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El Consorcio Conyugal Aragonés

domingo, 4 abril 2010

El régimen económico matrimonial aragonés, denominado Consorcio Conyugal, está regulado en la Ley 2/2003, de 12 de febrero y contempla distintos aspectos del mismo como los bienes comunes y privativos de los cónyuges, lo mismo que sus deudas comunes y privativas, cómo se gestiona ese consorcio conyugal, cómo es su disolución, liquidación y división, qué sucede con la comunidad que continúa tras la disolución del matrimonio, etc.

Antes del matrimonio o después de celebrado éste, la pareja puede convenir capitulaciones matrimoniales mediante las cuales estipulan, modifican o sustituyen el régimen económico de su matrimonio y cualquier otra disposición matrimonial; estas disposiciones deben elevarse a escritura pública para que sean válidas. A falta de capitulaciones matrimoniales, o cuando éstas son ineficaces, el régimen será el de la sociedad de gananciales o el que establezca el derecho foral propio como sucede, entre otros, en Cataluña, Aragón, Navarra, Islas Baleares, País Vasco donde tienen unos regímenes económicos matrimoniales que presentan una serie de particularidades propias, en unas ocasiones similares al régimen de gananciales (por ejemplo, Aragón) y en otras al de separación de bienes (por ejemplo, Cataluña). Las modificaciones del régimen económico matrimonial realizadas por los cónyuges durante el matrimonio, no perjudicarán en ningún caso los derechos ya adquiridos por terceros.

El régimen económico matrimonial generalmente conocido en España se articula en tres sistemas diferentes:  la sociedad de gananciales, la participación y la separación de bienes. 1. Por la sociedad de gananciales se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios obtenidos por cualquiera de ellos durante el matrimonio, los cuales les serán repartidos por mitades al disolverse el mismo. 2. En el régimen de participación, cada uno de los cónyuges adquiere el derecho a participar en las ganancias obtenidas por su consorte durante el tiempo en que dicho régimen haya estado vigente. A cada cónyuge le corresponde la administración, el disfrute y la libre disposición tanto de los bienes que le pertenecían antes de contraer matrimonio como de los que pueda adquirir después por donación, herencia, compraventa, etc. 3. En el régimen de separación de bienes, pertenecen a cada cónyuge los bienes que tenía antes del matrimonio y los que adquiera después por cualquier título como donación, herencia, compraventa y, además, corresponderá a cada uno la administración, goce y libre disposición de sus bienes.

El Consorcio Conyugal Aragonés denomina “consorciales” a los bienes comunes de los cónyuges y tiene sus propias raíces en los fueros más antiguos y una configuración doctrinal, judicial y legislativa que le dota de un perfil propio entre los regímenes de comunidad limitada, como los de gananciales, subrayando la libertad de los cónyuges de atribuir en todo momento carácter consorcial o privativo a los bienes que deseen, atendiendo así a las adquisiciones a título oneroso con precio aplazado, a las indemnizaciones por despido, a las cantidades devengadas por pensiones, a las participaciones en fondos de inversión y productos financieros similares, a los derechos del arrendatario o a la adquisición de acciones o participaciones de sociedades, determinando su carácter consorcial en las condiciones en cada caso consideradas, en atención a la fuerte caracterización comunitaria que tiene el consorcio aragonés.

Puede decirse que los bienes adquiridos durante el matrimonio, distintos de los que tengan carácter personal, sólo son privativos (salvo voluntad distinta de los cónyuges) cuando se adquieren a título lucrativo y en determinados supuestos en que la adquisición está relacionada de algún modo con el patrimonio privativo, como la compra celebrada antes del matrimonio por precio aplazado, caso en que el bien, cualquiera que sea su clase y destino, es siempre privativo, exceptuando si la totalidad del precio se pague durante el matrimonio con fondos comunes. Tanto la presunción como el reconocimiento de privatividad se presentan como conceptos diferentes de los verdaderos pactos por los que los cónyuges atribuyen a bienes privativos el carácter de comunes o a éstos la condición de privativos o asignan, en el momento de su adquisición, carácter privativo o común a lo adquirido.

A continuación transcribo los artículos 28 a 88 sobre el consorcio conyugal de la Ley 2/2003, de 12 de febrero:

DEL CONSORCIO CONYUGAL ARAGONÉS
TÍTULO IV.
DEL CONSORCIO CONYUGAL.
CAPÍTULO I.
BIENES COMUNES Y PRIVATIVOS
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Artículo 28. Bienes comunes.

1. Al iniciarse el régimen, constituyen el patrimonio común los bienes aportados por los cónyuges para que ingresen en él y los que les son donados por razón del matrimonio con carácter consorcial.

2. Durante el consorcio, ingresan en el patrimonio común los bienes enumerados en los apartados siguientes:

Los adquiridos por título lucrativo cuando así lo disponga el donante o causante.

Los que los cónyuges acuerden que tengan carácter consorcial.

Los bienes adquiridos a título oneroso por cualquiera de los cónyuges a costa del caudal común. Si el precio ha quedado aplazado en todo o en parte, serán comunes, salvo que la totalidad del precio se satisfaga con dinero privativo.

Los bienes que los cónyuges obtienen de su trabajo o actividad.

Las indemnizaciones concedidas a uno de los cónyuges por despido o cese de actividad profesional.

Los frutos y rendimientos de los bienes comunes o privativos, así como el beneficio obtenido de las empresas y explotaciones económicas.

Las cantidades devengadas por pensiones cuya titularidad corresponda a cualquiera de los cónyuges, salvo lo dispuesto en el artículo 30.

La diferencia positiva entre el importe actualizado del valor al ingresar en el patrimonio privativo y el que tengan al producirse el reembolso o disolverse el consorcio conyugal de los productos financieros cuya rentabilidad consiste en la plusvalía obtenida al tiempo de su reembolso, como los fondos de inversión acumulativos.

Los derechos del arrendatario por contratos celebrados durante el consorcio.

Las empresas y explotaciones económicas fundadas por uno cualquiera de los cónyuges durante el consorcio, salvo que sea totalmente a expensas del patrimonio privativo de uno solo de ellos.

Las acciones o participaciones en sociedades de cualquier clase adquiridas a costa del patrimonio común, aunque sea a nombre de uno solo de los cónyuges; pero, en este caso, en las relaciones con el ente social, se estará a lo dispuesto en las normas por que se rija.

Artículo 29. Bienes privativos.

Son bienes privativos de cada cónyuge los que le pertenecieren al iniciarse el consorcio y los enumerados en los apartados siguientes:

Los que, durante el consorcio, ambos cónyuges acuerden atribuirles carácter privativo.

Los adquiridos por usucapión comenzada antes de iniciarse el consorcio, así como los adquiridos en virtud de títulos anteriores cuando la adquisición se consolide durante su vigencia y los comprados antes con precio aplazado, salvo que la totalidad del precio sea satisfecha con fondos comunes.

Los adquiridos a título lucrativo. Si hubieran sido adquiridos por ambos cónyuges sin designación de partes, corresponderán a cada uno de ellos por mitad, y no se dará el derecho de acrecer salvo que lo hubiera dispuesto el transmitente o que, tratándose de una adquisición por causa de muerte, procediera según la regulación de la sucesión.

Los adquiridos en escritura pública a costa del patrimonio común si en el título de adquisición ambos cónyuges establecen la atribución privativa a uno de ellos.

Los que vienen a reemplazar a otros propios, y ello aunque se adquieran con fondos comunes, así como el dinero obtenido por la enajenación o privación de bienes propios y el resarcimiento de los daños inferidos a los mismos.

Los recobrados en virtud de carta de gracia, así como los adquiridos por derecho de retracto, opción, suscripción preferente o cualquier otro de adquisición preferente o de acceso a la propiedad que pertenezca con carácter privativo a uno de los cónyuges.

Los adjudicados a un cónyuge en la partición o división de cualquier comunidad cuando la cuota que le correspondía fuera privativa, y ello aunque reciba un exceso de adjudicación que se abone con cargo al caudal común.

Las accesiones o incrementos de los bienes propios.

Artículo 30. Bienes patrimoniales de carácter personal.

1. Son también privativos:

Los bienes y derechos inherentes a la persona y los intransmisibles inter vivos, mientras conserven estos caracteres.

Pero serán comunes los rendimientos de bienes de esta clase, como el derecho de autor sobre obra propia o el derecho a la propia imagen, devengados durante el consorcio.

El resarcimiento de daños y la indemnización de perjuicios causados a la persona de cualquiera de los cónyuges, tanto si se cobra en forma de capital como de pensión.

Las titularidades de pensiones de cualquier clase y las de los contratos de seguros.

Las cantidades percibidas como capital o como pensión por uno de los cónyuges en concepto de beneficiario de seguros sobre la vida.

Por excepción, en el seguro de supervivencia contratado durante el consorcio por uno de los cónyuges en su beneficio, serán comunes las cantidades devengadas antes de la disolución de aquél. En este caso, se reintegrará al patrimonio privativo el valor actualizado de las primas satisfechas a su costa.

