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La empresa debe adaptar el horario laboral de la madre para cuidar a sus hijos

domingo, 5 octubre 2008

Un Juez de lo Social de Barcelona acaba de dictar una novedosa Sentencia en la que se antepone al interés empresarial el interés de una madre trabajadora, estableciendo que el horario laboral de la madre para cuidar a su hijo prima sobre el horario de la empresa, aunque sean diferentes.

La mujer trabajaba de lunes a viernes de 12:00 a 16:00 horas y los sábados de 12:30 a 16:30 horas, después de acogerse a la reducción de la jornada a la que tenía derecho por maternidad. Hace seís meses reclamó a la empresa que, con el inicio del curso escolar, se le permitiera trabajar sólo de lunes a viernes porque se trata de una familia monoparental y nadie podía hacerse cargo de su hijo los fines de semana. La empresa le denegó la petición, sin que se argumentaran los motivos de esa imposibilidad.

La Sentencia -que no puede ser recurrida- expone que lo que debe analizarse en este caso concreto no es una mera cuestión de legalidad ordinaria, sino que afecta a un derecho fundamental como es la no discriminación por razón de sexo. El juez considera que si la Sentencia fuese contraria a la petición de la mujer y madre trabajadora, se estaría  afectando “el derecho efectivo a las mismas oportunidades de promoción profesional, a la protección de la infancia y a la conciliación de la vida familiar y laboral”. Por esto mismo, la Sentencia dice que no se puede realizar una interpretación restrictiva de la reducción horaria, como imponer un régimen de turnos que comporta “una disponibilidad que dificulta extraordinariamente la organización de la vida personal y familiar”.

En otra reciente Sentencia, una Juez de lo Social de Madrid, concede un turno fijo a una madre trabajadora para que cuide a su hija, haciendo compatible su horario de madre y de trabajadora. La empleada trabajaba por turnos  y tenía hasta diez horarios distintos de mañana y tarde, incluidos los domingos y festivos. La Juez en la Sentencia -que no admite recurso- le ha reconocido el derecho a la trabajadora, que trabaja con jornada reducida desde que dió a luz, a fijar el horario laboral para poder atender a su hija, porque “la atención a un niño prima sobre la organización empresarial”.

“Adiós a los turnos rotatorios repartidos por los siete días de la semana. Por fin puedo disfrutar de mi hija y ejercer de madre; ahora sí puedo conciliar el trabajo y la familia”, exclamaba emocionada la madre trabajadora al conocer la Sentencia.

En 2006, la cajera solicitó trabajar de lunes a viernes de 09:30 a 13:30 horas. La empresa se lo denegó. “Como los horarios eran tan cambiantes, llegó un punto en el que tenía dos opciones: o dejaba de trabajar o atendía a mi niña”, dice. Pero decidió llevar a los Tribunales a la empresa en la que lleva 17 años trabajando.

La Juez señala que en los casos de jornada reducida por el cuidado de menores de ocho años, la elección del horario debe corresponder al trabajador.  La Sentencia deja claro que, al tratarse de una petición basada en la necesidad de atender a un niño, ésta “debe prevalecer sobre el mero poder de organización de la actividad empresarial”.

Se podría decir que son éstas Sentencias “pioneras” porque declaran que el interés de la madre trabajadora para cuidar a sus hijos, está por encima de las necesidades organizativas de la empresa en la que se trabaja. De esta manera también se protege efectivamente la conciliación de la vida familiar y laboral.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

