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El matrimonio no es un contrato, es mucho más… es una alianza

miércoles, 10 diciembre 2008

El matrimonio es evidentemente una realidad antropológica, puesto que sólo se da entre los seres humanos. De aquí que un desarollo adecuado de la realidad matrimonial y familiar, no pueda partir sino de una antropología adecuada: el hombre (ya sea varón o mujer) es un ser en relación. Si el diseño personal del hombre es esencialmente relacional, la alteridad resulta ser un elemento clave para entender el verdadero concepto de persona, de libertad, de amor, de justicia y, de manera especial, para determinar la verdadera naturaleza jurídica del vínculo matrimonial. La mutua y recíproca donación sincera entre un hombre y una mujer que se da en el matrimonio, se realiza siempre en una relación interpersonal, lo que implica reconocer al otro como un ser personal y ser reconocido por el otro como persona.

Hablar de derecho matrimonial no es simplemente referirse a la unión conyugal como una relación jurídicamente reconocida, sino que es, primordialmente, acceder a la realidad natural de la “una caro”, esto es, a una realidad personal y biográfica. La ciencia jurídica no es sólo ciencia de las normas, sino que es principlamente ciencia del hombre en relación. El matrimonio es el núcleo familiar que crea las más sólidas e íntimas relaciones interpersonales, porque están fundadas en el amor verdaderamente personal que lleva a los cónyuges a darse y entregarse mutuamente en alianza permanente y, por lo tanto, está abierto a la historia de cada uno de sus miembros.

La alteridad que se opera en el matrimonio tiene tal especificidad, que se distingue de otras relaciones interpersonales y es de de ella de donde se deriva su intrínseca juridicidad. La unión conyugal permanentemente fiel y abierta a la fecundidad es, ante todo una realidad natural. Es decir, la esencia y la estructura básica del matrimonio se deriva de la misma naturaleza del hombre. El derecho regula el matrimonio, pero no lo crea.

El matrimonio lo crean los contrayentes porque se produce por su libre consentimiento matrimonial. Este consentimiento matrimonial, es un acto de la voluntad por el cual el varón y la mujer se entregan y se aceptan mutuamente en alianza permanente y fiel.  Es un acuerdo de voluntades, es un pacto conyugal  que no tiene que equipararse necesariamente a un contrato. Es verdad que un contrato es un acuerdo de voluntades que origina unos derechos y unas obligaciones, pero una cosa es que el matrimonio sea un acuerdo de voluntades y otra cosa es que se le califique jurídicamente como un contrato o negocio jurídico.

El libre consentimiento de los cónyuges (o principio consensual) es la causa eficiente del matrimonio y tiene gran relevancia jurídica en el momento constitutivo del matrimonio, pero no se puede concluir que por esto sea el matrimonio un contrato porque se podría desfigurar su realidad natural. Reducir el matrimonio a un contrato sería ilógico, puesto que las personas no pueden ser objeto de contratación ya que son indisponibles y en el matrimonio se entregan y se aceptan dos personas. Son los cónyuges que se casan de verdad en una alianza permanente, fiel y abierta a la vida los que crean el matrimonio con todo su dinamismo natural.  Ni el Estado ni la ley han creado el matrimonio, en todo caso lo que tiene que hacer el Estado y la ley es regular esa realidad natural pre-existente, conforme a sus propiedades esenciales y sin desfigurarlo.

Si fueran el Estado y el derecho positivo los que decidieran qué es el matrimonio, llegaríamos a lo que está sucediendo ahora en España: que lo han ido despojando de su realidad natural para convetirlo en algo irreconocible. Con las reformas del Código Civil español del año 2005, concretamente con la Ley 13/2005, de 1 de julio (en materia de derecho a contraer matrimonio entre parejas del mismo sexo) y la Ley 15/2005, de 8 de julio (en materia del llamado divorcio “express” : un divorcio unilateral, sin alegar causales y a los 3 meses de matrimonio), al matrimonio lo han ido desnaturalizando hasta convertirlo en algo irreconocible y poco serio desde un punto de vista jurídico-positivo. Digo poco serio, porque pareciera que en el sistema jurídico matrimonial vigente en España, fuera más “comprometedor” celebrar contratos de hipoteca o de compra-venta de una casa que casarse.