2. En los seguros sobre la vida contratados por uno solo de los cónyuges a favor de persona distinta del otro y que no constituyan acto de previsión acorde con las circunstancias familiares, deberá reembolsarse al patrimonio común el valor actualizado de las primas que se hayan satisfecho a costa de dicho patrimonio.

Artículo 31. Presunción de privatividad.

1. Adquirido bajo fe notarial dinero privativo, se presume que es privativo el bien que se adquiera por cantidad igual o inferior en escritura pública autorizada por el mismo notario o su sucesor, siempre que el adquirente declare en dicha escritura que el precio se paga con aquel dinero y no haya pasado el plazo de dos años entre ambas escrituras.

2. La presunción admite en juicio prueba en contrario.

Artículo 32. Reconocimiento de privatividad.

1. Se considerará privativo un bien determinado cuando la atribución por un cónyuge de tal carácter al dinero o contraprestación con que lo adquiera sea confirmada por declaración o confesión del otro, que habrá de constar en documento público si ha de acceder al Registro de la Propiedad.

2. La titularidad y libre disposición del bien así adquirido, aun fallecido el otro cónyuge, no puede quedar afectada o limitada sino por el ejercicio de las acciones que puedan corresponder a acreedores y legitimarios en defensa de su derecho.

Artículo 33. Ampliación o restricción de la comunidad.

1. A efectos de extender o restringir la comunidad, ambos cónyuges podrán, mediante pacto en escritura pública, atribuir a bienes privativos el carácter de comunes o, a éstos, la condición de privativos, así como asignar, en el momento de su adquisición, carácter privativo o común a lo adquirido.

2. Salvo disposición en contrario, los pactos regulados en este precepto darán lugar al correspondiente derecho de reembolso o reintegro entre los patrimonios privativos y el común.

Artículo 34. Bienes de origen familiar.

Cuando por cualquier título ingrese en el patrimonio común algún bien procedente de la familia de uno de los cónyuges, se considerará que el bien ha salido de la familia de procedencia y que ningún otro bien o derecho ha adquirido por subrogación su condición de bien de origen familiar.

Artículo 35. Presunción de comunidad.

1. Se presumen comunes todos aquellos bienes cuyo carácter privativo, con arreglo a los artículos anteriores, no pueda justificarse.

2. La adquisición de bienes de cualquier clase a título oneroso, durante el consorcio, se considerará hecha a costa del caudal común.

CAPÍTULO II.
DEUDAS COMUNES Y PRIVATIVAS.

Artículo 36. Deudas comunes.

1. Son de cargo del patrimonio común:

Las atenciones legítimas de la familia y las particulares de cada cónyuge, incluso la crianza y educación de los hijos de uno solo de ellos que convivan con el matrimonio.

Los réditos e intereses normales devengados durante el consorcio por las obligaciones de cada cónyuge.

Las atenciones de los bienes privativos propias de un diligente usufructuario.

Los alimentos legales entre parientes debidos por cualquiera de los cónyuges, así como la crianza y educación de los hijos de uno solo de los cónyuges no incluida en el apartado a.

Toda deuda del marido o la mujer contraída en el ejercicio de una actividad objetivamente útil a la comunidad, aunque no haya redundado en beneficio común, o en el ejercicio de cualquier otra actividad, pero en este caso sólo hasta el importe del beneficio obtenido con ella por el consorcio. Son actividades objetivamente útiles al consorcio las de la letra a del apartado 1 del artículo siguiente.

Las indemnizaciones debidas por daños a terceros, si bien los causados con dolo o culpa grave, únicamente hasta el importe del beneficio obtenido con la actividad en la que se causó el daño.

2. No son, sin embargo, de cargo del patrimonio común las deudas del apartado anterior contraídas por un cónyuge con intención de perjudicar al consorcio o con grave descuido de los intereses familiares.

Artículo 37. Responsabilidad de los bienes comunes frente a terceros.

1. Frente a terceros de buena fe, los bienes comunes responden siempre del pago:

De las deudas que cada cónyuge contrae en el ejercicio, incluso sólo aparente, de sus facultades de administración o disposición de los bienes comunes o de administración ordinaria de los suyos propios, así como en la explotación regular de sus negocios o en el desempeño corriente de su profesión.

De las indemnizaciones por daños a terceros causados en el ejercicio de una actividad objetivamente útil a la comunidad, aun por dolo o culpa grave.

2. También responden los bienes comunes frente a terceros por las deudas enunciadas en el apartado 1 del artículo 36 contraídas por uno solo de los cónyuges.

3. De las deudas contraídas por ambos cónyuges responden siempre los bienes comunes junto a sus privativos.

Artículo 38. Responsabilidad de los bienes privativos.

1. Los bienes privativos de cada cónyuge responden en todo caso de las deudas por él contraídas.

2. En defecto de bienes comunes, de las deudas contraídas por un cónyuge para satisfacer las atenciones señaladas en la letra a del apartado 1 del artículo 36 responde también el patrimonio privativo del otro.

Artículo 39. Contribución en defecto de bienes comunes.

En defecto de bienes comunes, en la relación interna, los cónyuges contribuirán por mitad, o en la proporción pactada, a las deudas de la letra a del apartado 1 del artículo 36 y a aquellas otras que el cónyuge que las contrajo demuestre que proceden de una actividad que, efectivamente, haya redundado en beneficio común.

Artículo 40. Responsabilidad por deudas de adquisición de bienes comunes.

El bien común adquirido por uno de los cónyuges sin el consentimiento del otro responde, en todo caso, del precio aplazado y demás gastos de adquisición pendientes de pago.

Artículo 41. Deudas privativas.

1. Son privativas las deudas contraídas por un cónyuge cuando no sean de cargo del patrimonio común de acuerdo con el artículo 36.

2. En particular, son privativas las deudas de cada cónyuge anteriores al consorcio, así como las deudas y cargas por razón de sucesiones y donaciones.

Artículo 42. Responsabilidad subsidiaria de los bienes comunes.

1. De las deudas contraídas por un cónyuge distintas de las enunciadas en el artículo 37 responden en primer lugar los bienes privativos del cónyuge deudor y, faltando o siendo éstos insuficientes, los bienes comunes, a salvo siempre el valor que en ellos corresponde al otro cónyuge, así como los preferentes derechos de los acreedores por deudas comunes.

2. El valor actualizado de los bienes comunes empleados en el pago de deudas privativas se imputará en la participación del cónyuge deudor hasta que lo reembolse, y se tendrá en cuenta para ulteriores reclamaciones de acreedores privativos.

Artículo 43. Ejecución sobre bienes comunes por deudas privativas.

1. Cuando en una ejecución sobre bienes comunes, seguida a causa de deudas distintas de las enunciadas en el artículo 37, el cónyuge del deudor quiera, en el procedimiento previsto por la Ley de enjuiciamiento civil para la ejecución en bienes gananciales, hacer valer su derecho a que quede a salvo el valor que en el patrimonio común le corresponde, podrá pedir la liquidación del mismo al exclusivo fin de constatar el valor que ha de quedarle a salvo, sin disolución del consorcio. En este caso, la ejecución proseguirá tan pronto se constate la existencia de bienes que sobrepasen el valor que ha de quedar a salvo y sólo sobre aquellos bienes, alzándose en todo caso el embargo sobre los demás.

2. El cónyuge del deudor podrá también optar por la disolución del consorcio y división de los bienes comunes. Producida la disolución, el matrimonio se regirá por el régimen de separación de bienes.

Artículo 44. Relaciones entre patrimonios.

1. Los patrimonios de los cónyuges y el común deben reintegrarse entre sí aquellos valores que cada uno hubiese lucrado sin causa a costa de los otros.

2. En particular, los patrimonios privativos tienen derecho al reintegro del importe actualizado:

De los bienes privativos confundidos en la masa consorcial o empleados en la adquisición de bienes comunes.

De los bienes privativos empleados en el pago de deudas que fueran de cargo de la comunidad.

3. En particular, el consorcio tiene derecho a ser reembolsado del importe actualizado:

De los bienes comunes empleados en la adquisición de bienes privativos.

De los bienes comunes empleados en el pago de deudas que fueran de cargo de los patrimonios privativos.

4. Los patrimonios privativos deben indemnizar al común el importe actualizado de los daños y perjuicios que el marido o la mujer le hayan causado por acción dolosa o gravemente negligente.

5. El pago de las obligaciones existentes entre el patrimonio consorcial y los privativos, aunque válido en cualquier momento por acuerdo entre los cónyuges, sólo puede exigirse antes de la liquidación de la comunidad cuando así se hubiera pactado o cuando medie justa causa. Es siempre justa causa la disposición abusiva de capital común en beneficio propio.

CAPÍTULO III.
GESTION DEL CONSORCIO.
SECCIÓN I. DE LA ECONOMIA FAMILIAR.

Artículo 45. Reglas generales.

1. Las decisiones sobre la economía familiar corresponden a ambos cónyuges.

2. Los cónyuges gestionarán el patrimonio común y los suyos privativos con la debida diligencia y teniendo en cuenta el interés de la familia.

3. Los cónyuges deben informarse recíprocamente sobre la gestión del patrimonio común y de los suyos privativos, y sobre los resultados económicos de la profesión o negocio que ejerzan.