El Proceso Civil de Divorcio

miércoles, 1 octubre 2008

Con la entrada en vigor de la Ley del Divorcio 15/2005, de 8 de julio, se establecieron importantes modificaciones en el proceso civil del divorcio en España. Antes del mes de julio de 2005, para divorciarse en España se exigía previamente la separación legal de los esposos y que hubiera pasado al menos un año desde la fecha de celebración del matrimonio; además, debían alegarse causales para divorciarse. A partir de julio de 2005 ya no es necesaria la previa separación de los esposos para solicitar el divorcio, basta con que hayan transcurrido tan sólo tres (3) meses desde la fecha en que se contrajo el matrimonio y ya no hay que alegar causales. Es el llamado divorcio directo o divorcio “express”. Puede solicitarlo uno sólo de los cónyuges o ambos o uno con el consentimiento del otro. Es un divorcio más rápido y con menos costes. Con esta reforma se ha pretendido agilizar el proceso civil de disolución del matrimonio y aliviar la carga de trabajo de los Tribunales. La figura de la separación de cuerpos se mantiene, no ha desaparecido para la pareja que la desee.

Otra novedad de la ley del divorcio de 2005 es la guarda y custodia compartida de los hijos para que puedan vivir alternativamente con el padre y la madre, siempre y cuando los progenitores acuerden compartir la guarda y custodia; el Juez podrá concederla tras recabar, en todo caso, el informe del Fiscal, que no será vinculante. También podrá escuchar la opinión de los hijos si lo considera oportuno o si lo piden el Fiscal, las partes o los hijos. Se prohíbe la custodia compartida si existe violencia familiar.

Un punto de controversia es que el Juez puede conceder la guarda y custodia compartida aunque no la hayan acordado los dos cónyuges; si la solicita sólo uno de ellos, el juez podrá acordarla excepcionalmente, teniendo en cuenta el criterio favorable del Ministerio Fiscal y un previo estudio de un equipo de especialistas psico-sociales.

Actualmente el divorcio puede solicitarse judicialmente de dos maneras: o por mutuo acuerdo o de forma contenciosa (si no hay mutuo acuerdo). Paso a explicar de una manera muy breve y sencilla cómo es el proceso civil de divorcio a aquellas personas que deseen saberlo y puedan entenderlo, sin que tengan que ser abogados o especialistas en el tema.

Es más aconsejable desde todo punto de vista (económico, psicológico, etc.) el divorcio de mutuo acuerdo, tanto para los esposos como para los hijos, puesto que no hay que olvidar que también se han compartido en familia muchos momentos felices.

El procedimiento judicial del divorcio de mutuo acuerdo es rápido y sencillo. Basta con acompañar a la demanda -que puede ser presentada por los dos cónyuges o por uno solo de ellos con el consentimiento del otro- un convenio regulador escrito que deberán ratificar los cónyuges ante el Juez y en el que consignarán los pactos alcanzados respecto a la guardia y custodia de los hijos, al régimen de visitas, a la comunicación de los hijos con sus abuelos, a la pensión compensatoria si procede, a la atribución de uso de la vivienda y ajuar familiar, a la contribución a las cargas del matrimonio y pensión de alimentos, a la liquidación del régimen económico del matrimonio si se solicita simultáneamente, etc. El convenio regulador es un contrato suscrito de mutuo acuerdo por los cónyuges, en el que ambos pactan sus relaciones tanto económicas como respecto a los hijos en los casos de separación, divorcio o nulidad matrimonial.

El divorcio contencioso se solicita por uno de los cónyuges sin el consentimiento del otro, por lo que en este caso no se acompaña ningún convenio regulador; como ya había dicho inicialmente, no es necesario alegar ninguna causa, pero sí que hayan transcurrido al menos tres meses desde la celebración del matrimonio. No será necesario que haya transcurrido este plazo cuando se acredite que existe un riesgo para la vida, la integridad física, la libertad, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge que solicita el divorcio, de los hijos de ambos o de cualquiera de los miembros del matrimonio.

