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El Hogar como refugio y defensa de nuestra vida privada

miércoles, 20 agosto 2008

Todos los seres humanos tenemos necesidad de cobijo, de un lugar que nos proteja del desamparo, de la soledad, de la inestabilidad. Esta necesidad naturalmente humana es la que nos lleva a crear un hogar, a construir o buscar una casa o un piso para fundar un amor y una familia. El hogar es nuestra defensa frente a la intemperie y a la inclemencia del exterior. En el hogar defendemos nuestra privacidad, puesto que ahí, en nuestro hogar, queda a salvo nuestra vida privada. Pero el hogar no es solamente nuestro “refugio” frente al mundo, sino también nuestra “mediación” frente al mundo.

El hogar está hecho a la medida del amor humano, por eso el hogar como el amor, es un proyecto a largo plazo; incluso, podría decirse que crear un hogar es un proyecto interminable. No se trata solamente de tener una casa o un piso, pues muchas personas los tienen pero no llegan a constituir un “hogar, dulce hogar”. Ni siquiera se trata de que cada día sea una casa más agradable, espaciosa, lujosa o confortable. No. Se trata de que sea un lugar cada vez más propio e íntimo. Un  lugar donde se pueda convivir: eso es el hogar.

La vida doméstica del hogar es una rutina diaria, está hecha de repeticiones: horarios de comida, de limpieza, de compras, elaboración de menús, limpieza y planchado de ropa, presupuestos, mantenimiento y arreglo de desperfectos, etc. Cada hogar tiene su propia rutina, su propia organización, su propio orden en el que todos colaboran activamente. Esto también hace al hogar. El hogar no es sólo amor, también es colaboración, orden, disciplina, repetición de hábitos, en fin, la rutina que muchos llamaríamos “hogar, agridulce hogar”.

Crear un hogar es una tarea conjunta de mutua colaboración entre los que lo comparten, es mantener una ilusión común. El amor sostiene el hogar y el hogar sostiene el amor. El hogar es la prolongación de nosotros mismos, es el lugar de nuestra libertad personal, de nuestra seguridad porque allí no hay nada ni nadie contra quien defenderse. Es nuestro espacio de inmunidad por excelencia. Allí somos aceptados y comprendidos, allí no necesitamos fingir. Allí seremos atendidos cuando caigamos enfermos, seremos ayudados cuando fracasemos, seremos perdonados cuando nos equivoquemos, seremos festejados cuando tengamos logros.

Hogar significa hoguera, fuego, lugar de calor: el hogar debe tener llama. Hay un proverbio que dice: “casa sin llama, cuerpo sin alma”; esto quiere decir que el amor como el fuego, si no se propaga, se apaga. El hogar sin amor se apaga. La persona sin amor, se apaga. Los esposos son los que sotienen el amor del hogar, un amor que no es la suma de dos egoísmos, ni la relación entre dos, sino una actitud amorosa de darse mutuamente sin intereses personales, de una manera permanente, sin la temporalidad del “mientras tanto”. Un hogar no se logra mientras esté sujeto a caducidad, porque precisamente el hogar nace cuando la persona se estabiliza y fija su vida y sus metas. Cuando fijamos nuestra permanencia, nuestro afincamiento, nuestro asiento es porque tenemos un hogar en el que “echar raíces”.

Un hogar debe construirse sobre roca firme, debe sostenerse sobre la columna sólida del amor conyugal de  los esposos que han hecho un alianza de amor irrevocable. Lo contrario sería construir la casa sobre arena y no sobre roca firme, en la que cualquier tempestad la destruiría. El amor esponsal, cuando es auténtico, permanece y se consolida en la prueba del tiempo y de las dificultades. Los esposos permanecerán siempre juntos, caminarán juntos sabiendo que sus hijos volarán algún día de su nido para construir el suyo propio. Para eso han educado a sus hijos, para que tengan alas propias, para que sean capaces de pensar por sí mismos, de decidir por sí mismos, los han educado en la libertad. Hace un tiempo leía una bella frase que dice “los padres hacen al hijo, como el océano al continente: retirándose”. Es ley de vida que los hijos algún día se marchen del lado de sus padres y también formen sus propios hogares.

En definitiva, es la armonía y el amor de los esposos la que se transmite y queda a los hijos. Esa armonía y ese amor de la pareja no depende de que cada uno esté lleno de virtudes, sino de que se complementen mutuamente. Es avanzar juntos, caminar juntos con unas diferencias equilibradas en las que se requiere el conocimiento propio y del otro y, especialmente, en conocer y canalizar las propias emociones.

