de contrato o de institución con unos planteamientos demasiado utilitaristas y funcionales. Hay que enseñar en las aulas y en la calle que el matrimonio no es sólo un contrato de “derechos y obligaciones”, sino que es mucho más, es una alianza de mutua y recÃproca entrega de dos personas por amor. No se trata simplemente de una diferencia termonológica, sino de una concepción más humana y menos fria de la realidad matrimonial y familiar que crean los cónyuges con su libertad personal al casarse. Existe actualmente una notable pérdida de la conciencia del “carácter familiar de la relación conyugal”.
ImplÃcitamente subyace la idea de que la familia es una realidad biológica que requiere la existencia de los vÃnculos de sangre. Por esto está hoy tan difundido el considerar en términos funcionales, pero no familiares, el vÃnculo conyugal. Se piensa que la familia comenzarÃa a existir a partir del nacimiento del primer hijo; antes sólo existirÃa la pareja casada, es decir, unida por el vÃnculo matrimonial. De ahà la famosa pregunta que se hace a los recién casados: “¿Y todavÃa no tenéis familia?”.
Las relaciones familiares son más que relaciones sociales o funcionales. El matrimonio no puede ser entendido como una relación social o funcional en la que cada cónyuge “cumple una función determinada”. De ahà que sea urgente y necesario destacar y rescatar la realidad existencial, vital y afectiva de la relación conyugal que la hace relación familiar. La relación conyugal es ya familiar desde el momento en que los esposos se intercambian el consentimiento matrimonial, cuando se dicen libremente y por amor durante la ceremonia nupcial “si quiero”.
El vÃnculo conyugal tiene como soporte una relación familiar que sólo puede comprenderse en el interior de un sistema de parentesco. Las relaciones familiares padres-hijos-hermanos tienen como fundamento un hecho biológico: la generación. Mientras que la conyugalidad constituye un caso especial porque no se constituye sobre este hecho biológico de la generación, sino en la elección del cónyuge que es consecuencia de la libertad de los esposos. PodrÃa entonces pensarse que la conyugalidad no es una relación familiar porque en ella no interviene el elemento sangre, sino la libertad o consentimiento matrimonial. Por tanto, y de ser asÃ, ser cónyuges consistirÃa en saber desarrollar unos roles: el propio “rol” de marido y mujer, “rol” que serÃa definido por el contexto socio-cultural.
Entonces tendrÃa que concluirse que el concepto de familia y de relación familiar quedarÃan ligados exclusivamente a la dimensión biológica de la persona, cayendo en un prejuicio cultural muy difundido que hace pensar que donde no hay relación biológica, pero sà vÃnculo de libertad, no habrÃa familia. Consecuentemente, la familia vendrÃa a ser el efecto biológico del vÃnculo matrimonial, lo cual serÃa un error.
El vÃnculo matrimonial permanente refleja que la relación conyugal tiene un carácter personal y biográfico. Porque en el matrimonio los esposos se entregan y se asumen como personas en su dimensión biográfica y existencial, que no está sujeta a la temporalidad “del mientras tanto”.  La conyugalidad es la relación familiar por excelencia y, sin ésta, no hay ninguna otra relación que sea plenamente familiar. Sobre la conyugalidad se fundamentan las otras relaciones familiares por consanguinidad: padres, hijos, abuelos, nietos, hermanos, primos, tÃos; y también las relaciones familiares por afinidad: cuñados, suegros, consuegros, etc. También las relaciones familiares por adopción.
La familia no es un conjunto de personas que ponen en común sus existencias y sus bienes. La familia es una comunidad de personas que solamente puede constituirse sobre la comunión conyugal del hombre y la mujer. La conyugalidad recibe su plenitud con el advenimiento del hijo. Sin embargo, con independencia de la inexistencia involuntaria de los hijos, la comunión de los esposos es ya familiar puesto que “los cónyuges son los primeros parientes”.
Efectivamente hay matrimonios que por razones ajenas a su voluntad no logran tener hijos. Pero es un matrimonio, es una familia. Ya son familia. La familia no se puede reducir al hecho biológico de la procreación. ¿Qué es lo que relamente crea el lazo familiar? ¿Una estructura social, polÃtica o económica? No. Es la exigencia de la solidaridad radical y de la comunidad amorosa, dimanante de la condición y dignidad de las personas humanas, de quienes se vinculan definitivamente entre sÃ, por el “simple y grandioso hecho” de ser aceptados y amados sin más; esto es lo que crea el lazo radical e incondicional de amor y solidaridad debido en justicia entre familiares.
Por esto los cónyuges, antes que padres, se han dado para siempre como esposos en una alianza de amor permanente y abierta a la vida. La relación entre los cónyuges, lejos de ser una relación funcional de “roles” es una relación plenamente familiar porque tiene ese carácter personal y biográfico que los hace llamarse “consortes”, es decir, comparten la misma suerte y escriben juntos sus propias biografÃas.
Desde un punto de vista práctico, tan exigente como ser “esposo” o “esposa” es ser “hijo”, “hija”, “padre”, “madre”, “abuelo”, “abuela”. La familia se encuentra como el primer “nosotros”: cada uno es “yo” y “tú”; cada uno es para el otro marido o mujer, padre o madre, hija o hijo, hermano o hermana, abuelo o nieta, tio o sobrino, prima o primo, cuñado o cuñada, etc. Se reconocen como sujetos en relación. Los familiares no pueden considerarse individuos aislados, sin lazos familiares. ¿Un lazo familiar de sangre puede ser destruido por voluntad humana? Evidentemente no. Nadie puede llamar a su padre o a su madre o a su hijo o a su abuelo o a su hermana o nieto mi “ex” porque aunque hubiera relaciones familiares rotas, no pueden ser desconocidos o destruidos los vÃnculos de sangre. Porque a éstas se les reconoce como relaciones familiares. ¿Y por qué es tan frecuente oir hablar de mi “ex-cónyuge”? Porque a las relaciones conyugales se les reduce simplemente a relaciones funcionales sujetas al sólo acuerdo de voluntades o a unos intereses particulares que, una vez ya no se cumplen, pueden rescindirse.
Pero los esposos que se casan de verdad, en una alianza de amor permanente, no hay que explicarles mucho que ellos son “los primeros parientes”, porque ya lo saben.
Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho
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