El procedimiento de divorcio contencioso es largo, complejo y con un importante coste no sólo económico sino también personal para ambas partes. Dependiendo de las circunstancias del caso, es posible tramitar con carácter previo o simultáneo al procedimiento de divorcio las llamadas medidas provisionales, destinadas a regular la situación patrimonial entre los cónyuges (cargas del matrimonio) y fundamentalmente respecto a los hijos (atribución de la patria potestad, de la guardia y custodia, régimen de visitas y comunicaciones, pensión de alimentos, uso de la vivienda y ajuar familiar, etc.), mientras se desarrolla el procedimiento de divorcio y hasta su Sentencia definitiva.

Los efectos del divorcio son varios: 1. El divorcio disuelve el vínculo matrimonial por lo que se modifica el estado civil de los que hasta ese momento eran cónyuges, a quienes se les permite contraer un nuevo matrimonio. 2. Conlleva la pérdida de los derechos sucesorios entre los cónyuges, la pérdida de la pensión de viudedad, así como de las obligaciones derivadas directamente del matrimonio: los deberes de ayuda y fidelidad, la obligación de prestar alimentos al otro, etc.

El divorcio no exime de las obligaciones de los padres divorciados para con sus hijos puesto que las mismas surgen de la relación paterno-filial de parentesco y no de la existencia de la unión matrimonial.

La cuantía de la reclamación de la llamada pensión compensatoria para uno de los esposos será proporcional al patrimonio, al nivel de vida que se haya venido manteniendo, a las necesidades del beneficiario, situación social o profesional, etc.

La liquidación del régimen económico matrimonial en el divorcio contencioso no podrá  hacerse sino hasta que el Juez dicte Sentencia de divorcio. Sin embargo, el Juez puede establecer las medidas que considere oportunas para proteger el patrimonio ganancial, mientras dura la tramitación del divorcio.

A veces sucede que un divorcio que comenzó de mutuo acuerdo termine después siendo contencioso, si las partes no ratifican ante el Juez el convenio regulador. O, que habiéndose iniciado de manera contenciosa, termine siendo de mutuo acuerdo porque en el transcurso del proceso se ponen de acuerdo ambas partes.

En ambos casos, tanto si se tramitan de forma contenciosa como de mutuo acuerdo, es obligatoria la intervención de Abogado y Procurador. La Sentencia de divorcio podrá ser apelada.

Una vez se decrete por Sentencia el divorcio de los cónyuges y estando ya en firme esta Sentencia, el Juez mandará que se inscriba la misma en el Registro Civil.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

NOTA: Si deseáis leer otros artículos relacionados con este tema, podéis hacerlo en este mismo blog en ¿Una mentalidad optimista del matrimonio frente a una mentalidad pesimista del divorcio? y también en la “Solución a los conflictos familiares ¿por vía judicial o por mediación familiar?”

Encontraréis también un reportaje sobre el “Divorcio y la actual crisis económica”.

El proceso de nulidad del matrimonio católico

domingo, 21 septiembre 2008

Podría escribir muchísimas páginas sobre este tema, pero no lo haré porque mi objetivo es intentar explicar breve y sencillamente cómo es el proceso de nulidad del matrimonio católico a todas aquellas personas que pudieran estar interesadas en saberlo y no son doctas en la materia. Ciertamente, hay una amplísima gama de publicaciones científicas recogida en libros y revistas especializadas que tratan sobre muchos aspectos de este proceso de nulidad matrimonial con un estricto enfoque jurídico-canónico, que los expertos en la materia podemos entender muy bien, pero “el común de la gente”  no. Se podría decir, sin lugar a dudas, que el derecho matrimonial canónico es de interés universal, puesto que en los cinco continentes de este planeta hay personas casadas por la ceremonia religiosa de la Iglesia Católica. En muchos países, la gran mayoría de las personas se casan por lo católico (casi el 90% de los contrayentes, especialmente en Iberoamérica).

Sabiendo esto, y por mi experiencia como abogada canonista, cuando tengo que explicar a mis clientes interesados en obtener una nulidad matrimonial cómo es el proceso, algo que parece a primera vista muy complicado, en el fondo no lo es tanto. Las personas suelen venir con muchos prejuicios equivocados, especialmente en lo que respecta al precio, a la dificultad, al extenso tiempo que abarca, a que es para “cierta élite de personas”, etc.