El hogar es la primigénea escuela de educación en las virtudes tanto para los padres como para los hijos. Allí se aprende a renunciar al egoísmo, a conocer nuestros propios sentimientos, a hacernos cargo de las propias responsabilidades, a cultivar las relaciones familiares que son las más íntimas relaciones interpersonales, a resolver pacíficamente los conflictos, a forjar nuestro carácter y nuestra conducta. El hogar, la familia es el “hábitat natural del hombre” donde se nace y se crece como persona, donde se aprende a ser persona.

Resulta paradójico que en estos tiempos cuando tanto se habla de cuidar la naturaleza, el medio ambiente, de prevenir el cambio climático, de proteger a las especies en vía de extinción, de preservar el hábitat natural de las especies y donde surgen tantos movimientos ecologistas que hacen incansables campañas a favor de nuestro planeta, se hable tan poco de proteger el “hábital natural de la persona humana” que es la familia y el hogar. No abundan mucho las campañas que nos enseñen a proteger el hábitat natural del hombre que es su hogar. Al contrario, pareciera que es lo que menos conciencia se tiene de cuidar. Y debería ser al contrario, puesto que de un hogar feliz surgen ciudadanos felices y optimistas para la sociedad.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

Los abuelos también tienen derecho a ver a sus nietos

martes, 19 agosto 2008

Los abuelos tienen derecho a reclamar ante los Tribunales el derecho de visitas. Nos estamos encontrando ante una lamentable situación en la que los abuelos y sus nietos  están siendo enormemente perjudicados al impedírseles el trato cercano que ya tenían, antes del divorcio de los padres de sus nietos. Podríamos dar muchos ejemplos: una abuela andaluza dejó de ver a sus nietecitos hace dos años porque se lo impide la madre de los niños, separada de su hijo en 2006.  Y como ella miles de abuelos en España.

El Divorcio en España, que parece ir en incremento, es la causa de estas situaciones  porque en un 95% de las rupturas matrimoniales los jueces deciden que los hijos se queden bajo la guarda y custodia de la madre. En muchas ocasiones, cuando los divorcios no se han llevado de la mejor manera posible y la relación entre los “ex” no es cordial ni amistosa ni educada, la madre incumple el régimen de visitas para el padre de los niños y, por lo tanto, el padre no puede verlos y, como consecuencia, tampoco sus abuelos paternos.

Hasta hace muy poco tiempo los abuelos no tenían más remedio que resignarse, pero ahora están reclamando ante los Tribunales y Juzgados su derecho de visitas para ver a sus nietos. Y tienen toda la razón de hacerlo, ya que el artículo 160 del vigente Código Civil Español reconoce expresamente que “no podrán impedirse sin causa justa las relaciones personales del hijo con sus abuelos y otros parientes y allegados”. Y el artículo 90 b) del Código Civil también contempla el régimen de visitas y comunicación de los nietos con sus abuelos, si con ello se beneficia a los menores.

Otro abuelo madrileño dice que reclama ante los tribunales “los derechos de un padre separado al que la madre le impide cumplir el régimen de visitas de sus hijas. Por lo tanto yo reclamo mi derecho de visitar a mis nietas”. El mismo texto del artículo 160 del Código Civil continúa diciendo que “en caso de oposición el juez, a petición del menor, abuelos, parientes o allegados, resolverá atendidas las circunstancias”.

Aunque la ley es clara en cuanto al derecho de los abuelos y de los nietos a verse y relacionarse, otra cosa es su cumplimiento. En España no existe una jurisdicción especializada de familia, como sí sucede con los juzgados mercantiles o los de menores. Sólo en las grandes ciudades funcionan Juzgados especializados y dotados de expertos psicosociales en esos temas para dar soluciones eficaces a estas  situaciones familiares.

En otros lugares hay que esperar varios meses, que se pueden prolongar por  la inmensa mayoría de denuncias que presentan las mujeres contra sus ex maridos por malos tratos o por abuso del padre hacia sus hijos (algunas de ellas falsas) lo que conlleva la suspensión del régimen de visitas del padre a los niños. Y por extensión, de los abuelos. Esto es muy injusto para los abuelos y sus nietos, más si se tiene en cuenta que en España muchas veces son los abuelos los que cuidan a los nietos mientras sus padres trabajan. La relación familiar de abuelos y nietos es necesaria para el buen desarrollo de la personalidad del menor y de su ámbito afectivo ya que entre ellos se crean sentimientos de amor muy fuertes.

