Pareciera un tópico afirmar que en España se incrementan los divorcios al terminar los períodos vacacionales del verano, la Semana Santa o las Navidades. Pero los Abogados de Familia sabemos que es así y las estadísticas de los Tribunales también lo corroboran. ¿Por qué sucede esto?

Resulta curioso que, justamente, cuando la convivencia familiar se intensifica, sobrevienen los problemas. Esto no debería suceder, porque las vacaciones son el mejor momento para compartir, descansar, dialogar, comunicarse, interrelacionarse, conocerse más y expresarse mejor esos afectos familiares. Obviamente, las rupturas surgen en aquellas parejas que ya arrastran desde antes problemas de comunicación y diálogo.

La comunicación en el matrimonio y en la familia es esencial e indispensable siempre. Muchas parejas se quejan de que durante el año, por el trabajo y los horarios, no es fácil compartir y comunicarse. Y justo, cuando en vacaciones pueden hacerlo, no lo hacen o no saben hacerlo. Todos entendemos que conformar un verdadero hogar no es tarea fácil, ni es cosa de un sólo miembro de la familia; es tarea de todos ayudar a conseguir una buena convivencia matrimonial y familiar.

Es en la familia donde se da el mayor grado de solidaridad y de afecto desinteresado y esa solidaridad y afecto deben demostrarse en todo momento, más aún durante las vacaciones, cuando todos los miembros de la familia deben descansar y ayudarse entre sí a descansar. Si cada uno piensa sólo en su propio descanso y en sus propios intereses y gustos y se olvida de que cada uno es responsable de que descansen todos por igual, vienen las fricciones o se aumentan las que ya existen. Es normal que las desaveniencias existan durante todo el año, puesto que las discusiones y los conflictos familiares son normales, incluso, hasta necesarios.

 Encontrar la raíz del problema, es encontrar la verdadera solución. La raíz del problema es la falta de diálogo y para dialogar se necesita confianza. Diálogo y confianza se retroalimentan: si no hay diálogo no hay confianza y viceversa. Y para dialogar no es necesario estar de acuerdo, sino saber comunicar las diferencias de opiniones, de gustos, de preferencias y de pareceres para respetarlas e intentar llegar a un arreglo. Un matrimonio que no lo hace durante todo el año,  difícilmente lo hará en las vacaciones. Pero lo puede conseguir, si se dan cuenta de cuál es el problema y cuál es la solución.

El problema no son las vacaciones, sino la falta de comunicación. La solución no es el divorcio sino recomponer el diálogo, la sinceridad y el afecto. Pero, si se deja pasar mucho tiempo sin identificar el problema ni ponerle solución, a veces, ya no hay arreglo. 

En el periódico «El Heraldo de Aragón» del pasado domingo 1 de agosto, se publicó un extenso artículo sobre este tema, en el que fue consultado el Despacho de Derecho de Familia Alzate Monroy & Asociados.

Si desea leer el articulo_publicado en el Heraldo de Aragón.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

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