Lo primero que debo decir es que no todos los Abogados pueden llevar las causas de nulidad de matrimonio católico. Quien solicita una nulidad matrimonial debe estar bien asesorado por un Abogado canonista con muchos años de experiencia y con una formación jurídica sólida, se exige que sea Doctor en Derecho Canónico y ha de contar con una autorización (en nombre del Obispo) para llevar la causa ante los Tribunales Eclesiásticos del lugar. El Abogado Canonista debe estar en continua formación.

Otro asunto que hay que aclarar es que a partir del 8 de diciembre de 2015, entrará en vigor el nuevo proceso canónico de nulidad matrimonial, establecido por el Papa Francisco, mediante el Motu Proprio: Mitis Iudex Dominus Iesus.

Sin embargo, he decidido mantener este artículo en el que se describe cómo era el proceso de nulidad del matrimonio canónico antes de la entrada en vigor  del Motu Proprio: Mitis Iudex Dominus Iesus (El Señor Jesús, un Juez Manso), que estableció la reforma del proceso de nulidad matrimonial en el Código de Derecho Canónico del Rito Latino de 1983.

Un proceso de nulidad de matrimonio canónico  es totalmente diferente a un proceso de divorcio. El divorcio se interpone ante los Juzgados Civiles y la nulidad del matrimonio canónico ante los Tribunales Eclesiásticos, los cuales son Colegiados (lo componen tres Jueces, un Defensor del Vínculo y un Notario). Para solicitar el divorcio no hace falta alegar causales, basta el mutuo acuerdo o la voluntad de uno de los cónyuges. Para solicitar la nulidad del matrimonio católico sí hay que alegar causales.

Un matrimonio celebrado por la Iglesia se presume que es válido, es decir, que los contrayentes quedaron verdaderamente casados y unidos de por vida por el vínculo matrimonial. Pero algunas veces sucede que matrimonios celebrados por la Iglesia son nulos y por esto mismo los contrayentes no han quedado casados ni unidos por el vínculo matrimonial. Esto hay que demostrarlo, pues en la Iglesia todo matrimonio se presume válido mientras no se demuestre lo contrario.

La nulidad de un matrimonio canónico es declarada por un Tribunal Eclesiástico de Primera Instancia y, además, debe ser confirmada por Decreto o por Sentencia por el Tribunal Eclesiástico de Segunda Instancia (que también está compuesto por tres Jueces, un Defensor del Vínculo y un Notario). Es decir, se requieren dos decisiones conformes para que se declare la nulidad del matrimonio y los cónyuges queden libres del vínculo matrimonial. Desde este momento pueden volver a casarse por la Iglesia si lo desean. Puede verse, entonces, que en un proceso de nulidad del matrimonio canónico intervienen mínimo seis Jueces, dos Defensores del Vínculo, dos Notarios y, por supuesto, los Abogados de la causa.

Cuando la Iglesia declara la nulidad de un matrimonio católico, a través de sus Tribunales Eclesiásticos, quiere decir que la convivencia conyugal durante el matrimonio declarado nulo fue moral y lícita, que los hijos que se tuvieron son legítimos para la Iglesia, que permanece la obligación de los padres de alimentar y educar a sus hijos y que se originan todas las obligaciones civiles derivadas del matrimonio como son la sociedad conyugal, su régimen económico matrimonial, el sistema de gananciales, separación de bienes, etc.