Los Tribunales ante estas demandas de los abuelos, suelen dar diversas soluciones: desde el reconocimiento para que los abuelos vean a los nietos algunas horas semanales o un fin de semana al mes o unos días de vacaciones. Pero por más que haya sentencia favorable a los abuelos para ver a sus nietos, la madre de los pequeños les sigue impidiendo el derecho de visitas no sólo al padre sino a los abuelos. Pareciera que la jurisdicción de familia no existiera ni tuviera capacidad para ejecutar sus propias sentencias ni para proteger a los más desfavorecidos que, en este caso, son los niños y los mayores.

Una abuela catalana de 74 años se queja y dice que tiene derecho por ley y por una sentencia judicial a ver a su nieta, ha ganado el pleito ante los Tribunales, pero la madre se niega a cumplir la sentencia y han de ir los mossos a buscarla para que la pueda ver. “En el último año apenas he visto a mi nieta unas horas y fue en el punto de encuentro”.

Otra abuela valenciana, entre sollozos, dice que “la última vez me dijo mi nieto mayor que no me había acordado de él en su cumpleaños y le tuve que explicar que lo llamé, pero que su madre me colgó el teléfono”.

En un escrito que recientemente publiqué en este mismo blog me refiero al Síndrome de Alienación Parental (SAP), que es una situación patológica que se da con alguna frecuencia entre padres separados y que puede extenderse también a los abuelos, perjudicándolos a éstos y a sus nietos.

La queja sobre el sistema judicial es común en todos los abuelos: “Los jueces van muy por detrás de la sociedad, siguen pensando que un hombre separado es incapaz de cuidar de sus hijos y les niegan la custodia compartida“, se lamentan.

Los abuelos desempeñan un papel fundamental de cohesión y transmisión de valores en la familia. El ámbito familiar no se circunscribe únicamente a las relaciones paternofiliales que, aunque prioritarias, no pueden aislarse del resto de relaciones familiares; de ahí la importancia de las relaciones de los abuelos con sus nietos.

Los abuelos, ordinariamente ajenos a las situaciones de ruptura matrimonial, pueden desempeñar un papel crucial para la estabilidad del menor. En este sentido, disponen de una autoridad moral y de una distancia con respecto a los problemas de la pareja, que puede ayudar a los nietos a racionalizar situaciones de conflicto familiar, favoreciendo en este sentido su estabilidad y su desarrollo. Los abuelos contrarrestan situaciones de hostilidad o enfrentamiento entre los progenitores y dotan a sus nietos de referentes necesarios y seguros en su entorno, ayudándoles a neutralizar los efectos negativos y traumáticos de una situación de crisis.

Esta situación privilegiada, junto con la proximidad en el parentesco y su experiencia, distingue a los abuelos de otros parientes y allegados, que también pueden coadyuvar al mismo fin. “No podrán impedirse sin justa causa las relaciones personales del hijo con sus abuelos y otros parientes y allegados”.

NOTA ACTUALIZADA A 17/09/2009: La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo acaba de reconocer el derecho de los abuelos a visitar a sus nietos, considerando que su relación es “siempre enriquecedora”. Así lo ha confirmado en una reciente Sentencia en la que afirma que los abuelos deben contar con un régimen de visitas para poder ver a sus nietos en el caso de que se produzca el fallecimiento del padre o la madre del menor. El Tribunal Supremo reconoce la petición de los abuelos en atención al “interés superior del menor” y en correspondencia con “el legítimo derecho” de éstos a “tener un estrecho contacto personal con quien les une una relación de parentesco tan próximo que justifica un especial afecto”.