Artículo 46. Desacuerdos sobre la gestión de la economía familiar.

1. En los supuestos de graves o reiterados desacuerdos sobre la gestión de la economía familiar, cualquiera de los cónyuges podrá solicitar del Juez la disolución y división del consorcio, rigiendo en su caso, y para lo sucesivo, la separación de bienes.

2. La misma decisión podrá solicitar un cónyuge cuando el otro incumpla reiteradamente su deber de informar.

SECCIÓN II. GESTION DE LOS BIENES COMUNES.

Artículo 47. Pactos sobre gestión.

1. La gestión del patrimonio común corresponde a los cónyuges, conjuntamente o por separado, en la forma pactada en capitulaciones matrimoniales.

2. En defecto de pactos válidos o para completarlos se aplicará lo dispuesto en los artículos siguientes.

Artículo 48. Actuación indistinta de cualquiera de los cónyuges.

Cada uno de los cónyuges está legitimado para realizar por sí solo sobre los bienes que integran el patrimonio común:

Actos de administración ordinaria.

Actos de modificación inmobiliaria de fincas inscritas expresamente para el consorcio conyugal, como agrupaciones, segregaciones, divisiones, declaraciones de obra nueva o constitución de edificios en régimen de propiedad horizontal. Si estuvieran inscritas con carácter presuntivamente consorcial, para su inscripción dichos actos deberán ser otorgados por el cónyuge que las hubiera adquirido.

Actos de defensa, judicial o extrajudicial.

Actos de disposición necesarios para satisfacer las atenciones señaladas en la letra a del apartado 1 del artículo 36. Para justificar la necesidad del acto, será suficiente la declaración, en ese sentido, de la Junta de Parientes del otro cónyuge.

Artículo 49. Ejercicio de profesión o negocio.

1. Cada cónyuge estará legitimado para realizar los actos de administración o disposición incluidos en el tráfico habitual de su profesión o negocio.

2. Para probar en el tráfico que un acto está incluido en el giro habitual del que lo realiza, bastará que así resulte de la aseveración del Notario de que le consta por notoriedad.

Artículo 50. Actuación frente a terceros.

En cuanto a los bienes que figuren a su nombre exclusiva o indistintamente, o se encuentren en su poder, cada cónyuge está legitimado, frente a terceros de buena fe, para realizar actos de administración, así como los de disposición a título oneroso de dinero, valores mobiliarios, derechos de crédito y cualesquiera otros bienes muebles.

Artículo 51. Actuación conjunta de ambos cónyuges.

En los supuestos no comprendidos en los artículos anteriores, la realización de actos de administración extraordinaria o de disposición de bienes comunes corresponde a ambos cónyuges conjuntamente o a uno de ellos con el consentimiento del otro.

Artículo 52. Autorización judicial.

Cuando un cónyuge pretenda realizar o haya realizado actos de administración o disposición a título oneroso que requieran el consentimiento del otro cónyuge y éste se halle impedido para prestarlo o se niegue injustificadamente a ello, resolverá el Juez.

Artículo 53. Falta de consentimiento en actos a título oneroso.

1. La venta de cosa común por uno solo de los cónyuges cuando es necesario el consentimiento de ambos es válida y produce sus efectos obligacionales exclusivamente entre las partes contratantes y sus herederos, pero la entrega de la cosa, en cualquier forma que se realice, no transmite la propiedad al comprador.

2. El cónyuge cuyo consentimiento se omitió puede prestarlo expresa o tácitamente con posterioridad, pero no se presume en ningún caso.

Mientras no consienta, puede interponer demanda contra el comprador en petición de que se declare que la compraventa en que no ha sido parte le es inoponible, así como exigir la restitución al patrimonio común de la cosa vendida y entregada, salvo que el comprador haya adquirido la propiedad por usucapión o, si es el caso, en virtud de las reglas de protección de terceros de buena fe.

3. El comprador tiene contra el vendedor las acciones de incumplimiento y las demás que deriven de la compraventa.

4. Las mismas reglas se aplicarán en los demás casos de transmisión o disposición de bienes comunes a título oneroso.

Artículo 54. Rescisión por fraude.

El acto de disposición realizado a título oneroso por uno de los cónyuges sobre el patrimonio común en fraude de los derechos del otro cónyuge podrá rescindirse a solicitud de este último, si el adquirente hubiese sido cómplice en el fraude.

Artículo 55. Actos inter vivos a título lucrativo.

Será nula de pleno derecho la donación de un bien consorcial realizada por uno solo de los cónyuges. Se exceptúan las liberalidades usuales según las circunstancias de la familia.

Artículo 56. Disposiciones por causa de muerte.

1. Cualquiera de los cónyuges podrá disponer por causa de muerte de su participación en el patrimonio común.

2. A la disposición por causa de muerte de bienes determinados del patrimonio común, en defecto de otra previsión, le serán de aplicación las siguientes reglas:

Si la realizara un cónyuge a favor del otro, éste adquirirá su propiedad directamente al deferirse la herencia de aquél, sin necesidad de liquidación del consorcio.

Si fuera hecha por ambos cónyuges conjuntamente, al deferirse la herencia del que primero fallezca, el legatario tendrá derecho a que en la liquidación del consorcio la mitad indivisa de los indicados bienes se adjudique a la parte correspondiente al causante.

Cuando se realice por uno solo de los cónyuges a favor de persona distinta del otro, sólo producirá sus efectos si al liquidarse el consorcio los bienes fueran adjudicados a la herencia del disponente; en caso contrario, se entenderá legado el valor que tuvieran al tiempo de la delación.

3. Si un cónyuge lega los derechos que le corresponden en un bien determinado del patrimonio común, el legado se limitará a una mitad indivisa del mismo o, si todo él se adjudica al otro cónyuge, al valor de la mitad al tiempo de la delación.

Artículo 57. Adquisiciones por uno solo de los cónyuges.

Cuando un bien haya sido adquirido por uno solo de los cónyuges a costa del patrimonio común contra la voluntad del otro cónyuge, por solicitud de este último al liquidarse el consorcio el bien adquirido se integrará en el patrimonio privativo del adquirente, reembolsando al patrimonio común el valor actualizado del precio y demás gastos de la adquisición.

Artículo 58. Atribución de la gestión a uno solo de los cónyuges.

El cónyuge cuyo consorte se encuentre imposibilitado para la gestión del patrimonio común podrá solicitar del Juez que se la confiera a él solo. El Juez podrá acceder a lo solicitado y señalar límites o cautelas a la gestión concedida, según las circunstancias.

Artículo 59. Privación de la gestión.

Cuando por actos de uno de los cónyuges se haya puesto en peligro repetidamente la economía familiar, el otro cónyuge puede pedir al Juez que prive a aquél en todo o en parte de sus facultades de gestión.

Artículo 60. Concreción automática de facultades.

La gestión del patrimonio común corresponderá al cónyuge del incapacitado o declarado ausente. Necesitará, no obstante, autorización del Juez o de la Junta de Parientes de su cónyuge para los actos de disposición sobre inmuebles o establecimientos mercantiles.

SECCIÓN III. GESTIÓN DE LOS BIENES PRIVATIVOS.

Artículo 61. Gestión de los bienes privativos.

1. Corresponde a cada cónyuge la administración y disposición de sus propios bienes.

2. El cónyuge que administra bienes privativos de su consorte con su consentimiento o sin su oposición tiene las obligaciones y responsabilidades de un mandatario, pero no está obligado a rendir cuentas del destino de los frutos percibidos, salvo que se demuestre que los ha empleado en su propio beneficio. El propietario de los bienes puede recuperar la administración a su voluntad.

3. El cónyuge que administre bienes privativos del otro contra su voluntad responderá de los daños y perjuicios que ocasione, descontados los lucros que el propietario haya obtenido por la gestión.

CAPÍTULO IV.
DISOLUCION, LIQUIDACION Y DIVISION DEL CONSORCIO.
SECCIÓN I. DISOLUCION DEL CONSORCIO.

Artículo 62. Causas de disolución de pleno derecho.

El consorcio conyugal concluirá de pleno derecho:

Por voluntad de ambos cónyuges expresada en capítulos matrimoniales.

Cuando se disuelva el matrimonio.

Cuando sea declarado nulo.

Cuando judicialmente se conceda la separación de los cónyuges.

Artículo 63. Causas de disolución por decisión judicial.

El consorcio conyugal concluirá por decisión judicial, a petición de uno de los cónyuges, en los casos siguientes:

Haber sido un cónyuge judicialmente incapacitado o declarado ausente, cuando lo pida el otro; también cuando lo pida la persona que represente al incapacitado o ausente, y, en el caso de incapacitado sujeto a curatela, cuando lo pida este con asistencia del curador.

Haber sido el otro cónyuge condenado por abandono de familia.

En los casos de las letras a y b, para que el Juez acuerde la disolución bastará que quien la pida presente la correspondiente resolución judicial.

Llevar separados de hecho más de un año.

Concurrir alguna de las causas a que se refiere el artículo 46.

Haber optado por la disolución del consorcio en caso de ejecución sobre bienes comunes por deudas privativas del otro cónyuge, conforme a lo especialmente dispuesto en el apartado 2 del artículo 43.