Las causales para declarar la nulidad de un matrimonio canónico son muy diversas. Las más comunes suelen ser: 1. Si uno de los cónyuges se ha casado por la Iglesia teniendo todavía otro vínculo matrimonial vigente; 2. Si se da impotencia para el acto conyugal tanto por parte del hombre como de la mujer; 3. Si alguno de los contrayentes carecía de suficiente uso de razón; 4. Si teniendo suficiente uso de razón, carecía de la necesaria discreción de juicio; 5. Si teniendo suficiente discreción de juicio para entender las obligaciones esenciales del matrimonio y aún queriéndolas cumplir, es incapaz de cumplirlas por una causa de naturaleza psíquica (por ejemplo, es incapaz de guardar la fidelidad, de vivir unido de por vida, de llevar una vida sexual normal, de educar y alimentar a sus hijos, etc.) 6. Por simular casarse y en realidad no hacerlo porque excluyó voluntariamente quedar verdaderamente casado, o excluyó conciente y voluntariamente algún elemento o propiedad esencial del matrimonio como la fidelidad o la procreación o la indisolubilidad del matrimonio; 7. Si uno de los cónyuges se casó engañado por el otro por una cualidad que no tiene y que perturba gravemente el matrimonio; 8. Si alguien se casó por miedo, coacción o sin libertad suficiente. (Puede leer en este mismo blog un artículo sobre las causales de nulidad del matrimonio católico).

No es necesario que los dos esposos estén de acuerdo en pedir la nulidad; basta con que uno de ellos quiera pedirla para que el procedimiento pueda seguir adelante. Es conveniente y recomendable que ambas partes actúen dentro del proceso de manera activa, pero no es obligatorio, ya que puede concederse la nulidad a pesar de que el demandado esté en contra o nunca llegue a prestar declaración ni comparecer, a pesar de haber sido citado legalmente. Si el Tribunal Eclesiástico considera que con las pruebas documentales, testimoniales y periciales presentadas por el demandante ha quedado suficientemente probada la causa de nulidad invocada, puede dictar Sentencia porque ha llegado a la certeza moral para hacerlo.

Todo el proceso se lleva con un absoluto y exquisito sigilo y confidencialidad. Sólo los miembros del Tribunal, los Abogados, Procuradores, Peritos y las partes conocen la causa. Los testigos sólo responden a las preguntas que se formulen a cada uno y no conocen las preguntas y respuestas realizadas a los demás testigos o a las partes. No hay audiencia pública. En un proceso de nulidad de matrimonio católico no suelen realizarse actos simultáneos entre los esposos, de manera que lo más frecuente es que el proceso termine sin que las partes hayan llegado a cruzarse ni a verse.

El proceso suele demorarse normalmente dos años (un año y medio en la primera instancia y seis meses en la segunda instancia). Este tiempo puede ser más breve o más largo, dependiendo del número de causas que lleve cada Tribunal Eclesiástico y del impulso que le den las partes. El Tribunal declara la nulidad del matrimonio sólo si se prueba con claridad que hay causales para concederla, después de un serio y muy estudiado proceso de nulidad. En algunos casos suele demorarse más tiempo, cuando hay que ir a una tercera y última instancia para conseguir las dos sentencias conformes a las que me he referido (la cual se interpone ante la Sagrada Rota Romana de la Santa Sede, excepto en España que puede interponerse ante la Rota Española con Sede en Madrid).

El Abogado canonista debe aconsejar a sus clientes presentar la demanda de nulidad matrimonial sólo cuando haya indicios claros y evidentes de que puede haber nulidad. Si el Abogado canonista no viera motivos o causales de nulidad ni pruebas suficientes para demostrarla, debe recomendar al cliente que no inicie un procedimiento para evitarle falsas expectativas y gastos innecesarios. Es por esto que es muy importante comenzar con una entrevista personal al cliente, en un clima de confianza y de sinceridad con un tiempo suficiente de mínimo una hora de duración, para conocer el caso con profundidad e indagar si pueden haber causales de nulidad matrimonial.