La sentencia también destaca que las relaciones entre el padre y los parientes de la mujer, o viceversa, “no deben influir en el régimen de visitas” y que los abuelos “ocupan una situación respecto de los nietos de carácter singular”. Es por esto que “no cabe reducir la relación personal a un mero contacto durante un breve tiempo”. De esta forma, según el Supremo, “nada impide” que ese trato pueda comprender que el nieto(a) pernocte en casa de sus abuelos o pasar una temporada con ellos, “sin que en absoluto se perturbe el ejercicio de la patria potestad con el establecimiento de breves periodos regulares de convivencia de los nietos con los abuelos” y que “un régimen de visitas de parientes no puede equipararse al de una crisis matrimonial”.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

¿Una mentalidad optimista del matrimonio frente a una mentalidad pesimista del divorcio?

miércoles, 30 julio 2008

Pareciera que el matrimonio está en crisis. Por todas partes nos acechan las noticias de la “oleada” de divorcios que se están dando no sólo en parejas recién casadas, sino también en parejas que llevan muchos años de matrimonio. Resulta esto paradójico, pues quienes desean casarse ya sea por la Iglesia o por lo civil, deben esperar un promedio de un año y medio o dos años para hacerlo, debido a la interminable “lista de espera” que hay en las iglesias y en los juzgados por la cantidad de parejas que quieren casarse.

Todos sabemos que llegada ciertas fechas del año, especialmente el verano, tenemos tantas ceremonias nupciales a las que hemos sido invitados que nos resulta muy difícil organizar nuestras agendas. Ciertamente el matrimonio no está en crisis. Basta con preguntar en las iglesias, los juzgados, restaurantes, centros sociales, almacenes de trajes de boda, estudios fotográficos, floristerías, peluquerías, negocios de listas de boda, agencias de viajes de luna de miel, joyerías… y un largo etcétera, si no están desbordados por el trabajo que les suponen tantas bodas.

¿Qué sucede entonces? ¿Está en crisis el matrimonio? No. ¿Y entonces por qué tantos divorcios? En los Despachos de Abogados conocemos que después de las vacaciones del verano y de las vacaciones de diciembre, aumentan de modo considerable las consultas y los trámites de divorcio. ¿Por qué en estas épocas? Hay muchas teorías: unas teorías dicen que la convivencia intensa de las parejas en el periodo de vacaciones (las cuales conviven menos durante el resto del año debido a que ambos trabajan) les hacen “descubrir” ciertos defectos y aspectos que desconocían del otro; que no se soportan; que se acentúan más los defectos que ya se conocen; que se aburren juntos pues no tienen “puntos en común”; que los carácteres son incompatibles; que no hay diálogo ni comunicación, etc.

Otras teorías sostienen que debido a que la mujer ha adquirido independencia económica ya no “necesita” del marido. Otras, que los divorcios aumentan por la “permisividad” de las leyes, especialmente las del “divorcio express” y que es por culpa de estas leyes que facilitan los divorcios por las que éstos aumentan de manera alarmante. ¿Es cierto esto? No del todo, porque siempre ha habido leyes del divorcio y no es por esta causa que aumentan los divorcios.

Hay muchas más causas del divorcio, algunas realmente graves, tristes y deleznables como la violencia de género, los vicios e inmoralidad de algún miembro de la pareja, etc. 

Pero la verdad es que el matrimonio no está en crisis porque sigue habiendo muchos matrimonios. También es verdad que los divorcios sí han aumentado. Igualmente, es cierto que muchas parejas deciden no casarse y sí vivir juntos “sin papeles que lo acrediten” porque para qué casarse para luego “descasarse” con todos los trámites y costos que ello supone. Pero en el fondo está claro que quienes deciden casarse o vivir en “unión libre” desean ardientemente en sus corazones que su convivencia sea feliz, sea “para siempre” y que tengan hijos, tal y como se describe en las “novelas de amor”. Incluso, esos mismos deseos los tienen quienes se casan, se divorcian, se vuelven a casar y luego a divorciar.

Tengo un amigo, a quien quiero mucho, que me ha invitado a su tercera boda y me ha dicho: “créeme, esta vez sí es para siempre”.  Y le creo, porque es lo que queremos todos al casarnos, porque son los deseos del amor verdadero y auténtico que todos albergamos en nuestros corazones ya que, en definitiva, todas las personas hemos nacido para amar y ser amados, para darnos y entregarnos.

¿Y qué sucede entonces? ¿Seguiremos diciendo que es por culpa del matrimonio o del divorcio que estos deseos parecen irrealizables o inalcanzables?

Me parece que lo que sucede es que estamos inmersos en una cultura un tanto “pesimista” acerca del amor y la felicidad. Pareciera que fuera imposible enamorarse y entregarse para siempre por amor, pareciera que fuera imposible ser felices. Todos hemos experimentado cómo cambia la óptica de las cosas, el punto de vista que tenemos respecto del otro o de los otros cuando estamos enamorados. Todo lo vemos en positivo. Nos volvemos “optimistas”. Los enamorados que se casan o se van a vivir juntos son optimistas, creen que es posible y por eso lo hacen.  Y cuando se divorcian o rompen con su pareja se vuelven “pesimistas” porque ya lo consideran imposible y por eso lo hacen.