Haber optado por la disolución del consorcio en caso de concurso de acreedores del otro cónyuge con inclusión de los bienes comunes en la masa activa, conforme a la legislación concursal.

Artículo 64. Medidas provisionales.

Admitida la demanda de nulidad, separación o divorcio, o iniciado el proceso en que se haya solicitado la disolución del consorcio, cualquiera de los cónyuges podrá solicitar la formación de inventario y, a falta de acuerdo entre los cónyuges, el Juez señalará las reglas que deban observarse en la administración y disposición de los bienes comunes. En defecto de acuerdo entre los cónyuges, se requerirá autorización judicial para todos los actos que excedan de la administración ordinaria.

Artículo 65. Momento de eficacia de la disolución.

1. La disolución, si es de pleno derecho, se produce desde que concurre su causa y, en los casos que requieren decisión judicial, desde la fecha que en ella se fije o, en su defecto, desde la fecha de la resolución en que se acuerde.

2. En los casos de nulidad, separación o divorcio y en los de disolución de la comunidad conyugal por decisión judicial, el Juez podrá retrotraer los efectos de la disolución hasta el momento de admisión a trámite de la demanda, pero quedarán a salvo los derechos adquiridos por terceros.

Artículo 66. Régimen subsiguiente.

1. Cuando el consorcio se disuelva constante matrimonio, existirá entre los cónyuges separación de bienes, salvo que pacten otro régimen.

2. La separación de bienes no se altera por la reconciliación de los cónyuges en caso de separación personal o por la desaparición de cualquiera de las demás causas que la hubiesen motivado.

Artículo 67. Disolución por nulidad del matrimonio.

Si la sentencia de nulidad del matrimonio declara la mala fe de uno solo de los cónyuges, el que hubiera obrado de buena fe podrá optar por la liquidación del régimen matrimonial según las normas de este capítulo o por la aplicación retroactiva del régimen de separación de bienes.

SECCIÓN II. LA COMUNIDAD QUE CONTINUA TRAS LA DISOLUCIÓN.

Artículo 68. Bienes comunes.

Disuelta la comunidad matrimonial y hasta tanto no se divida, ingresarán en el patrimonio común:

Los frutos y rendimientos de los bienes comunes.

Los bienes y caudales procedentes de sustitución o enajenación de bienes comunes.

Los incrementos y accesiones de los bienes comunes, sin perjuicio de los reintegros que procedan.

Artículo 69. Deudas comunes.

1. Además de las deudas y responsabilidades comunes originadas durante el consorcio conyugal, tras la disolución serán también de responsabilidad de los bienes comunes las deudas y gastos derivados de la gestión del patrimonio común.

2. De las deudas comunes contraídas tras la disolución responde también el gestor que las contrajo, quien, en defecto de bienes comunes, podrá obligar a los demás partícipes a contribuir al pago en proporción a sus cuotas.

Artículo 70. Responsabilidad de los bienes comunes.

1. Hasta la división, el patrimonio común responde del pago de las deudas comunes, pero los acreedores que pretendan cobrar una deuda de esta naturaleza sobre bienes comunes habrán de proceder contra ambos cónyuges o sus herederos.

2. Los acreedores privativos de los cónyuges o de sus herederos no pueden proceder contra bienes concretos de la comunidad disuelta y no dividida, pero sí contra los derechos que a su deudor puedan corresponder sobre los mismos en la liquidación de aquélla.

Artículo 71. Disolución por muerte.

1. Disuelto el consorcio y hasta tanto no se adjudique su patrimonio, el cónyuge viudo lo administrará, salvo cuando al producirse la disolución se encontrasen ya en trámite los procedimientos dirigidos a obtener la declaración de nulidad del matrimonio, el divorcio, la separación, o la disolución del consorcio.

2. El cónyuge viudo podrá deducir del patrimonio de la comunidad disuelta alimentos para sí y las personas que con el matrimonio convivían y mientras continúen viviendo en casa, pero cuando sea titular del usufructo de viudedad sólo a falta o insuficiencia de frutos de los bienes comunes.

3. El viudo, a expensas de los bienes comunes, y aun de los que fueron privativos del cónyuge finado, mientras unos y otros estén indivisos, puede por sí solo, con ocasión de casarse un hijo o hija de ambos, hacerle donación análoga a la que marido y mujer hayan otorgado a favor de hijo o hija casados en vida de los dos.

4. El cónyuge viudo responderá de su gestión como administrador y dará cuenta de ella a los partícipes en cuanto exceda de las facultades que le pudieran corresponder en virtud del usufructo de viudedad. Cualquiera de los partícipes podrá, entonces, solicitar la aplicación de las mismas cautelas previstas para el usufructo vidual.

5. Habiendo sólo hijos comunes, los bienes consumibles que no aparezcan al tiempo de la división se presumen aprovechados en beneficio del consorcio.

Artículo 72. Disolución por otras causas.

En los demás casos de disolución, la administración y disposición de los bienes comunes se regirá por lo acordado por los cónyuges o partícipes y, en su defecto, se estará a lo dispuesto por el Juez en el correspondiente procedimiento.

Artículo 73. Disposición por causa de muerte.

La disposición por causa de muerte mientras la masa común no haya sido dividida se regirá por lo dispuesto en el artículo 56.

Artículo 74. Preferencia del derecho de viudedad.

Los derechos y obligaciones derivados de la viudedad son preferentes a los contenidos en esta sección.

Artículo 75. Régimen supletorio.

A la comunidad regulada en esta sección le será de aplicación, en cuanto no contradiga su naturaleza, el régimen jurídico de la comunidad hereditaria.

SECCIÓN III. LIQUIDACIÓN Y DIVISIÓN.

Artículo 76. Derecho a la división.

1. Disuelto el consorcio, cualquiera de los cónyuges o partícipes tiene derecho a promover en cualquier tiempo la liquidación y división del patrimonio consorcial. También se hallan legitimados para ello el fiduciario y el contador partidor de la herencia del cónyuge premuerto o de cualquier partícipe.

2. En caso de disolución por muerte, a la prohibición de división pactada en capítulos o dispuesta en testamento mancomunado por ambos cónyuges y al convenio de indivisión unánimemente acordado por los partícipes se aplicarán las previsiones contenidas en el artículo 50 de la Ley de sucesiones por causa de muerte.

Artículo 77. Modalidades de liquidación y división.

1. Los cónyuges o partícipes pueden, mediante acuerdo unánime, liquidar y dividir por sí mismos el patrimonio consorcial, así como encomendar a terceros la liquidación y división.

2. El fiduciario o contador partidor de la herencia del premuerto, actuando junto con el cónyuge viudo que no ejerza dichos cargos, pueden practicar la liquidación y división de la comunidad matrimonial disuelta sin que sea necesaria la concurrencia de los partícipes.

3. El cónyuge viudo que sea fiduciario del premuerto, para realizar la liquidación y división, necesitará la autorización de cualquiera de los legitimarios con plena capacidad de obrar y, si son todos menores o incapaces, de la Junta de Parientes o del Juez competente; y no habiendo legitimarios, precisará de la autorización del Juez.

Dichas autorizaciones no serán necesarias cuando se limite a adjudicar proindiviso todos y cada uno de los bienes a los herederos del cónyuge premuerto y a él mismo en igual proporción en que sean cotitulares del patrimonio.

4. Si la liquidación y división no se pudiera llevar a cabo de alguna de las formas recogidas en este precepto, se practicará, a instancia de cualquiera de los cónyuges o partícipes, conforme a lo previsto en la Ley de enjuiciamiento civil.

Artículo 78. Capacidad.

A la liquidación y división voluntaria con cónyuges incapacitados o partícipes en igual situación o menores de edad se le aplicarán las previsiones contenidas en los artículos 51 y 52 de la Ley de sucesiones por causa de muerte.

Artículo 79. Inventario.

A petición de cualquiera de los cónyuges o partícipes, la liquidación de la comunidad conyugal disuelta comenzará por un inventario del activo y pasivo del patrimonio consorcial.

Artículo 80. Activo del inventario.

En el activo se incluirán las siguientes partidas:

Todos los bienes y derechos que se hallen en poder de los cónyuges o partícipes al tiempo de formalizarlo y que, real o presuntivamente, sean comunes, así como aquéllos de igual naturaleza que se pruebe existían al cesar la comunidad matrimonial, todo ello a salvo de lo dispuesto en el apartado 5 del artículo 71 y en el artículo 87.

Los créditos de la comunidad contra terceros.

Los derechos de reembolso de la comunidad contra los patrimonios privativos de los cónyuges.

Artículo 81. Pasivo del inventario.

En el pasivo se incluirán las siguientes partidas:

Las deudas pendientes de cargo o responsabilidad de la comunidad.

Los reintegros debidos por la comunidad a los patrimonios privativos de los cónyuges.

Artículo 82. Liquidación concursal.

Cuando el activo inventariado no baste para satisfacer las deudas consorciales y los reintegros a los patrimonios privativos, se aplicarán las normas sobre concurrencia y prelación de créditos.

Artículo 83. Liquidación ordinaria.