Todos sabemos que actualmente los españoles que quieren comprar un piso, tienen que asumir hipotecas de hasta 30 años de duración; mientras que para divorciarse por lo civil bastaría que transcurrieran tan sólo 3 meses de matrimonio, sin alegar ninguna causal y por el simple consentimiento de uno de los cónyuges. O sea, mañana y sin saberlo, podríamos estar divorciados, simplemente porque nuestro cónyuge lo ha decidido por su cuenta.

Es verdad que los divorcios han aumentado considerablemente después de la entrada en vigor de esta ley del divorcio rápido, pero también es cierto que en España es un hecho social indiscutible que la gente se sigue casando con el deseo de que su matrimonio sea verdadero, es decir, que sea permanente, fiel y abierto a la procreación. Y la gran mayoría de los españoles lo han conseguido, lo consiguen y lo seguirán consiguiendo. En realidad, el problema no es que existan leyes civiles que desvirtúen el matrimonio (siempre las ha habido). El verdadero problema sería que se llegara a crear una cultura y una ” mentalidad “antimatrimonial y antifamiliar” con  sus graves consecuencias para el entramado social.

Es curioso observar cómo las mismas leyes civiles sobre el matrimonio en España pueden llegar a ser tan contraditorias. Hay muchos ejemplos de esa contradicción en la vigente legislación civil española en materia de matrimonio, de filiación, etc. Pero sólo voy a poner un ejemplo de esta contradicción legal: se trata de los llamados matrimonios de conveniencia o de complacencia, los cuales se consideran nulos e inexistentes en España y, por lo tanto, no se pueden inscribir en el Registro Civil Español y esto se aplica a “rajatabla”.

Veamos esta contradicción legal: mientras en el Código Civil español, en sus recientes reformas del año 2005, se permite contraer un matrimonio y luego divorciarse “porque sí” a los 3 meses de casados, resulta que en la Instrucción de 31 de enero de 2006, de la Dirección General de los Registros y del Notariado, sobre los matrimonios de conveniencia o de complacencia, se dice expresamente que… “para que haya verdadero matrimonio, no se requiere un consentimiento cualquiera, sino un consentimiento matrimonial dirigido a crear una comunidad de vida entre los esposos, con el fin de asumir los fines propios y específicos de la unión en matrimonio, es decir, formar un “consortium omnes vitae” (fundar una familia)”. En esta Instrucción de 31 de enero de 2006, de la Dirección General de los Registros y del Notariado, sobre matrimonios de complacencia o de convenciencia, que es posterior a la reforma de la Ley 15/2005, de 8 de julio, sobre el divorcio “express”, se recuerda que cuando los contrayentes se unen en matrimonio, excluyendo las propiedades esenciales del matrimonio, ese matrimonio es simulado y, por lo tanto, nulo. Continúa diciendo la Instrucción… “El matrimonio es simulado cuando el consentimiento se emite por una o ambas partes en forma legal, pero simulada, esto es, sin una voluntad real y efectiva de contraer matrimonio, excluyendo el matrimonio mismo (simulación total) o un elemento o propiedad esencial del matrimonio (simulación parcial)… Esta simulación genera una nulidad matrimonial que impide que pueda inscribirse ese matrimonio en los Registros Civiles Españoles, porque un matrimonio simulado supone una voluntad matrimonial inexistente. Se trata de una nulidad absoluta, “ipso iure” o automática…”