Nos alertan con cifras alarmantes de divorcios en España. Según las estadísticas de los últimos dos años, estamos llegando alrededor de 90.000 divorcios por año. ¿Y por qué no nos hablan de las parejas que no se divorcian y permanecen casadas o de las parejas que en unión libre siguen conviviendo juntas durante muchos años? ¿Por qué no se hacen estadísticas de estos hechos reales y verificables de que el matrimonio también es posible? Seguramente estas cifras superarían en mucho a las de los divorcios.

Todos conocemos a lo largo de la historia y en nuestras propias familias un sin número de historias reales de amor verdadero que han sobrevivido a tantas dificultades y que han compartido tantos momentos felices y tristes. Tantos matrimonios felices que celebran sus bodas de plata, de oro, de diamante, rodeados de sus hijos, nietos y biznietos. Ahí están esas biografías de amor y de comprensión de tantas personas de “carne y hueso” que realmente las han vivido, las viven y las vivirán. Y, sin embargo, esas historias reales no se cuentan ni se les hace mucho eco en los medios de comunicación. Porque precisamente parecen imposibles, pero son posibles.

Y si alguien cuenta estas historias de amor probado en el tiempo y en las dificultades, lo hace con cierto tono de nostalgia como si fueran cosas de “otra época”. O en tono enfadado, porque consideran que es “cosa de otros tiempos” en que las mujeres no tenían otro camino que ser sumisas y aguantadoras, pues dependían económicamente de sus maridos y estaban sometidas por el hombre. Puede que en algunos casos sea cierto. Pero en muchos otros casos no lo es. Antes, ahora y después habrá muchos más matrimonios felices y duraderos que matrimonios fracasados. Y no es una quimera, es algo que se puede constatar. Es normal que todos los matrimonios sufran “crisis matrimoniales” las cuales, una vez superadas, consolidan más a los esposos en su relación y en su amor. Las crisis matrimoniales no tienen por qué estar abocadas al “fracaso matrimonial”. 

Así es que no nos creamos tan ligeramente que el matrimonio está en peligro de extinción. Pero no deja de ser preocupante y alarmante tan alto índice de divorcios que tenemos en este momento. En el fondo de tanto divorcio puede latir una cierta mentalidad pesimista de nuestra época y nuestra cultura que considera imposible, e incluso indigno, que dos personas puedan entregarse de manera permanente, mutua y recíproca por amor. La situación histórica que hoy vive la familia se presenta como un “conjunto de luces y sombras” mostrando aspectos positivos y negativos. Hoy en día existe una conciencia más viva de la libertad personal y de la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio. Pero, de otra parte, nuestra época refleja cierta mentalidad divorcista que indica un escepticismo a la relación conyugal permanente y que lleva a las personas no entregarse con confianza a la fundación de una familia.

Se trata de un cierto “pesimismo antropológico” que considera imposible la entrega sincera de las personas en el matrimonio. Puede ser el resultado de una visión bastante individualista y egocéntrica de la vida, en la que el matrimonio queda reducido a ciertos intereses personales y propios y, una vez ya no se alcancen, puede rescindirse. Se trata también de una cierta falta de educación en el amor. Se nos educa para todo, menos para amar. Se nos habla mucho de libertad personal, pero poco de responsabilidad personal. Estamos inmersos en un mundo hedonista donde el esfuerzo es un “antivalor” y la comodidad y lo fácil son valores absolutos. El comprometerse en algo, el cumplir con la palabra dada, el hacer un proyecto de vida son comportamientos que no se asumen porque se cree que limitan a la persona.

Practicar virtudes requiere esfuerzo y dedicación y, especialmente, educación en las virtudes. Sólo así se consigue la madurez personal, la cual no tiene edad para alcanzarse. Quien es maduro, esforzado y virtuoso necesariamente es feliz, es optimista. Necesitamos educarnos en el optimismo para hacer frente a tanto pesimismo que nos rodea. Necesitamos ser optimistas para fundar familias optimistas y crear una sociedad más optimista. 

