Entradas de la categoría ‘Herencias’

Los Notarios amplían sus competencias con la nueva Ley de Jurisdicción Voluntaria

sábado, 25 julio 2015

Los Notarios ya pueden resolver nuevas y distintas cuestiones civiles, matrimoniales, de sucesiones, hipotecarias y mercantiles en las que no exista controversia entre las partes, puesto que al no existir desacuerdo entre los implicados, no se requiere la intervención de un Juez. La nueva Ley 15/2015, de 2 de julio, de la Jurisdicción Voluntaria, amplía las competencias de los Notarios, con lo que se ayudará a descongestionar los Juzgados y los Tribunales y se agilizarán las tramitaciones.

Se consideran de jurisdicción voluntaria todos aquellos asuntos que no requieren la intervención de un Juez para la tutela de derechos e intereses en materia civil y mercantil, porque no existe controversia entre las partes y, por tanto, no son asuntos propios de un proceso contencioso.

Los Notarios son cualificados expertos en Derecho, quienes están sujetos a un estatuto que garantiza su actuación independiente, imparcial, rigurosa y responsable, con vocación de servicio público.

La nueva Ley de Jurisdicción Voluntaria posibilita la alternatividad, es decir, permite al ciudadano la libertad de elegir al Secretario Judicial o al Notario o al Registrador para determinados casos.

¿Cuáles son estas nuevas competencias para los Notarios en la nueva Ley de Jurisdicción Voluntaria?

1. A partir del 30 de junio de 2017, el matrimonio civil también podrá contraerse ante Notario, Juez del Registro Civil o de Paz, Secretario Judicial, Concejales y Alcaldes.

Actualmente, los Notarios ya intervienen en temas de familia como las capitulaciones matrimoniales, el reconocimiento de hijos, la protocolización de convenios familiares, las tutelas, la constitución de parejas de hecho, etc.

2. Los Notarios también podrán, a partir del 30 Junio de 2017, tramitar separaciones y divorcios, cuando no existan hijos menores a cargo de la pareja, con lo que seguramente se agilizarán los plazos de estas mismas tramitaciones en los Juzgados y, además, con la misma seguridad jurídica.

3. En cuanto al tema de las sucesiones sin controversia, los Notarios podrán, por ejemplo, conocer temas como el de los herederos colaterales de aquellas personas que han fallecido sin hacer testamento; por lo que estos herederos podrán recibir la herencia sin tener que acudir ante un Juez.

Los herederos directos, desde hace varios años, pueden encargar a los Notarios algunos asuntos de las sucesiones abintestato, es decir, sin testamento y sin controversia.

4. Los Notarios también conocerán de los expedientes de reclamación de deudas dinerarias sin controversia entre las partes, lo que permitirá acortar los plazos actuales. También se podrán realizar las subastas notariales, que serán estrictamente electrónicas, lo que abaratará y agilizará el procedimiento.

5. Otro asunto que se podrá hacer ante Notario es la conciliación. Desde 2012, los Notarios ya actúan en el ámbito de la mediación como mediadores. La conciliación y la mediación, como función pública notarial, lleva intrínseco el asesoramiento imparcial y equilibrado a las partes, para alcanzar en situaciones complejas acuerdos que sean conformes con la legalidad.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

 

El maltrato psicológico es causa de desheredación

martes, 10 marzo 2015

El maltrato psicológico del heredero al testador es causa de desheredación. Así lo reitera el Tribunal Supremo en su Sentencia número 59/2015, de fecha 30 de enero, ratificando su Sentencia de 3 de junio de 2014, en las que se interpreta el artículo 853.2 del Código Civil. En el caso analizado, se comprobó el estado de zozobra y afectación profunda que acompañó los últimos años de vida de la causante, tras la maquinación dolosa de su hijo para forzarla, a finales del año 2003, a otorgar donaciones en favor suyo, y de sus hijos, que representaban la práctica totalidad de su patrimonio personal.