Paso a exponer, en términos muy generales, cómo se desarrolla un proceso de nulidad del matrimonio católico:

La demanda de nulidad matrimonial sólo puede ser presentada por cualquiera de los dos esposos. Una vez se presente la demanda de nulidad del matrimonio católico ante el Tribunal Eclesiástico competente de Primera Instancia, ésta se admite si está ajustada a derecho en el fondo y en la forma. Se da traslado de la demanda a la parte demandada, quien puede contestarla aceptándola u oponiéndose (si se opone debe asistirse de un Abogado canonista) o puede asumir una actitud pasiva dejando de contestar y de comparecer en el proceso. Una vez contestada la demanda, se da traslado de esta contestación al demandante y transcurridos los términos se hace la fijación del Dubio (es decir, se precisa y se fija  la causal de nulidad invocada y en cuál de las partes recae la misma). Luego se abre el periodo de pruebas donde las partes pueden solicitar la práctica de todas las pruebas testimoniales, documentales y periciales que estimen pertinentes. Una vez recibidas por separado y en diferente día la declaración del demandante y del demandado y ya habiéndose practicado las pruebas, se cierra el periodo de pruebas y se decreta que las partes pueden revisar los autos; examinados los autos, las partes pueden presentar alegaciones y replicar. Luego se presenta un escrito de defensa y de conclusiones por las partes y un escrito de observaciones del Defensor del Vínculo, de todo lo cual se hace traslado a las partes. Finalmente, de todo el conjunto de lo actuado se hace traslado a cada uno de los tres Jueces, quienes examinan y estudian todo el proceso y hace cada uno su propia conclusión sobre la causa de nulidad; se fija fecha para que se reúna el Tribunal de Primera Instancia (los tres Jueces) para analizar y decidir si existe nulidad o no y dictar Sentencia en Primera Instancia, bien sea por unanimidad o por mayoría de votos.

De esta Sentencia se puede presentar recurso de apelación o no. Haya o no apelación, la Sentencia de Primera Instancia se remite al Tribunal Superior de Segunda Instancia para que confirme por Decreto o Sentencia la de Primera Instancia. Por lo tanto, si en la Primera Instancia se sentenció que el matrimonio es nulo y se confirma o ratifica en Segunda Instancia que es nulo, se declara de manera definitiva la nulidad del matrimonio. Si en Primera Instancia se dijo que no es nulo y en Segunda Instancia se ratifica que no es nulo, se declara definitivamente que el matrimonio no es nulo, sino válido. Entonces, tenemos las dos decisiones conformes a las que ya me referí inicialmente.   Pero si en Primera Instancia se declara que sí es nulo y en Segunda Instancia se dice que no lo es -o viceversa- no tenemos las dos decisiones conformes y entonces hay que ir a la Tercera y última Instancia (ante la Sagrada Rota Romana de la Santa Sede, o en España ante el Tribunal de la Rota Española), para que se decida definitivamente en uno u otro sentido y así conseguir las dos decisiones conformes acerca de si es nulo o no es nulo ese matrimonio.

Es absolutamente falso que las demandas de nulidad sólo se las conceden a personas ricas y famosas. Es verdad que una nulidad matrimonial concedida a una persona rica y famosa tiene gran repercusión en los medios de comunicación, pero también es verdad que en los mismos medios de comunicación no se publican muchas nulidades matrimoniales concedidas a personas anónimas y que no son ricas. Lo cierto es que hay muchas personas adineradas y famosas a las que no se les concede la nulidad matrimonial católica y que hay muchas personas anónimas y sin dinero a las que tampoco se les concede la nulidad porque no hay causales ni pruebas suficientes para concederla. Lo importante es dilucidar si existió o no un verdadero matrimonio.