¿Puede ser que se prohiba legalmente -en la Instrucción de 31 de enero de 2006- un matrimonio que no está llamado a conformar un “consortium omnes vitae”  (una comunidad de vida y amor, es decir, una familia) y al mismo tiempo que se permita legalmente -en la Ley 15/2005, de 8 de julio- un matrimonio que no está llamado a conformar una comunidad de vida y amor, porque los contrayentes pueden divorciarse a los 3 meses de casados? ¿Y puede ser que una misma legislación civil diga que es nulo el matrimonio en el que los contrayentes excluyen sus propiedades esenciales y en otra se permita excluirlas? Porque nadie puede negar que si a los 3 meses de casados se puede uno divorciar, difícilmente se puede conformar una “comunidad de vida y amor” ni una familia.

El matrimonio es una “comunidad de vida y amor” según la legislación vigente en España y en esta definición están todas sus propiedades esenciales.  Y a una comunidad de vida y amor no cabría calificarla jurídicamente como contrato porque no sería lo más adecuado, ni expresaría toda su esencia y su contenido. Cabría más bien llamarla alianza. Los anillos que siempre se han entregado los contrayentes en la ceremonia nupcial, ya sea civil o religiosa, como “símbolo” de su compromiso, se les llama “alianzas matrimoniales” para expresar lo que es el matrimonio. Esas alianzas “significan” lo que es el matrimonio; es decir, la alianza no es el anillo o la argolla, sino el matrimonio que han conformado los cónyuges con su consentimiento matrimonial libre.

Entonces, ¿sustituir “contrato matrimonial” por “alianza matrimonial”, es un simple cambio terminológico o supone mucho más? Realmente la palabra alianza expresa la grandeza del matrimonio, su más íntima naturaleza: la mutua y recíproca entrega de los esposos. Mientras que la palabra contrato es algo frio, un simple negocio jurídico como otro cualquiera: también se llama contrato a una hipoteca, a una compra-venta de un coche, de una casa, a un contrato laboral que, en ningún modo, son lo mismo que el matrimonio.  

En la alianza matrimonial, sucede lo mismo que en el amor: se entregan dos personas; mientras que en los contratos no pueden entregarse dos personas. A lo más, en los contratos se intercambian derechos y obligaciones. Un hombre y una mujer que se aman y se casan por amor, no se intercambian derechos y obligaciones, se entregan ellos mismos como personas y se asumen de manera permanente y fiel.

Los derechos y obligaciones que se originan serían consecuencia de esa “alianza”, pero no objeto de un “contrato matrimonial”. En cambio, el objeto de una “alianza matrimonial” no es un conjunto de derechos y de obligaciones, sino la “búsqueda del bien de los cónyuges, del bien de la familia y del bien de la sociedad” y esto es sólo posible, cuando los cónyuges se “asumen y se comprometen de verdad” y no condicionados al “mientras tanto”.

 “Asumirse” los dos esposos de verdad en una alianza matrimonial, es “asumir” el futuro de ese compromiso, el futuro de los dos con todas sus consecuencias previsibles e imprevisibles. Esto es casarse realmente y por amor. Lo otro, “casarse” para divorciarse a los 3 meses no es casarse de verdad y, mucho menos, es casarse por amor. Esto no sería un matrimonio real, así lo diga muy “legalmente” la Ley 15/2005, de 8 de julio. Tampoco es matrimonio verdadero el matrimonio homosexual, de dos personas del mismo sexo, así lo diga muy “legalmente” la Ley 13/2005, de 1 de julio. Bien sabemos que el derecho está plagado de muchas leyes que no son verdaderas ni justas. Con las leyes podemos crear “ficciones del derecho” contradiciendo e ignorando realidades naturales. 