1. Una vez determinado que existe efectivamente un activo consorcial superior al pasivo y cuál sea aquél, la liquidación seguirá este orden:

Compensación de lo debido por la masa común a los patrimonios privativos con lo que éstos, por cualquier concepto, deban a aquélla.

Imputación del saldo acreedor favorable a la comunidad en la respectiva participación en el consorcio del cónyuge deudor, hasta agotar su importe, salvo que opte por el reembolso en metálico o se acuerde su pago mediante dación de bienes de los patrimonios privativos.

Reembolso a la comunidad del saldo acreedor que no haya podido ser objeto de imputación, que también podrá acordarse que se haga mediante dación de bienes de los patrimonios privativos.

Pago a terceros de las deudas vencidas y aseguramiento de las pendientes.

Reintegro a cada uno de los patrimonios privativos del saldo acreedor resultante de la compensación del número 1, que, a falta de metálico suficiente, podrá hacerse mediante dación en pago de bienes consorciales.

2. Los reembolsos y reintegros se harán por su importe actualizado al tiempo de la liquidación.

3. Si para las operaciones precedentes fuera necesario vender o dar en pago bienes consorciales, se respetarán, en tanto sea posible, los mencionados en los dos artículos siguientes.

Artículo 84. Aventajas.

1. Los cónyuges tienen derecho a detraer de los bienes comunes, como aventajas, sin que sean computados en su lote, sus bienes de uso personal o profesional de un valor no desproporcionado al patrimonio consorcial.

2. Fallecido uno de los cónyuges, el sobreviviente podrá detraer ajuar de casa en consonancia con el tenor de vida del matrimonio; además de cualesquiera otros bienes comunes que, como tales aventajas, le conceda la costumbre local.

3. El derecho a las aventajas es personalísimo y no se transmite a los herederos.

Artículo 85. División y adjudicación.

1. Liquidado el patrimonio y detraídas las aventajas, el caudal remanente se dividirá y adjudicará entre los cónyuges o sus respectivos herederos por mitad o en la proporción y forma pactadas.

2. Cada cónyuge tiene derecho a que se incluyan con preferencia en su lote, sin perjuicio de las compensaciones que procedan, los siguientes bienes:

Los bienes comunes que hubieran pertenecido a su familia durante las dos generaciones inmediatamente anteriores a la suya.

Los bienes de uso personal o profesional que no constituyan aventajas.

La empresa o explotación económica que dirigiera.

Las acciones, participaciones o partes de sociedades adquiridas exclusivamente a su nombre, si existen limitaciones, legales o pactadas, para su transmisión al otro cónyuge o sus herederos, o cuando el adquirente forme parte del órgano de administración de la sociedad.

El local donde hubiese venido ejerciendo su profesión.

Los bienes que hubiera aportado al consorcio.

En caso de muerte del otro cónyuge, la vivienda donde al tiempo del fallecimiento el matrimonio tuviera su residencia habitual.

Artículo 86. Las deudas comunes tras la división.

1. La división no modifica la responsabilidad por deudas que correspondía a los patrimonios privativos o al común.

2. El cónyuge no deudor o sus herederos responderán solidariamente de las deudas comunes, pero exclusivamente con los bienes que les hayan sido adjudicados, aunque no se haya hecho inventario. Sin embargo, cuando dichos bienes no sean suficientes, responderán con su propio patrimonio del valor de lo adjudicado que hayan enajenado o consumido, así como del valor de la pérdida o deterioro de los bienes recibidos.

3. Si como consecuencia de ello resultare haber pagado un partícipe mayor cantidad de la que le fuere imputable, podrá repetir contra los que resultasen favorecidos y en la proporción en que lo hayan sido.

Artículo 87. Liquidación de varias comunidades.

Cuando, extinguida la comunidad, contrae uno de los anteriores cónyuges ulteriores nupcias sin previa división, se hará separadamente liquidación de cada comunidad. Entre ellas se verificarán los reintegros y reembolsos que procedan. Los bienes y deudas cuya condición no pudiera ser exactamente determinada se distribuirán equitativamente, atendiendo además al tiempo y duración de cada comunidad y a los bienes e ingresos de los respectivos cónyuges.

Artículo 88. Régimen supletorio.

A la liquidación y división del consorcio conyugal les serán de aplicación, en lo no previsto en esta sección y en tanto lo permita su naturaleza, las normas de la liquidación y partición de la comunidad hereditaria.

NOTA: A continuación también hago una transcripción de los artículos 11 a 27 de esta Ley 2/2003, de 12 de febrero, relativos a las capitulaciones matrimoniales y al régimen de separación de bienes en el Derecho Civil Aragonés, por ser temas complementarios al Consorcio Conyugal Aragonés.

Artículo 11.- Régimen económico matrimonial: 1. El régimen económico del matrimonio se ordenará por las capitulaciones que otorguen los cónyuges. 2. En defecto de pactos en capitulaciones sobre el régimen económico del matrimonio o para completarlos en tanto lo permita su respectiva naturaleza, regirán las normas del consorcio conyugal regulado en el Título IV. 3. Quienes, por razón de su cargo o profesión, intervengan en todo expediente matrimonial procurarán que se consigne en el Registro Civil el régimen económico de los contrayentes y les informarán sobre las posibilidades y consecuencias en orden al régimen económico matrimonial de acuerdo con la legislación aplicable.

Artículo 12.- Derechos de terceros. La modificación del régimen económico del matrimonio no perjudicará en ningún caso los derechos ya adquiridos por terceros.

TÍTULO II
De los capítulos matrimoniales

Artículo 13.- Contenido y forma de los capítulos: 1. Los capítulos matrimoniales podrán contener cualesquiera estipulaciones relativas al régimen familiar y sucesorio de los contrayentes y de quienes con ellos concurran al otorgamiento, sin más límites que los del principio standum est chartae. 2. Los capítulos matrimoniales y sus modificaciones requieren, para su validez, el otorgamiento en escritura pública.

Artículo 14.- Idioma de los capítulos: Los capítulos matrimoniales podrán redactarse en cualquiera de las lenguas o modalidades lingüísticas de Aragón que los otorgantes elijan. Si el notario autorizante no conociera la lengua o modalidad lingüística elegida, los capítulos se otorgarán en presencia y con intervención de un intérprete, no necesariamente oficial, designado por los otorgantes y aceptado por el notario, que deberá firmar el documento.

Artículo 15.- Tiempo y eficacia: 1. Los capítulos matrimoniales pueden otorgarse y modificarse antes del matrimonio y durante el mismo. 2. Si se otorgan antes del matrimonio, no producirán efectos hasta la celebración de éste, salvo que prevean un momento posterior para su eficacia. 3. En cualquier caso, los otorgantes pueden someter la eficacia de las estipulaciones a condición o término, incluso darles efecto retroactivo, sin perjuicio de los derechos adquiridos por terceros.

Artículo 16.- Inoponibilidad a terceros: 1. Las estipulaciones capitulares sobre régimen económico matrimonial son inoponibles a los terceros de buena fe. 2. La buena fe del tercero no se presumirá cuando el otorgamiento de los capítulos matrimoniales conste en el Registro Civil.

Artículo 17.- Capacidad: 1. Los mayores de catorce años podrán consentir las estipulaciones que determinen o modifiquen el régimen económico de su matrimonio. Sin embargo: a) Los mayores de catorce años menores de edad, si no están emancipados, necesitarán la asistencia debida. b) Los incapacitados necesitarán la asistencia de su guardador legal, salvo que la sentencia de incapacitación disponga otra cosa.  2. Los demás actos y contratos que pueden otorgarse en capitulaciones requerirán la capacidad que las normas que los regulan exijan en cada caso.

Artículo 18.- Modificación de estipulaciones capitulares: 1. Tanto antes como después de celebrado el matrimonio, la modificación de las estipulaciones que determinan el régimen económico familiar requiere únicamente el consentimiento de las personas que están o han de quedar sujetas a dicho régimen.  2. La modificación del régimen económico matrimonial permite la revocación de los actos y negocios patrimoniales contenidos en los capítulos y que se otorgaron en atención al régimen que ahora se modifica, a no ser que sus otorgantes presten consentimiento para la modificación. El notario que autorice la escritura de modificación notificará su otorgamiento a los que intervinieron en las capitulaciones matrimoniales que se modifican dentro de los ocho días hábiles siguientes. Sin perjuicio de las responsabilidades a que hubiere lugar, la falta de notificación no afectará a la eficacia de la modificación. 3. La revocación unilateral de los pactos sucesorios precisará de los requisitos establecidos en el artículo 86 de la Ley de sucesiones por causa de muerte.

Artículo 19.- Instituciones familiares consuetudinarias: Cuando las estipulaciones hagan referencia a instituciones familiares consuetudinarias, tales como «dote», «firma de dote», «hermandad llana», «agermanamiento» o «casamiento al más viviente», «casamiento en casa», «acogimiento o casamiento a sobre bienes», «consorcio universal o juntar dos casas» y «dación personal», se estará a lo pactado, y se interpretarán aquéllas con arreglo a la costumbre y a los usos locales.