1. La sentencia de primera instancia considera que concurre la causa de desheredación del artículo 853.2 del Código Civil, al entender -en este caso- el “maltrato de obra” como la situación existente entre hijo y madre que había llevado a ésta desheredarlo, ya que no sólo le había arrebatado dolosamente todos sus bienes, sino que le dejó sin ingresos con los que poder afrontar dignamente su etapa final de vida. Y argumenta que no sólo debe considerarse comprendido en causa de desheredación el maltrato físico, sino también el maltrato psicológico, ya que el actor maltrató psíquicamente y de manera permanente e intensa a su madre desde el 31 diciembre 2003, en que le arrebató su patrimonio, hasta que la misma falleció el 28 abril 2009, sin intención alguna de devolvérselo, más bien al contrario.

Recurrida en apelación, la sentencia de la Audiencia, con estimación parcial de la demanda interpuesta, revoca parcialmente la anterior resolución en el sentido de declarar la nulidad de la cláusula de desheredación, con la consiguiente reducción de la institución de heredero en cuanto perjudique a la legítima estricta del demandante. Aunque reconoce el grave daño psicológico causado a la testadora, fundamenta su decisión en la aplicación restrictiva de este instituto y en la integridad de la legítima; de forma que el daño psicológico no entra en la literalidad de la fórmula empleada por el artículo 853.2 del Código Civil.

La Sentencia del Tribunal Supremo argumenta, “en primer lugar, y en orden a la caracterización general de la figura debe señalarse que aunque las causas de desheredación sean únicamente las que expresamente señala la ley (artículo 848 del Código Civil) y ello suponga su enumeración taxativa, sin posibilidad de analogía, ni de interpretación extensiva; no obstante, esto no significa que la interpretación o valoración de la concreta causa, previamente admitida por la ley, deba ser expresada con un criterio rígido o sumamente restrictivo”.

“Esto es lo que ocurre con los malos tratos o injurias graves de palabra como causas justificadas de desheredación, (artículo 853.2 del Código Civil) que, de acuerdo con su naturaleza, deben ser objeto de una interpretación flexible conforme a la realidad social, al signo cultural y a los valores del momento en que se producen”.

Actualmente y “en orden a la interpretación normativa del maltrato de obra como causa justificada de desheredación, el maltrato psicológico, como acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima, debe considerarse comprendido en la expresión o dinamismo conceptual que encierra el maltrato de obra… la inclusión del maltrato psicológico sienta su fundamento en nuestro propio sistema de valores referenciado, principalmente, en la dignidad de la persona como germen o núcleo fundamental de los derechos constitucionales (artículo 10 Constitución Española) y su proyección en el marco del Derecho de Familia como cauce de reconocimiento de los derechos sucesorios, especialmente de los derechos hereditarios de los legitimarios del causante, así como en el propio reconocimiento de la figura en el campo de la legislación especial; caso, entre otros, de la Ley Orgánica de protección integral de la violencia de género, 1/2004”.

2. Ya mencionamos que el Tribunal Supremo, en su anterior Sentencia de 3 de junio de 2014, declaraba que el maltrato psicológico a los padres es justa causa para desheredar a los hijos. La Sala Civil confirmaba la desheredación de dos hijos que incurrieron en un maltrato psíquico y reiterado contra su padre “del todo incompatible con los deberes elementales de respeto y consideración que se derivan de la relación jurídica de filiación”.

La sentencia analizaba como cuestión de fondo si el maltrato psicológico a los padres es justa causa de desheredación, y concluía que, efectivamente, debe estimarse que es motivo para desheredar a los hijos al asimilarse al “maltrato de obra” que tipifica el artículo 853.2 del Código Civil (que establece como causa de desheredación “haber maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra” a los padres).

“El maltrato psicológico, como acción que determina un menoscabo o lesión de la salud mental de la víctima, debe considerarse comprendido en la expresión o dinamismo conceptual que encierra el maltrato de obra”. Añade que la falta de una jurisprudencia clara y precisa sobre la materia, que habían alegado los dos hijos para reclamar judicialmente la anulación de su desheredación, no es obstáculo para esta interpretación, ya que se basa en la dignidad de la persona como núcleo fundamental de los derechos constitucionales y su proyección en el derecho de familia y sucesorio.

El Tribunal Supremo confirmaba así la decisión de la Audiencia de Málaga de rechazar la demanda de los dos hijos que reclamaban la nulidad de la cláusula del testamento de su padre que los desheredó y que se les reconociese el derecho a percibir la legítima (las dos terceras partes de la herencia, que les corresponde forzosamente cuando no hay causa justa de desheredación).