¿Que se legaliza el “matrimonio” entre personas del mismo sexo? No sucede nada. ¿Que se legaliza el “matrimonio” con divorcio rápido”? Tampoco sucede nada. En todo caso, se les llamaría “contrato matrimonial”, pero no podría llamárseles “alianza matrimonial” porque -al fín y al cabo- con el contrato las partes pueden acordar lo que sea, siempre y cuando no sea algo “ilícito”. En un “contrato matrimonial”, la ley, el Estado y los contrayentes pueden decidir “lo que quieran” y llamarlo matrimonio. Mientras que en la “alianza matrimonial” los esposos despliegan “porque quieren” todo el dinamismo natural y verdadero del matrimonio, con todas sus consecuencias.

El ordenamiento jurídico español (¿o “desordenamiento”?) en torno al matrimonio que hoy tenemos vigente, es un sistema positivo que cree que el matrimonio es creación del derecho y del Estado y por eso éstos deciden lo que el matrimonio debe ser en cada momento, según las conveniencias políticas u otro tipo de intereses cambiantes. De seguir así ¿quién nos asegura que mañana el derecho o el Estado no decidan “legalizar” el matrimonio polígamo o el matrimonio incestuoso? Si lo importante para “legalizar” el matrimonio es el amor, el derecho a la libre orientación sexual y el derecho al libre desarrollo de la personalidad, no podrían los polígamos e incestuosos pedir consecuentemente que se les “legalice” este tipo de “contrato matrimonial”?

En definitiva y desde una óptica estrictamente jurídica, es más apropiado llamar al matrimonio alianza y no contrato. No se trata de un simple juego de palabras, sino de describir lo que es verdaderamente el matrimonio como una relación familiar. Además, el matrimonio entendido como alianza, es más consecuente con el diseño personal de hombre y de la mujer por ser una visión “personalista”; mientras que el matrimonio, entendido como contrato, obedece más a una visión “contractualista” o utilitarista .

En la visión personalista ¿en qué consiste ese diseño personal del hombre y de la mujer? En que ontológicamente son personas y como personas tienen una dignidad intrínseca: sólo pueden ser objetos de amor y de bien, las personas sólo pueden ser amadas y no utilizadas. Es debido en justicia que lo amado conyugalmente en el matrimonio sea la persona del otro (el cónyuge) y que se le ame como persona en tanto distinta sexualmente y, por serlo precisamente, en cuanto complementaria (varón-mujer). El amor conyugal ordenado no puede separar ese doble componente: lo personal y lo sexual. La alianza matrimonial significa la entrega y aceptación sincera de un hombre y de una mujer que se casan para fundar una familia buscando el bien de los cónyuges, el bien de la familia y el bien común de la sociedad. La entrega personal de los esposos exige, por su naturaleza, que sea permanente, duradera.

Esto no sucede en una visión contractualista del matrimonio, la cual no encuadra en la lógica “personalista” del amor conyugal que es el amor y la entrega sincera de dos personas, de un hombre y de una mujer; la visión contractualista del matrimonio encuadra más en una lógica “utilitarista” en la que los esposos lo que se intercambiarían, a lo sumo, es un conjunto de “derechos y obligaciones” hasta que quisieran cumplirlos.

De todas maneras, un verdadero matrimonio -ya sea civil o religioso- es un hecho real y posible, no es algo teórico e idealista, sino algo abrumadoramente palpable y comprobable a lo largo de la historia universal: cuántos hombres y mujeres de todas las razas, lenguas, religiones y naciones se han casado, se casan y se seguirán casando verdadera y “libremente” en una alianza de amor permanente, fiel y abierta a los hijos. Ahí están tantos millones de historias reales, “de carne y hueso” que lo corroboran.     