Artículo 20.- Otras situaciones de comunidad: Al disolverse un consorcio entre matrimonios u otra situación permanente de comunidad familiar, como las derivadas de heredamiento o acogimiento, los beneficios obtenidos con el trabajo común se dividirán entre los asociados en proporción equitativa, conforme a la costumbre y atendidas las diversas aportaciones en bienes o trabajo, los beneficios ya percibidos, las causas de disolución y demás circunstancias.

TÍTULO III
Del régimen de separación de bienes

Artículo 21.- Aplicación del régimen: El régimen económico del matrimonio será el de separación de bienes: a) Cuando así lo hayan acordado los cónyuges en capitulaciones matrimoniales. b) En todo caso de exclusión o disolución del consorcio conyugal, si los cónyuges no han pactado otro régimen.

Artículo 22.- Régimen jurídico: El régimen económico de separación de bienes se regirá en primer término por lo convenido por los cónyuges en los capítulos que lo establezcan; en su defecto, por las normas establecidas en el presente Título para este régimen y, subsidiariamente, por las normas del consorcio conyugal en tanto lo permita su naturaleza.

Artículo 23.- Contenido. 1. En el régimen de separación de bienes, pertenecerán a cada cónyuge los que tuviese en el momento inicial del mismo y los que después adquiera por cualquier título. Asimismo, corresponderá a cada uno la administración, goce y libre disposición de tales bienes. 2. Salvo renuncia expresa, ambos cónyuges conservarán el derecho de viudedad.

Artículo 24.- Titularidad de los bienes: 1. La titularidad de los bienes corresponderá a quien determine el título de su adquisición. 2. Cuando no sea posible acreditar a cuál de los cónyuges corresponde la titularidad de algún bien o derecho o en qué proporción, se entenderá que pertenece a ambos por mitades indivisas. 3. Se exceptúan de lo establecido en el apartado anterior los bienes muebles de uso personal o que estén directamente destinados al desarrollo de la actividad o profesión de uno de los cónyuges y que no sean de extraordinario valor, que se presumirá que pertenecen a éste.

Artículo 25.- Gestión con mandato expreso: Cada cónyuge podrá en cualquier tiempo conferir al otro mandato expreso para la administración de sus bienes, así como revocarlo, condicionarlo o restringirlo.

Artículo 26.- Gestión sin mandato expreso: 1. Cuando uno de los cónyuges administra o gestiona bienes o intereses del otro sin su oposición tiene las obligaciones y responsabilidades de un mandatario, pero no está obligado a rendir cuentas del destino de los frutos percibidos, salvo que se demuestre que los ha empleado en su propio beneficio. El propietario de los bienes puede recuperar la administración a su voluntad. 2. El cónyuge que administre bienes del otro contra su voluntad responderá de los daños y perjuicios que ocasione, descontados los lucros que el propietario haya obtenido por la gestión.

Artículo 27.- Responsabilidad por deudas: El régimen de separación de bienes atribuye a cada cónyuge la responsabilidad exclusiva de las obligaciones por él contraídas, salvo en los casos previstos en el artículo 7.

Casarse es asumir juntos un futuro imprevisible

martes, 23 marzo 2010

Una de mis lectoras de este blog de derecho matrimonial y de familia me ha enviado un precioso vídeo publicado en Youtube, que resume bien y en pocos minutos lo que significa el matrimonio y lo que implica casarse realmente: “asumir juntos un futuro impredecible e imprevisible”.

Sólo bajo esta premisa de entregarse y aceptarse mutuamente, los esposos pueden edificar un verdadero hogar armonioso y feliz, lleno de paz, amor y respeto, pero no excento de dificultades y pruebas que en vez de debilitar el amor, lo fortalece.

Son cuatro bellos minutos llenos de realismo, color y ternura en dibujos animados de Pixar y Disney sobre la historia de amor de Carl y Ellie.

Capitulaciones matrimoniales: acuerdos ventajosos para los enamorados

domingo, 14 marzo 2010

tribuna derecho 1 211x300 - Capitulaciones matrimoniales: acuerdos ventajosos para los enamoradosLas capitulaciones matrimoniales son un documento público otorgado ante Notario, mediante Escritura Pública, en el que los cónyuges o los futuros cónyuges (prometidos), en pleno uso de su libertad y de sus facultades, pactan el contenido patrimonial de su matrimonio o de su futuro matrimonio. El artículo 1325 del Código Civil Español estable que “en capitulaciones matrimoniales podrán los otorgantes estipular, modificar o sustituir el régimen económico de su matrimonio o cualesquiera otras disposiciones por razón del mismo”. También se conocen con el nombre de pactos o acuerdos prenupciales o acuerdos prematrimoniales.

En cuanto a esas otras disposiciones en razón del matrimonio, pueden ser muy variadas, siempre y cuando no sean ilícitas ni inmorales ni contradigan o limiten la igualdad de derechos y deberes entre los cónyuges. El artículo 1328 del Código Civil establece que “será nula cualquier estipulación contraria a las leyes o a las buenas costumbres o limitativa de la igualdad de derechos que corresponda a cada cónyuge.” Por ejemplo, no se pueden pactar estipulaciones contrarias a la patria potestad, ni a la tutela, ni que alteren los efectos personales del matrimonio, como sería el de no vivir juntos, no guardarse fidelidad, ni prestarse alimentos, etc.

Sí se pueden pactar aspectos relativos a una hipoteca, al reconocimiento de hijas e hijos extramatrimoniales, a las donaciones por razón del matrimonio (artículos 1338, 1341 del Código Civil español). Igualmente, en los artículos 826, 827 y 831 del Código Civil español se reconocen efectos a los pactos relativos al tercio de mejora hereditaria cuando se encuentren contenidos en las capitulaciones matrimoniales de los esposos.

Si las capitulaciones matrimoniales se otorgan antes del matrimonio y en el plazo de un año desde la realización de las mismas no se contrae matrimonio, se convierten en ineficaces y, por lo tanto, no producen efectos.

Para que una persona menor de edad pueda hacerlas necesitará el consentimiento de sus progenitores o tutores, salvo para establecer el régimen de separación de bienes o el de participación. Para que una persona incapacitada pueda hacerlas necesitará la asistencia legal de su tutor o tutora.

Tras la celebración del matrimonio, los cónyuges pueden en cualquier momento modificar el régimen económico de su matrimonio, mediante el otorgamiento de nuevas capitulaciones. No obstante, “la modificación del régimen económico matrimonial realizada durante el matrimonio no perjudicará en ningún caso los derechos ya adquiridos por terceros” (artículo 1317 del C.C.). Podrá rescindirse la posterior modificación del régimen económico matrimonial, si con ello se pretende provocar un fraude a los acreedores, amañando la insolvencia del cónyuge deudor.

El artículo 1333 del Código Civil establece que “en toda inscripción de matrimonio en el Registro Civil se hará mención, en su caso, de las capitulaciones matrimoniales que se hubieren otorgado, así como de los pactos, resoluciones judiciales y demás hechos que modifiquen el régimen económico del matrimonio. Si aquéllas o éstos afectaren a inmuebles, se tomará razón en el Registro de la Propiedad, en la forma y a los efectos previstos en la Ley Hipotecaria”.

Así mismo, el artículo 1332 prevé que, en caso de modificación de anteriores capitulaciones matrimoniales el Notario autorizante habrá de hacerlo constar, mediante nota, en la escritura correspondiente. Las capitulaciones y sus modificaciones que no se hayan inscrito en el Registro Civil, no serán oponibles a los terceros interesados.

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Podría decirse que las capitulaciones matrimoniales son acuerdos ventajosos, especialmente cuando uno de los contrayentes, o los dos, ya tienen bastantes bienes privativos o bastantes deudas propias, evitando así “futuros disgustos” en caso de que llegara la separación, el divorcio o la nulidad matrimonial. Muchas veces, durante el noviazgo o durante el matrimonio, se tiene cierto miedo o reticencia a hablar de ello, porque equivocadamente se puede pensar que no es nada romántico o que no es “muestra de amor” el hacerlas o que esto significa desconfianza. Pero nada más lejos de la realidad.

En varias ocasiones vemos a los futuros casados preparando al detalle todos los planes de la boda (los trajes, el menú, los invitados, el sitio donde van a celebrar la fiesta, el viaje de la luna de miel, las fotos o los videos para el recuerdo, etc.) y en ningún momento han pensado qué régimen económico matrimonial desean elegir o les conviene más para su matrimonio.

Sobre este tema de las capitulaciones matrimoniales y de los acuerdos prematrimoniales, ha sido consultado el Despacho de Abogados Alzate Monroy & Asociados en algunas revistas especializadas como, por ejemplo, La Tribuna del Derecho, en su edición Nº 79 del mes de febrero de 2010.

 

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

El derecho expectante de viudedad

lunes, 4 enero 2010

La viudedad en el Derecho Foral Aragonés es el derecho que tiene el cónyuge viudo(a) a usar y disfrutar de todos los bienes que fueron privativos de su cónyuge o que fueron comunes del matrimonio. En el derecho aragonés, a la muerte de un cónyuge y salvo pacto en contrario, le corresponde al viudo(a) el derecho a usar y disfrutar de todos los bienes muebles existentes en el momento del fallecimiento y de todos los bienes inmuebles que, durante la vigencia del matrimonio, hubiesen entrado en el patrimonio común o en el privativo del cónyuge fallecido.