El Supremo subraya el menosprecio y abandono familiar de los hijos hacia su padre en sus siete últimos años de vida, que, ya enfermo quedó al amparo de una hermana, y por quien no se interesaron ni tuvieron contacto alguno, situación que cambió tras su muerte “a los solos efectos de demandar sus derechos hereditarios”.

3. Vemos que son varias las sentencias que confirman la validez de los testamentos en los que los padres  desheredan a sus descendientes por maltrato psicológico. Recordemos la Sentencia de junio de 2014, de la Audiencia Provincial de Cantabria, sobre el caso en que una madre desheredaba a su hija por maltrato psicológico. En dicha sentencia se rechazaba la anulación de testamento solicitada por la mujer desheredada por su madre por haberla maltratado, confirmando la sentencia del Juzgado de Primera Instancia nº 10 de Santander que rechazaba la pretensión de la mujer de cambiar el testamento de su madre quien, al tiempo que la desheredaba, nombraba heredero universal a su nieto, hijo de la demandante.

La sentencia desestimaba el recurso de la mujer porque consideraba que, “tanto por acción como por omisión, mantuvo un comportamiento impropio de una hija con su madre” y, además, “no de forma puntual, efímera y pasajera”. La mujer fue condenada en juicio de faltas por maltratar a su madre, una sentencia que para la Audiencia “no fue sino la denuncia concreta y pública por parte de la madre de un comportamiento de la hija, anterior”.

La sentencia añade que durante la vida posterior de la madre, hasta su fallecimiento en 2012 a los 86 años, se sucedieron las conductas impropias de la hija, ya que la anciana “sufrió permanentes enfermedades, hospitalizaciones, fue declarada dependiente y acabó siendo ingresada en una residencia, y durante ese extenso historial no aparece prueba de que la hija la visitara, acompañara, atendiera…”, sino que era su nieto quien la acompañaba y se hacía responsable de su abuela.

El tribunal entiende que se trata “no sólo de un maltrato tipificado así en un juicio de faltas, sino en palabras afrentosas, irrespetuosas, y que si bien en dicho juicio no llegan a calificarse de coacciones o intimidación, sí que infundían temor a su madre (“te acordarás”). Añade que “sobre todo suponía un sufrimiento psíquico permanente para la madre, tanto por ese comportamiento activo, como por el abandono afectivo permanente (al menos cuatro años), cuando la madre más necesitaba de la cercanía, el afecto y la ayuda material y psíquica de su hija”.

Podríamos traer a colación muchas más sentencias en las que concurre el maltrato de obra como justa causa para desheredar a los hijos. Por ejemplo, otra Sentencia de la Audiencia Provincial de Cantabria, de fecha 31 de enero de 2011, en la que confirma el derecho de un padre a desheredar a su hija por las malas condiciones de higiene y salubridad a las que ésta le sometió en el período en que convivieron en la misma casa.

La demandante pretendía que se declarara injusta su desheredación, basada en haber negado alimentos y haber maltratado de obra e injuriado gravemente de palabra a su padre, interesando la nulidad de la cláusula primera del testamento, la nulidad de la institución de heredero realizada en la cláusula segunda y que se declare que la demandante, como hija única del causante, tiene derecho a percibir la totalidad de la legítima, conformada por las dos terceras partes.

La sentencia de primera instancia desestimó la demanda argumentando que no es preciso que el testador determine el hecho concreto constitutivo de la desheredación, aunque sí la causa. Y que está probado que el causante (padre testador) sufrió un trato desconsiderado, con inevitable afectación en el plano psicológico y psíquico, intolerable a la luz de la realidad social del tiempo de aplicación de la norma. El hecho de desheredarla se justificó en la venta por parte de la heredera de un piso de su madre fallecida, sin consultarle, y en que horas antes de la muerte de su madre, la hija retiró casi 10.000 euros de una libreta de titularidad común. La heredera llegó a ser desahuciada, junto a su marido e hijos, del piso, que su padre tenía en usufructo y en la que su hija residía. La vivienda presentaba unas condiciones de higiene y salubridad pésimas.