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

NOTA: Si desea leer otros artículos relacionados con este tema y en este mismo blog, puede hacerlo en “Análisis de la Ley 13/2005 sobre derecho a contraer matrimonio”   también en “¿Una mentalidad optimista del matrimonio frente a una mentalidad pesimista del divorcio?”  y además en “Los cónyuges son los primeros parientes”

El Proceso Civil de Divorcio

miércoles, 1 octubre 2008

Con la entrada en vigor de la Ley del Divorcio 15/2005, de 8 de julio, se establecieron importantes modificaciones en el proceso civil del divorcio en España. Antes del mes de julio de 2005, para divorciarse en España se exigía previamente la separación legal de los esposos y que hubiera pasado al menos un año desde la fecha de celebración del matrimonio; además, debían alegarse causales para divorciarse. A partir de julio de 2005 ya no es necesaria la previa separación de los esposos para solicitar el divorcio, basta con que hayan transcurrido tan sólo tres (3) meses desde la fecha en que se contrajo el matrimonio y ya no hay que alegar causales. Es el llamado divorcio directo o divorcio “express”. Puede solicitarlo uno sólo de los cónyuges o ambos o uno con el consentimiento del otro. Es un divorcio más rápido y con menos costes. Con esta reforma se ha pretendido agilizar el proceso civil de disolución del matrimonio y aliviar la carga de trabajo de los Tribunales. La figura de la separación de cuerpos se mantiene, no ha desaparecido para la pareja que la desee.

Otra novedad de la ley del divorcio de 2005 es la guarda y custodia compartida de los hijos para que puedan vivir alternativamente con el padre y la madre, siempre y cuando los progenitores acuerden compartir la guarda y custodia; el Juez podrá concederla tras recabar, en todo caso, el informe del Fiscal, que no será vinculante. También podrá escuchar la opinión de los hijos si lo considera oportuno o si lo piden el Fiscal, las partes o los hijos. Se prohíbe la custodia compartida si existe violencia familiar.

Un punto de controversia es que el Juez puede conceder la guarda y custodia compartida aunque no la hayan acordado los dos cónyuges; si la solicita sólo uno de ellos, el juez podrá acordarla excepcionalmente, teniendo en cuenta el criterio favorable del Ministerio Fiscal y un previo estudio de un equipo de especialistas psico-sociales.

Actualmente el divorcio puede solicitarse judicialmente de dos maneras: o por mutuo acuerdo o de forma contenciosa (si no hay mutuo acuerdo). Paso a explicar de una manera muy breve y sencilla cómo es el proceso civil de divorcio a aquellas personas que deseen saberlo y puedan entenderlo, sin que tengan que ser abogados o especialistas en el tema.

Es más aconsejable desde todo punto de vista (económico, psicológico, etc.) el divorcio de mutuo acuerdo, tanto para los esposos como para los hijos, puesto que no hay que olvidar que también se han compartido en familia muchos momentos felices.

El procedimiento judicial del divorcio de mutuo acuerdo es rápido y sencillo. Basta con acompañar a la demanda -que puede ser presentada por los dos cónyuges o por uno solo de ellos con el consentimiento del otro- un convenio regulador escrito que deberán ratificar los cónyuges ante el Juez y en el que consignarán los pactos alcanzados respecto a la guardia y custodia de los hijos, al régimen de visitas, a la comunicación de los hijos con sus abuelos, a la pensión compensatoria si procede, a la atribución de uso de la vivienda y ajuar familiar, a la contribución a las cargas del matrimonio y pensión de alimentos, a la liquidación del régimen económico del matrimonio si se solicita simultáneamente, etc. El convenio regulador es un contrato suscrito de mutuo acuerdo por los cónyuges, en el que ambos pactan sus relaciones tanto económicas como respecto a los hijos en los casos de separación, divorcio o nulidad matrimonial.

El divorcio contencioso se solicita por uno de los cónyuges sin el consentimiento del otro, por lo que en este caso no se acompaña ningún convenio regulador; como ya había dicho inicialmente, no es necesario alegar ninguna causa, pero sí que hayan transcurrido al menos tres meses desde la celebración del matrimonio. No será necesario que haya transcurrido este plazo cuando se acredite que existe un riesgo para la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge que solicita el divorcio, de los hijos de ambos o de cualquiera de los miembros del matrimonio.