Por tanto, el momento del fallecimiento de uno de los cónyuges es el que determina el nacimiento del derecho de usufructo del otro cónyuge. Sin  embargo, durante la vida del matrimonio,  ambos cónyuges son titulares de una  expectativa,  de un derecho que se puede ejercer en el futuro: es lo que denominamos el derecho expectante de viudedad. Durante el matrimonio, el derecho de viudedad se manifiesta como derecho expectante a favor de cada uno de los cónyuges sobre los bienes del otro y sobre los bienes consorciales.

Por ejemplo, si el marido es propietario de un piso, su mujer tiene un derecho expectante de viudedad sobre ese piso. Esto quiere decir que la mujer tiene derecho a disfrutar de ese piso, tiene  derecho  al  usufructo,  cuando  el marido  fallezca y viceversa. Podría decirse que la  viudedad aragonesa se regula diferenciando dos etapas:  la primera durante el matrimonio, a través del derecho expectante de  viudedad y la segunda, fallecido uno de los cónyuges, con el usufructo de viudedad.

Desde que los cónyuges contraen matrimonio sometidos al Derecho Foral Aragonés, cada uno adquiere el derecho  expectante de viudedad sobre los bienes propios del otro cónyuge, es decir, sobre los que había adquirido con anterioridad al matrimonio. Una vez casados, durante la vida del matrimonio, si uno de los cónyuges adquiere con  carácter privativo un bien, su consorte adquiere simultáneamente el derecho expectante de viudedad. Cuando se adquieren bienes comunes, cada uno de los cónyuges adquiere el derecho expectante de viudedad sobre la mitad correspondiente a su consorte en tales bienes.

Es por esto que el  derecho  expectante de viudedad  se considera  como  una  carga  o gravamen que recae sobre los bienes de un cónyuge en beneficio del otro. Quiere decir que el marido o la mujer pueden vender un piso, una casa o cualquier otro inmueble de propiedad exclusiva o privativa. Pero si venden ese piso, esa casa o ese otro inmueble privativo, el derecho expectante de viudedad de cualquiera de los dos persiste de forma que, si uno fallece antes que el otro(a), ese derecho  expectante se convertirá en un derecho de usufructo real y cualquiera de los dos podrá reclamar al comprador del piso, de la casa o del inmueble que se lo entregue para su disfrute.

Obviamente, nadie está  dispuesto  a  comprar  ni un piso, ni una casa ni cualquier otro bien inmueble que se encuentra gravado con el derecho expectante de viudedad. Este es el motivo por el cual en Aragón, siempre que se desea vender un inmueble, y aunque sea propio de uno de los cónyuges, el otro consorte debe comparecer también en la firma del documento para renunciar al derecho expectante que tiene sobre ese inmueble. Lo mismo ocurre cuando se trata de enajenar bienes comunes o consorciales: ambos cónyuges deben renunciar expresamente a sus respectivos derechos expectantes de viudedad sobre la mitad consorcial del otro cónyuge en dichos bienes. No es posible que la renuncia sea tácita, ni sea una renuncia que se infiera de una actitud o conducta o de un hecho concluyente. En la legislación aragonesa no está prevista la renuncia tácita al derecho expectante de viudedad, porque vulnera el favor viduitatis.

La renuncia, para que sea válida y eficaz, no sólo ha de ser expresa (no se presume nunca, ni vale la renuncia tácita), sino que debe constar en escritura pública; es una renuncia unilateral, no recepticia y abdicativa; al ser la viudedad un derecho personalísimo, su renuncia también lo es: no admite representación, sin perjuicio de la validez del poder expreso y para acto concreto. La renuncia al derecho de viudedad es irrevocable;  puede ser total o parcial.

La viudedad es considerada como una institución del Derecho de Familia y es compatible con cualquier régimen económico matrimonial. La viudedad no es un efecto del régimen económico matrimonial, sino un efecto legal del matrimonio. Ello significa que la viudedad no depende del régimen económico matrimonial sino de que la ley aplicable a la celebración del matrimonio sea la aragonesa. Por esto, el usufructo de viudedad recae sobre todo los bienes del que primero fallezca. Pero no comprende aquellos bienes de los cónyuges que reciban a título gratuito con prohibición de viudedad ni de aquellos que a su fallecimiento pasen a tercera persona. Por tratarse de una materia vinculada al matrimonio y no a al derecho de sucesiones, su regulacion se ha mantenido dentro de la Compilacion de Derecho civil  sin que se haya regulado en la ley autonómica de sucesiones por causa de muerte.

La separación de bienes no es una causa de extinción del derecho expectante de viudedad.

Los cónyuges pueden pactar libremente sobre el derecho de viudedad y el derecho expectante de viudedad para ampliarlo, disminuirlo o renunciar a él, bien sea en escritura pública o mancomunadamente en testamento. También cada cónyuge puede privar al otro en testamento de su derecho de viudedad exclusivamente por algunas de las causas de desheredación  señaladas en la Ley de sucesiones por causa de muerte.

El cónyuge viudo estará obligado a formalizar inventario de todos los bienes sujetos al usufructo vidual y a prestar fianza: a) Cuando así lo hubiese establecido el premuerto. b) Cuando lo exijan los nudos propietarios. c) Cuando lo acuerde el Juez para salvaguardar el patrimonio hereditario.

El derecho de viudedad es inalienable e inembargable. Solamente podrá embargarse y transmitirse el usufructo de viudedad sobre bienes determinados como consecuencia del procedimiento de ejecución conjuntamente con el de nuda propiedad.

Existe la posibilidad de transformar el usufructo vidual en una renta mensual o como así se estime oportuno en ciertos casos determinados por la Ley. La no reclamación de su derecho por el viudo durante los 20 años siguientes a la defunción del otro cónyuge, hace extinguir el derecho; lo mismo se aplica a las parejas estables que no hayan contraido matrimonio.

El  cónyuge  viudo,  titular  de  la  viudedad,  no  es  un  heredero  ni  un  legatario  del  cónyuge premuerto, porque ese  usufructo no se origina por la muerte del cónyuge, sino por haber contraído matrimonio con el premuerto y tener, desde ese momento, una expectativa al usufructo de esos bienes (derecho expectante).

El derecho del viudo se antepone a los acreedores del causante y a los herederos de aquél, debido a que la viudedad concedida al cónyuge supérstite no es una adquisición sucesoria y a título lucrativo, sino una ventaja matrimonial que surge como consecuencia de la celebración del  matrimonio.

El derecho de viudedad se extingue: 1. Con la disolución del matrimonio por causa distinta de la muerte. 2. Por la admisión a trámite de la demanda de nulidad, separación, divorcio. 3. Cuando el supérstite incurre en algunas de las causas de indignidad señaladas en la Ley de sucesiones por causa de muerte (desheredación).

Debe distinguirse: 1. Si se trata de enajenación de bienes muebles, el derecho expectante de viudedad se extingue cuando éstos salen del patrimonio común o privativo, salvo que se hayan enajenado en fraude del derecho de viudedad. 2. Si se trata de enajenación de bienes inmuebles, puede darse: a) Enajenación voluntaria: el derecho expectante de viudedad no se extingue por esta enajenación, para que se extinga el cónyuge tendrá que renunciar expresamente a él, o que así lo declare el Juez por necesidades o intereses familiares, o cuando se haya notificado fehacientemente al otro cónyuge la enajenación y hayan transcurrido 2 años desde dicha notificación sin que se manifieste la voluntad de conservación. b) Enajenación judicial: el derecho se extinguirá si la enajenación ha  sido realizada para pagar deudas contraídas por ambos cónyuges o de responsabilidad común, así como las contraidas con anterioridad al matrimonio o por razón de sucesiones y donaciones o en el caso de notificación fehaciente del embargo al otro cónyuge al menos diez días hábiles antes de la subasta y éste no manifieste su voluntad de conservarlo.

Si durante el trámite de divorcio o de nulidad matrimonial, y antes de dictarse sentencia, los cónyuges se reconcilian, nace nuevamente el derecho de viudedad.

El derecho de viudedad, tanto en el derecho foral aragonés como en los otros derechos forales, tiene sus propias especificidades. Por ejemplo:

A.- CATALUÑA:  Se habla de derechos sucesorios del cónyuge viudo en Cataluña, porque el viudo no es legitimario ni en la sucesión testada ni en la sucesión intestada. En la primera no ostenta derecho legitimario alguno, mientras que en la intestada la Ley llama al cónyuge viudo en el usufructo universal si concurre con herederos que sean hijos o descendientes, o como heredero en plena propiedad si el causante fallece sin hijos ni descendientes. Se trata más bien de derechos sucesorios o derechos matrimoniales mortis causa o beneficios viduales legales: 1) Derecho al ajuar de la vivienda. 2) El denominado Año de viudedad conocido también como año de luto. 3) La Tenuta. 4) La llamada Cuarta Vidual.