Ninguna persona moderna puede negar que el verdadero amor se prueba a lo largo de toda una vida. La lógica del amor es que no tiene lógica, pero el amor existe y es lo más eficaz para conseguir metas. A quienes consideran difícil, e incluso imposible, vincularse a una persona para toda la vida, a quienes son arrastrados por una cultura divorcista que se mofa del matrimonio fiel y permanente, es necesario anunciarles que sí es posible.

Por : Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho 

La Maternidad Subrogada (Alquiler de Vientres)

martes, 29 julio 2008

la clave - La Maternidad Subrogada (Alquiler de Vientres)Hace tres décadas nació el primer bebé por fecundación in vitro. Se calcula que a partir de entonces en el mundo han nacido cerca de tres millones de bebés por tratamientos de reproducción médicamente asistida. Un reciente informe publicado por la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología dice que ahora las clínicas de fertilidad están dedicándose a transferir sólo un embrión durante un tratamiento, para reducir el número de nacimientos múltiples.

Estos tratamientos de procreación médicamente asistida pueden lograrse mediante la fecundación homóloga o mediante la fecundación heteróloga, dependiendo de dónde provienen el óvulo y el espermatozoide. Lo normal es que la mujer que quiere ser madre y no puede serlo por problemas de infertilidad, se somete al tratamiento y, por lo general, lo consigue no sin antes haber superado grandes dificultades y esfuerzos médicos, psicológicos y económicos.

Mediante estos tratamientos muchos matrimonios o parejas de hecho han conseguido su deseo de ser padres. Desde hace algunos años a estos tratamientos de procreación médicamente asistida no sólo asisten mujeres solteras, matrimonios y parejas heterosexuales, sino también lo están haciendo parejas homosexuales.

Se está dando otro fenómeno social que cada vez tiende a extenderse más y es el de las madres subrogadas que “alquilan” sus vientres para que otra mujer pueda ser la madre de la criatura. Este fenómeno se debe a muchos factores, entre ellos, a que las mujeres retrasan más la edad para ser madres con la consecuente dificultad e infertilidad para lograr la maternidad, a que hay mujeres que no tienen pareja pero quieren ser madres, a la esterilidad de la mujer, a que hay un incremento de los deseos de paternidad en hombres solteros o en las parejas homosexuales de hombres gay que para conseguir un hijo recurren al alquiler de vientres, etc.

Todas estas cuestiones, obviamente, tienen muchos detractores y muchos defensores que entran en discusiones sobre los aspectos religiosos, biológicos, éticos, genéticos, jurídicos, etc. planteando muchos interrogantes, como por ejemplo, ¿”existe el derecho a tener un hijo a toda costa”?, ¿”se puede comercializar con el deseo de las personas de ser padres”?, ¿”se supedita todo a intereses y beneficios egoístas”?, ¿”se puede seleccionar cómo serán nuestros hijos”?, ¿”el fin justifica los medios”?, ¿”se puede manipular la vida humana”?, ¿”se atenta contra la dignidad de las personas”?, etc.

El hecho es que en varios países están implantadas de manera jurídica y médica las técnicas de reproducción asistida con legislaciones detalladas y con una infraestructura de clínicas, médicos y laboratorios con la más alta tecnología. La reproducción médicamente asistida es algo permitido legalmente y muy demandado. La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida es la actualmente vigente en España. Mientras que la maternidad subrogada o las “madres de alquiler”, la cual va siendo cada día más demandada y más ofertada, es ilegal en casi todos los países del mundo. Por ejemplo, en España no está permitido lo que comúnmente se llama “alquiler de vientres” o “alquiler de úteros”.

Aunque en España este tipo de prácticas son ilegales, hay parejas que acuden a terceras personas para poder tener un bebé. Una mujer “alquila” su útero en el que se implanta el ovario de la mujer y el espermatozoide del hombre que desean ser los padres. Los que justifican su práctica afirman que “con esto se permite que el niño sea el hijo biológico de la pareja puesto que la madre de alquiler tan sólo se encarga de gestar un embrión fruto del esperma del padre y el óvulo de la madre”.

Las parejas que en España deciden acudir a este procedimiento para tener un hijo, lo hacen totalmente al margen de la ley. Y pese a que se trate de una práctica prohibida, basta con teclear “madre de alquiler” o “alquiler de vientres” en un buscador de Internet para encontrar a muchas mujeres que ofrecen su útero para gestar bebés ajenos a cambio de dinero.