El procedimiento de divorcio contencioso es largo, complejo y con un importante coste no sólo económico sino también personal para ambas partes. Dependiendo de las circunstancias del caso, es posible tramitar con carácter previo o simultáneo al procedimiento de divorcio las llamadas medidas provisionales, destinadas a regular la situación patrimonial entre los cónyuges (cargas del matrimonio) y fundamentalmente respecto a los hijos (atribución de la patria potestad, de la guardia y custodia, régimen de visitas y comunicaciones, pensión de alimentos, uso de la vivienda y ajuar familiar, etc.), mientras se desarrolla el procedimiento de divorcio y hasta su Sentencia definitiva.

Los efectos del divorcio son varios: 1. El divorcio disuelve el vínculo matrimonial por lo que se modifica el estado civil de los que hasta ese momento eran cónyuges, a quienes se les permite contraer un nuevo matrimonio. 2. Conlleva la pérdida de los derechos sucesorios entre los cónyuges, la pérdida de la pensión de viudedad, así como de las obligaciones derivadas directamente del matrimonio: los deberes de ayuda y fidelidad, la obligación de prestar alimentos al otro, etc.

El divorcio no exime de las obligaciones de los padres divorciados para con sus hijos puesto que las mismas surgen de la relación paterno-filial de parentesco y no de la existencia de la unión matrimonial.

La cuantía de la reclamación de la llamada pensión compensatoria para uno de los esposos será proporcional al patrimonio, al nivel de vida que se haya venido manteniendo, a las necesidades del beneficiario, situación social o profesional, etc.

La liquidación del régimen económico matrimonial en el divorcio contencioso no podrá  hacerse sino hasta que el Juez dicte Sentencia de divorcio. Sin embargo, el Juez puede establecer las medidas que considere oportunas para proteger el patrimonio ganancial, mientras dura la tramitación del divorcio.

A veces sucede que un divorcio que comenzó de mutuo acuerdo termine después siendo contencioso, si las partes no ratifican ante el Juez el convenio regulador. O, que habiéndose iniciado de manera contenciosa, termine siendo de mutuo acuerdo porque en el transcurso del proceso se ponen de acuerdo ambas partes.

En ambos casos, tanto si se tramitan de forma contenciosa como de mutuo acuerdo, es obligatoria la intervención de Abogado y Procurador. La Sentencia de divorcio podrá ser apelada.

Una vez se decrete por Sentencia el divorcio de los cónyuges y estando ya en firme esta Sentencia, el Juez mandará que se inscriba la misma en el Registro Civil.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

NOTA: Si deseáis leer otros artículos relacionados con este tema, podéis hacerlo en este mismo blog en ¿Una mentalidad optimista del matrimonio frente a una mentalidad pesimista del divorcio? y también en la “Solución a los conflictos familiares ¿por vía judicial o por mediación familiar?”

Encontraréis también un reportaje sobre el “Divorcio y la actual crisis económica”.

Patricia Alzate Monroy interviene en Aragón Radio para hablar del divorcio y la crisis económica

sábado, 27 septiembre 2008

logo aragon radio - Patricia Alzate Monroy interviene en Aragón Radio para hablar del divorcio y la crisis económicaEl pasado viernes 26 de Septiembre de 2008 Aragón Radio, la Radio Autonómica de Aragón, estrenó su nueva temporada e incluyó en el magazine matinal un interesante reportaje sobre divorcio y crisis económica en el que intervino Patricia Alzate Monroy como Abogada experta en Derecho de Familia.

Puede escuchar la entrevista.

El insólito divorcio de “vivir bajo el mismo techo, pero en diferente lecho”

viernes, 12 septiembre 2008

20minutos p - El insólito divorcio de "vivir bajo el mismo techo, pero en diferente lecho"La crisis económica que en este momento atraviesa España está afectando especialmente a las familias españolas y al sector inmobiliario, llevando a algunas parejas a una insólita situación que pareciera sacada de una “tragicomedia” y que no deja de sorprendernos a los abogados de familia. En este año, muchas parejas que desean divorciarse  acuden a nuestros Despachos planteándonos la posibilidad legal de conseguir su divorcio de mutuo acuerdo, con la firma del previo convenio regulador, en el que se comprometen a vivir en la misma casa, pero “eso sí divorciados”.