El éxito y la celeridad del proceso de nulidad del matrimonio católico depende también, y en mucho, del interés que pongan las partes para impulsarlo y cumplir los términos fijados. Pero especialmente depende de esclarecer la verdad sobre la validez o la nulidad del matrimonio en cuestión. Es decir, los que primero deben tener certeza moral sobre la nulidad del matrimonio son el propio interesado y su Abogado, puesto que en ningún proceso se puede mentir y menos en éste ya que -en definitiva- lo que se defiende es la verdad del matrimonio que consiste en que “lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Por último, los Jueces Eclesiásticos deciden no sólo en Derecho, sino también en conciencia para alcanzar la certeza moral sobre la nulidad del matrimonio; igualmente actúan en conciencia y en derecho todos los que intervienen profesionalmente dentro del proceso, ya sean como Abogados, Notarios, Defensor del Vínculo, Peritos, etc.

Otros artículos relacionados con este tema puede verlos en este mismo blog en   “Grave defecto de discreción de juicio del contrayente en derecho matrimonial canónico” y en  “La Simulación del consentimiento matrimonial en derecho canónico” . También hay otros interesantes temas de derecho canónico, que puede leer si quiere conocer más.

NOTA ACTUALIZADA A 8 DE SEPTIEMPRE DE 2015:

El Papa Francisco reforma el proceso canónico de nulidad matrimonial, con mayor participación de los Obispos, más rapidez para la resolución de los casos y la declaración de la gratuidad de los mismos, reafirmando la enseñanza católica de la indisolubilidad del matrimonio. Los cambios han sido publicados en dos documentos llamados Motu Proprio: Mitis Iudex Dominus Iesus (El Señor Jesús, un juez manso), que establece la reforma en el Código de Derecho Canónico del Rito Latino; y Mitis et Misericors Iesus (Jesús, manso y misericordioso), que establece los cambios para las 23 Iglesias Orientales católicas que están en comunión con Roma.

Los cambios más destacados del proceso de nulidad han sido retirar la apelación automática que se generaba luego de que se tomaba la decisión de nulidad; y darles a los Obispos la potestad de decidir directamente cuando los casos de nulidad son particularmente evidentes.

Hasta ahora, una vez que el Tribunal Eclesiástico de Primera Instancia decidía la nulidad de un caso, éste debía pasar a un segundo Tribunal Superior Eclesiástico, porque se necesitaban dos sentencias, una práctica que muchos consideraban como una innecesaria postergación del proceso, particularmente cuando nadie contestaba esa decisión. Y si esas dos sentencias no eran iguales, había que acudir al Tribunal de la Rota Romana, lo que alargaba y encarecía aún más el proceso.

Con esta reforma del Papa Francisco solo se necesitará una sentencia, a menos que se haga una apelación. Si hay apelación, se podrá hacer en la Arquidiócesis más cercana, conocida como la “sede metropolitana”, y ya no habrá necesidad de dirigirse a Roma o, en España, al Tribunal de la Rota de Madrid.

El Papa también ha establecido que cada Diócesis en el mundo nombre a un Juez o a un Tribunal de la Iglesia para procesar los casos. Cada Obispo local puede ser el único juez o puede establecer un Tribunal de tres miembros. De ser así, al menos uno de ellos debe ser clérigo y los otros dos pueden ser laicos.

El Papa también ha declarado que el proceso de nulidad será gratuito; una práctica que ya se realizaba en muchas Diócesis. La reforma hace que la gratuidad sea ahora universal.

Esta reforma ha sido establecida por el Papa el pasado 15 de agosto, en la fiesta de la Asunción de la Virgen María, y entrará en vigor el 8 de diciembre de 2015, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, coincidiendo con el inicio del Año Santo de la Misericordia y con el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

El insólito divorcio de “vivir bajo el mismo techo, pero en diferente lecho”

viernes, 12 septiembre 2008

20minutos p - El insólito divorcio de "vivir bajo el mismo techo, pero en diferente lecho"La crisis económica que en este momento atraviesa España está afectando especialmente a las familias españolas y al sector inmobiliario, llevando a algunas parejas a una insólita situación que pareciera sacada de una “tragicomedia” y que no deja de sorprendernos a los abogados de familia. En este año, muchas parejas que desean divorciarse  acuden a nuestros Despachos planteándonos la posibilidad legal de conseguir su divorcio de mutuo acuerdo, con la firma del previo convenio regulador, en el que se comprometen a vivir en la misma casa, pero “eso sí divorciados”.