Existe también la opción de acudir a otros países en los que sí es legal. Teóricamente, no sería posible porque la ley española no lo admite con lo que no existiría la posibilidad de que los padres inscribieran al niño en el Registro Civil español como su hijo. Las parejas se encontrarían con un problema a su regreso a España porque, aunque legalmente sean sus padres según la legislación de otro país, las leyes españolas no permitirían ese procedimiento, por lo que no le otorgarían el visado de entrada al niño y tampoco les permitirían inscribirlo como hijo adoptivo.

Varios matrimonios y parejas, tanto heterosexuales como homosexuales, están acudiendo a estos métodos. Ucrania y Estados Unidos son algunos de los países más demandados dentro de los muy pocos que admiten estas prácticas, y a ellos acuden españoles, franceses, alemanes, y personas de otros países pagando altísimas sumas de dinero.

Francia tiene un proyecto de ley en estudio para legislar el tema de las “madres de alquiler”, a raíz de que se les han presentado varias situaciones reales. Por ejemplo, el 25 de octubre de 2007 la justicia reconoció a Sylvie et Dominique sus derechos como “padres” de las gemelas que tuvieron gracias a una madre de alquiler californiana. Los políticos franceses comprendieron entonces que era necesario que la legislación se adaptara a las nuevas realidades sociales y el resultado es el informe que presenta un plan para aprobar este procedimiento como ya ocurre en otros países. Previsiblemente el Senado francés reconocerá este tipo de casos pero con condiciones: sólo para parejas heterosexuales que demuestren más de dos años de convivencia y siempre y cuando sea biológicamente imposible que la mujer se quede embarazada, según indica Michèle André (senadora socialista) en una entrevista que publica Le Monde.

revista mia - La Maternidad Subrogada (Alquiler de Vientres)Esta noticia ha sido publicada en varios diarios europeos durante esta semana y en España son muchos los periodistas que han consultado al Despacho Alzate Monroy & Asociados su opinión respecto a este proyecto de ley francesa para escibir sobre el tema de la maternidad subrogada. Entre ellos, el Semanario La Clave de la OpiniónPública, Edición Nº 378.- Julio de 2008,  el Diario Digital SOITU.ES del 25 de junio de 2008 , en la Revista MIA número 1165 de 5 a 11 de enero de 2009, en la emisión del 13 de enero de 2009 del programa televisivo Espejo Público de Antena 3 T.V., en magacines de la Televisión Española (TVE), en el Periódico El Mundo, la revista Bloomberg, etc. En todos ellos se ha informado lo que he escrito en este artículo de mi blog.

También puede leer una interesante entrevista sobre este tema realizada a la Abogada Alzate Monroy en el destacado periódico jurídico “La Tribuna del Derecho”, en su edición del mes de julio de 2009.

Desde un punto de vista jurídico, existe la presunción de derecho de que la madre es la que “alumbra” al hijo, la que da a luz al hijo mediante el parto. La máxima del derecho romano, cuyo aforismo jurídico en latín es  “Mater semper certa est”, atribuye la maternidad por el hecho del parto. Obviamente, este aforismo jurídico del derecho romano clásico que no admitía prueba en contrario, porque hasta no hace más de 30 años  no se conocían las técnicas de reproducción médicamente asistida, hoy tiene un panorama diferente en cuanto a presunción.

¿Qué sucede si esta madre se arrepiente y no quiere entregar a su hijo una vez nazca? ¿Y si el óvulo no es de ella sino de la madre que la ha “contratado” y del espermatozoide del padre que también la contrató, sería realmente su hijo? ¿Podría arrepentirse? ¿Existe un contrato que obligaría a cumplir a la madre a entregar al hijo que ha dado a luz? ¿Y si se ha pagado un precio? ¿Y si el niño no nace según las “características” que deseaban los padres: rubio o moreno, ojos negros o azules, podrían arrepentirse y rechazar al niño que han “encargado mediante el alquiler”? ¿Y si el niño nace enfermo o con malformaciones? Ciertamente, todas estas situaciones se han presentado en la realidad y por ello existe alguna jurisprudencia que ha decidido sobre estos casos, especialmente en los EE.UU.

En fin, son muchas las cuestiones que se suscitan alrededor de este tema.  También son puntos fuertes de crítica de la maternidad subrogada los aspectos mercantilistas que podrían esconderse detrás de algunas personas, entidades o clínicas puesto que sería un negocio muy rentable, ya que se mueven altísimas sumas de dinero mediante el “alquiler de vientres”. Aunque es verdad que también hay personas altruistas movidas por un deseo noble de ayudar a otras a ser padres, entre las que también puede contarse una familiar cercana ( hermana, cuñada, prima, etc.).