1) DERECHO AL AJUAR DE LA VIVIENDA: El artículo 35 del Código de Familia de Cataluña, Ley 9/1998 dice que el cónyuge supérstite no separado judicialmente o de hecho tendrá derecho a la propiedad de las prendas, mobiliario y enseres que constituyan el ajuar de la vivienda conyugal, sin computar dichos bienes en su haber hereditario. No son objeto de este derecho de predetracción: 1) Los bienes que siendo de titularidad del cónyuge premuerto consistan en alhajas, objetos históricos o artísticos no otros que tengan un valor extraordinario atendido el nivel de vida del matrimonio y el patrimonio relicto. 2) Tampoco los muebles de procedencia familiar cuando por actos de última voluntad el cónyuge premuerto los haya dispuesto a favor de otras personas.

2) AÑO DE VIUDEDAD: Según el artículo  36 del Código de Familia de Cataluña, durante al año siguiente a la muerte de uno de los cónyuges, el sobreviviente que no sea usufructuario universal del patrimonio del premuerto tendrá derecho a habitar toda la vivienda conyugal con la facultad de tomar posesión de la misma y a ser alimentado a cargo de este patrimonio en consonancia con el nivel de vida del matrimonio y con la importancia del caudal relicto. El cónyuge sobreviviente separado judicialmente o de hecho no tendrá estos derechos. También perderá estos derechos si dentro del año siguiente al fallecimiento vuelve a contraer matrimonio o convive maritalmente con otra persona, o en el caso de abandono o desatención grave de los hijos comunes bajo potestad. En ningún caso estará obligado a devolver el importe de los alimentos percibido. Se equipara a efecto de estos derechos las parejas estables (heterosexuales y las homosexuales).

3) LA TENUTA. Los artículos 38, 39 y 40 de la Compilación Foral la establecen como una institución de Derecho de Familia  independiente del régimen económico matrimonial de los cónyuges. Se puede definir como el derecho que tiene la viuda de poseer y usufructuar todos los bienes del marido con las facultades propias de un usufructuario, mientras no se le restituya la dote y se le pague el esponsalicio. Es un derecho transmisible y corresponderá así a los herederos de la madre. Si los hubiere de distintos matrimonios con derecho a tenuta, serán preferidos los del matrimonio más antiguo. La Tenuta se extiende a todos los bienes del marido, con las siguientes limitaciones: 1) No se extenderá a los bienes que el marido hubiese tenido en usufructo o a título de fiduciario. 2) Tampoco en el caso de que el marido haya garantizado la dote con bienes suficientes que produzcan renta, en cuyo caso quedará limitada a ellos. 3) Tampoco la mujer podrá retener bienes en concepto de Tenuta si existen en la herencia dinero o créditos realizables para verificar la restitución de la dote y ella es usufructuaria universal o administradora de los bienes de los hijos herederos del marido.

Para que proceda la Tenuta debe constar la entrega efectiva de la dote y la realización del inventario en los plazos y formas exigidas. Son obligaciones de la viuda: 1) Soportar las cargas que pesen sobre los mismos bienes. 2) Cumplir con las obligaciones de todo usufructuario, excepto prestar fianza. 3) Alimentar a los hijos menores, a los imposibilitados para el trabajo y a los que aún siendo mayores mantenía el marido en casa. La  tenuta se extinguirá en el mismo momento del pago.

4) LA CUARTA VIDUAL: Está contemplada en los artículos 379 a 386 del Código de Sucesiones de Cataluña. Se define como aquel derecho que corresponde al cónyuge sobreviviente para poder reclamar de los herederos una cuarta parte de la herencia líquida del premuerto, en los supuestos en los que este carezca de medios económicos suficientes para su congrua sustentación, considerando el nivel de vida que habían mantenido los consortes y el patrimonio relicto. Es un derecho atribuido directamente al cónyuge supérstite por la Ley y no hay que considerarlo por lo tanto como legítima del viudo. Tampoco otorga esta cuarta vidual la condición de heredero al viudo.

No se tendrá derecho a reclamar la cuarta vidual: 1. En caso de que al fallecer el otro cónyuge estuviera separado de él, legal o judicialmente, por una causa que le fuera exclusivamente imputable. 2. En caso de que el cónyuge supérstite sea declarado indigno para suceder al premuerto. 3. El sobreviviente perderá este derecho si abandona o descuida gravemente a los hijos comunes menores de edad. El cónyuge sobreviviente gozará de una acción personal para la reclamación de este derecho. Acción que se extinguirá por renuncia, fallecimiento, por contraer matrimonio o por convivencia marital, así como por prescripción a los 5 años de la muerte del consorte.

B.- BALEARES:

MALLORCA Y MENORCA: Los derechos sucesorios del cónyuge viudo en estas Islas se encuentran recogidos en la Compilación del Derecho Civil de las Islas Baleares aprobada por R.D. legislativo de 1990. Se considera al cónyuge viudo como legitimario o heredero forzoso siempre que no estuviera separado judicialmente o de hecho o bien lo estuviere por causas a él no imputables. La legítima del viudo es conmutable y se concreta en una cuota en usufructo siendo ella variable y dependiendo de las personas con las que concurra a la herencia: 1.  Con descendientes: usufructo de la mitad del haber hereditario. 2.  Con los padres: usufructo de dos tercios.3. En los demás supuestos: el usufructo universal.

IBIZA Y FORMENTERA: El cónyuge viudo no es legitimario en la sucesión voluntaria (testamentaria o contractual), pero sí ostenta un derecho abintestato de usufructo parcial (concurriendo con descendientes de la mitad, haciéndolo con ascendientes de dos tercios) y es heredero intestado en propiedad en defecto de descendientes y ascendientes.

C.- NAVARRA: El “usufructo legal de fidelidad” es una institución foral muy arraigada en Navarra. Regulada en la Compilación de derecho civil foral navarro. Es el derecho del cónyuge viudo a usufructuar la universalidad de los bienes dejados a su muerte por el cónyuge consorte. Esta figura se dará cuando el premuerto tuviera la condición foral de navarro al tiempo de su fallecimiento. Sin embargo esta situación de usufructo se extinguirá: 1) en los casos de separación de hecho o de derecho, 2) o en los casos de indignidad para suceder (el cónyuge que hubiera atentado contra la vida del otro cónyuge) o 3) en el caso de la pérdida de la patria potestad sobre los hijos comunes.

Existe también la facultad de privación del usufructo al otro cónyuge si éste ha incurrido en alguna de las causas contempladas en la Compilación, así como la posibilidad de su renuncia. Es un derecho inalienable. El usufructo abarca todos los bienes y derechos del premuerto; se excluyen algunos bienes, cuando están sujetos a sustitución fideicomisaria y también los derechos de usufructo, uso y habitación, los legados piadosos o para entierro y funeral, etc.

El viudo está obligado a hacer inventario de todos los bienes sobre los que se extienda el usufructo y a prestar fianza en caso de que así se estableciera por voluntad del disponente o por pacto. Además, el viudo administrará y explotará dichos bienes, pagará los gastos de última enfermedad, entierro y funeral del premuerto y todas las cargas concernientes al usufructo.

Este usufructo puede ser transformado en una renta similar a la anteriormente citada para el usufructo foral aragonés. Se asimilan a estos efectos las parejas estables que no hayan contraído matrimonio. El Derecho de aventajas por el cual pertenecerán en propiedad al cónyuge sobreviviente, sin que le sean computadas en su haber, las ropas, efectos de uso personal, ajuar de la casa cuyo valor ni fuese excesivo. También los instrumentos de trabajo de un valor no desproporcionado.

D.- PAÍS VASCO: Regulado el usufructo vidual en la Ley de Derecho Civil Foral de País Vasco de 1 de julio de 1992. Se trata de un usufructo sobre la mitad de todos los bienes del causante, en el caso de concurrencia con descendientes y ascendientes. En defecto de éstos, el usufructo será de dos tercios de todos los bienes. Este usufructo recaerá en primer lugar sobre los bienes no troncales y únicamente cuando éstos no basten para satisfacer la cuota se cubrirá con bienes troncales.

Este usufructo podrá ser objeto de conmutación por los tronqueros en un capital en efectivo cuando afecte a bienes troncales. Otros derechos viduales distintos de esta legítima son los derivados de la comunicación foral. También en este caso se equipararán las parejas de hecho estables a las matrimoniales a efectos del régimen sucesorio.

E.- GALICIA: El usufructo vidual en la Ley de 24 de mayo de 1995 de Derecho civil de Galicia. El viudo es legitimario y su legítima consiste en una cuota variable en usufructo dependiendo de las personas con las que concurra a la herencia, también es conmutable. La Compilación establece que el viudo(a) al que el cónyuge premuerto no otorgase disposición a su favor podrá optar por hacer efectiva su cuota usufructuaria primero sobre los bienes gananciales cuando concurra en la herencia con descendientes o ascendientes del causante. En caso de que no llegase para cubrir su cuota, ésta se completará sobre los bienes privativos del causante sin necesidad de prestar fianza.

La legislación gallega regula ampliamente el usufructo voluntario de viudedad, ya sea recíproco (en testamento mancomunado, capitulaciones matrimoniales o en cualquier otra escritura pública) o sea unilateral ( en cualquier clase de testamento, capítulos o escritura pública).

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

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