Al escucharlos, creo no haber entendido bien y les pido que me repitan su propuesta: no salgo de mi asombro al entender que sí escuché bien.

Pareciera que esta propuesta es absurda e ilógica porque todos sabemos que precisamente una pareja que se separa o se divorcia lo que menos desea es vivir juntos, sino separados. Para eso se separan o se divorcian, para no tener que convivir ni compartir el mismo espacio. Digo que es como una “tragicomedia”, porque aunque sonara a anécdota humorística, es realmente una situación “grave y angustiosa”. La mayoría de los jóvenes en España son “mileuristas”, es decir que sus sueldos son muy bajos (si es que tienen la fortuna de tener un trabajo) y para emanciparse y conseguir su propia vivienda, deben hipotecarse de “por vida” (hay hipotecas que se suscriben por ¡50 años!).

La mayoría de los matrimonios jóvenes españoles tienen “hipotecada” su vivienda. Las hipotecas les consumen el 65% de sus salarios y por eso se ven obligados a trabajar los dos miembros de la pareja para poder pagar la hipoteca y sus gastos estrictamente necesarios. Antes de casarse asumen en pareja el pago de la hipoteca de su futura vivienda conyugal porque si no sería imposible pagarla cada uno por su cuenta. Resulta curioso que asuman en pareja una pesada carga hipotecaria de 50 años y, tal vez, su compromiso matrimonial no lo asumen con tanta seguridad y por tan largo tiempo.

Y en el momento en que deciden divorciarse tienen que enfrentarse a este nuevo dilema que les plantea la actual crisis económica: no pueden vender el piso en común ni liberarse de la hipoteca ni mucho menos permitirse comprar otra vivienda de forma individual para empezar una nueva vida. Antes los pisos se vendían enseguida y la pareja llegaba a un acuerdo para que se lo quedara una de las partes. Ahora la venta de los pisos se puede demorar muchísimo tiempo.

El sector inmobiliario está pasando por una de sus peores crisis económicas, muchas sucursales se están cerrando porque ya no se venden ni alquilan pisos debido a las altas hipotecas y al altísimo índice de desempleo que en este momento registra España. Esto se veía venir.  Los pisos estaban sobrevalorados y ante esta situación, en un 3% de las rupturas matrimoniales, las parejas optan por seguir viviendo en el hogar conyugal hasta que “aparezca” un comprador. Desde luego, no es una situación normal que dos personas que se divorcian sigan viviendo juntas, pero una mínima parte de nuestros clientes manifiestan su voluntad de hacerlo así cuando acuden a nuestro Despacho. Es ésta una situación excepcional que, obviamente, no es aconsejable que se  prolongue varios meses.

Como se trata de una situación nueva en España por esta crisis económica, no sabemos qué va a pasar en el futuro. Seguramente las parejas se replantearán el divorcio o lo buscarán como una última alternativa, ya que las dificultades para pagar la hipoteca las obligará a permanecer unidas por más tiempo viviendo “bajo el mismo techo, pero no en el mismo lecho”. Concretamente, algunas estadísticas muestran que en el año 2008 han bajado los divorcios en España en un 30%.

Varios medios de comunicación han llamado al Despacho Alzate Monroy & Asociados para pedir una valoración sobre esta situación y solicitar información al respecto, como por ejemplo periodistas de la Revista Bloomberg, del Diario 20 Minutos , de El Mundo.es, etc.

También puedes escuchar un reportaje en la radio “Patricia Alzate Monroy interviene en Aragón Radio para hablar del Divorcio y la actual crisis económica”.

 

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