Esta técnica de maternidad subrogada o de alquiler de vientres que posibilita el embarazo, sin necesidad de que para ello exista cópula, puede desarrollarse de diversas modalidades:

1.- La pareja que contrata aporta el “material genético” en su totalidad (óvulo y espermatozoide) y la madre sustituta recibe el embrión en su útero con la finalidad de llevar a cabo la gestación y el nacimiento;

2.- La madre portadora, además aporta el “material genético”, el cual podrá ser inseminado con el esperma de la pareja que contrata o de un tercero anónimo o conocido. En este caso no se trataría sólo de una mujer que alquila su vientre, sino que es además madre de la criatura;

3.- El material genético es aportado por individuos (ambos o sólo uno de ellos) ajenos a la pareja contratante y la madre portadora cede su útero.

Se emplea la técnica de la fecundación in vitro: una vez realizada la fusión de los gametos, el embrión resultante es implantado en la mujer que, de este modo, prestará su cuerpo haciendo posible la gestación y el parto.

Cuando el bebé  ha nacido, la mujer que lo dio a luz cede su custodia al esposo de la pareja contratante -cuando tal identidad coincide con quien ha aportado el esperma- y renuncia a sus derechos de madre, ofreciéndose, de esta manera, la posibilidad de que la pareja de este último pueda adoptar al niño.

En este contrato intervienen tres partes: por un lado, la pareja contratante (aportando la totalidad del material genético o parte del mismo, según el caso); por el otro, la mujer que dispone de su útero para llevar a cabo la gestación; y, en tercer lugar, el equipo médico encargado de efectuar la implantación del embrión en la portadora.

¿Es lícito el contrato de maternidad subrogada o de alquiler de vientres?

Varios son los juristas que piensan que no lo es porque el alquiler de vientres implica un pacto de contenido inmoral y contrario a las buenas costumbres y al orden público, así como también a la legislación, ya que en el Código Civil español (art. 1271) se consagra que las personas presentes o futuras no pueden ser objeto de contrato, determinando por ello la nulidad del mismo. Además, sostienen, que contraviene la más elemental regla de orden público: el respeto a la dignidad y al valor de la persona humana, de la cual deriva, en principio, su indisponibilidad.

¿Qué tipo de contrato sería? ¿De prestación de servicios, de compra-venta, de donación si fuese gratuito, de alquiler…? Ciertamente, no habría un nombre apropiado para ello.

Varios médicos expertos en medicina reproductiva reclaman la legalización en España de las madres de alquiler, siempre que este procedimiento se realice por razones estrictamente médicas y en los casos en que las mujeres no tengan otra manera de poder tener un hijo a partir de sus propios óvulos. Solicitan despenalizar este procedimiento, si bien su uso no se debería generalizar, sino que se tendría que aplicar sólo en casos necesarios y “de manera pormenorizada”, una vez que se haya examinado detenidamente cada situación. Hay otros médicos que sostienen que desde un punto de vista bioético, debe saberse que detrás de un embrión que consigue desarrollarse con éxito para que nazca un bebé por reproducción médicamente asistida, existen otros muchos embriones que se han “desechado” porque no lo consiguieron; sostienen que no hay que olvidar que esos embriones desechados son también vidas humanas “desechadas”.

En definitiva, nos encontramos ante una situación bastante curiosa marcada por distintas épocas y por el avance tecnológico: en la década de los años 70 el dilema era ¿”cómo tener sexo sin hijos”? mientras que en la década de los años 90 y del recién estrenado siglo 21 el dilema es ¿”cómo tener hijos sin sexo”?

Conclusión, a situaciones reales hay que dar soluciones legales.

NOTA ACTUALIZADA AL DÍA JUEVES 7 DE OCTUBRE DE 2010: En el día de hoy se ha publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) la Instrucción de 5 de octubre de 2010, de la Dirección General de los Registros y del Notariado, sobre el  régimen registral de la filiación de los nacidos mediante gestación por sustitución. Como requisito previo para el registro de los niños nacidos de madres de alquiler, que han renunciado a su filiación materna, es necesaria la presentación ante el Registro Civil de una resolución judicial que haya dictado un Tribunal competente del país de origen.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

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