Al escucharlos, creo no haber entendido bien y les pido que me repitan su propuesta: no salgo de mi asombro al entender que sí escuché bien.

Pareciera que esta propuesta es absurda e ilógica porque todos sabemos que precisamente una pareja que se separa o se divorcia lo que menos desea es vivir juntos, sino separados. Para eso se separan o se divorcian, para no tener que convivir ni compartir el mismo espacio. Digo que es como una “tragicomedia”, porque aunque sonara a anécdota humorística, es realmente una situación “grave y angustiosa”. La mayoría de los jóvenes en España son “mileuristas”, es decir que sus sueldos son muy bajos (si es que tienen la fortuna de tener un trabajo) y para emanciparse y conseguir su propia vivienda, deben hipotecarse de “por vida” (hay hipotecas que se suscriben por ¡50 años!).

La mayoría de los matrimonios jóvenes españoles tienen “hipotecada” su vivienda. Las hipotecas les consumen el 65% de sus salarios y por eso se ven obligados a trabajar los dos miembros de la pareja para poder pagar la hipoteca y sus gastos estrictamente necesarios. Antes de casarse asumen en pareja el pago de la hipoteca de su futura vivienda conyugal porque si no sería imposible pagarla cada uno por su cuenta. Resulta curioso que asuman en pareja una pesada carga hipotecaria de 50 años y, tal vez, su compromiso matrimonial no lo asumen con tanta seguridad y por tan largo tiempo.

Y en el momento en que deciden divorciarse tienen que enfrentarse a este nuevo dilema que les plantea la actual crisis económica: no pueden vender el piso en común ni liberarse de la hipoteca ni mucho menos permitirse comprar otra vivienda de forma individual para empezar una nueva vida. Antes los pisos se vendían enseguida y la pareja llegaba a un acuerdo para que se lo quedara una de las partes. Ahora la venta de los pisos se puede demorar muchísimo tiempo.

El sector inmobiliario está pasando por una de sus peores crisis económicas, muchas sucursales se están cerrando porque ya no se venden ni alquilan pisos debido a las altas hipotecas y al altísimo índice de desempleo que en este momento registra España. Esto se veía venir.  Los pisos estaban sobrevalorados y ante esta situación, en un 3% de las rupturas matrimoniales, las parejas optan por seguir viviendo en el hogar conyugal hasta que “aparezca” un comprador. Desde luego, no es una situación normal que dos personas que se divorcian sigan viviendo juntas, pero una mínima parte de nuestros clientes manifiestan su voluntad de hacerlo así cuando acuden a nuestro Despacho. Es ésta una situación excepcional que, obviamente, no es aconsejable que se  prolongue varios meses.

Como se trata de una situación nueva en España por esta crisis económica, no sabemos qué va a pasar en el futuro. Seguramente las parejas se replantearán el divorcio o lo buscarán como una última alternativa, ya que las dificultades para pagar la hipoteca las obligará a permanecer unidas por más tiempo viviendo “bajo el mismo techo, pero no en el mismo lecho”. Concretamente, algunas estadísticas muestran que en el año 2008 han bajado los divorcios en España en un 30%.

Varios medios de comunicación han llamado al Despacho Alzate Monroy & Asociados para pedir una valoración sobre esta situación y solicitar información al respecto, como por ejemplo periodistas de la Revista Bloomberg, del Diario 20 Minutos , de El Mundo.es, etc.

También puedes escuchar un reportaje en la radio “Patricia Alzate Monroy interviene en Aragón Radio para hablar del Divorcio y la actual crisis económica”.

 

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