El padre llegó a sentir temor respecto a su familia, y, sobre todo, hacia su hija, hasta el punto de que llegó a habilitar una parte de la vivienda a la que no pudieran acceder y dispuso que prefiriera que le atendieran dos sobrinas carnales, en lugar de su hija, como constataron informes de servicios sociales. La sentencia estima probado que bien por actos directos de la demandante, bien por omisiones injustificadas que le son imputables, el testador -su padre-, vivió en unas condiciones indignas de un ser humano, con múltiples denuncias ante organismos públicos, situación que encuadra en el supuesto legal del maltrato de obra, que se da cuando se produce un malestar físico o psíquico permanente e intenso.

4. Creemos que todo maltrato, ya sea físico o psicológico, es causa de desheredación. Y esto es justo y lógico, ya que las relaciones familiares deben estar impregnadas del respeto y la consideración debidas, más cuando se trata de nuestros mayores -nuestros padres y abuelos- quienes necesitan y se merecen, en su última etapa de vida, un acompañamiento y cariño desinteresados por parte de sus hijos, nietos y demás familiares. Lo contrario no sólo implica el desheredamiento a nivel civil, sino que se configura como un delito familiar, a nivel penal.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

¿De quién heredan los nietos si el padre fallece antes que el abuelo?

lunes, 12 enero 2015

Lo normal es que los padres mueran antes que sus hijos y éste es el deseo de todo padre y madre. Lo más doloroso para los padres es que sus hijos los antecedan en el fallecimiento y, lamentablemente, este hecho ocurre con alguna frecuencia. Es un drama familiar que un padre o una madre mueran antes que el abuelo o la abuela. Después de superar este trauma familiar, hay una pregunta inevitable, que parece odiosa, pero que en algún momento habrá que enfrentar: ¿si los padres fallecen antes que los abuelos, los nietos de quién heredan?

La respuesta parece sencilla, pero desde un punto de vista jurídico no es muy fácil de explicar, porque hay diversas interpretaciones. La respuesta sencilla sería: si el padre heredero muere antes que el abuelo sin haber aceptado ni repudiado la herencia, pasará el mismo derecho que el padre tenía a sus hijos (es decir, a los nietos).

1. Existen dos posiciones doctrinales sobre la interpretación y alcance del artículo 1006 del Código Civil que contempla la sucesión por derecho de transmisión, que yo llamaría la teoría sencilla y la teoría complicada:

a) La teoría “sencilla” de la adquisición directa o por doble capacidad, que considera que los bienes del primer causante pasan directamente al heredero transmisario cuando éste ejercita positivamente el “Ius Delationis”.

b) La teoría “complicada” que considera que existen dos movimientos de bienes: uno que va del patrimonio del causante a la masa hereditaria del heredero transmitente, que fallece antes de aceptar la herencia de aquél; y un segundo movimiento desde esta masa hereditaria del segundo causante o transmitente al heredero transmisario que acepta las dos herencias, como si se tratara de dos sucesiones.

2. Vamos a quedarnos con la “teoría sencilla” que es la que contempla el artículo 1006 del Código Civil, al establecer que “por muerte del heredero sin aceptar ni repudiar la herencia pasará a los suyos el mismo derecho que él tenía”. La cual ha sido corroborada por el Pleno de la Sala Primera del Tribunal Supremo al dictar la Sentencia 539/13, de 11 de septiembre de 2013 (recurso 397/2011), sentando doctrina jurisprudencial en torno a cómo ha de interpretarse este hecho: “cuando el llamado a suceder al causante fallece antes de aceptar o repudiar su herencia, hay un mero efecto transmisivo del derecho como presupuesto necesario para hacer efectiva la legitimación para aceptar o repudiar la herencia”.

De este modo, al aceptar la herencia, los herederos transmisarios (nietos) suceden directamente al causante de la herencia (abuelo) y en otra sucesión distinta, al fallecido heredero (el padre), conforme a lo establecido en el artículo 1006 del Código Civil. Es lo que se conoce como el Ius Delationis y el Ius Transmissionis. 

3. El Ius Delationis es el derecho que se le concede al llamado a una herencia para aceptarla o repudiarla, una vez producida la apertura de la herencia (por el fallecimiento de una persona); el llamamiento a la sucesión puede ser por testamento (sucesión testada) o por ley (sucesión intestada o sin testamento).

Si el llamado a la herencia la acepta, desde ese momento ostenta la condición de heredero. Esa aceptación puede ser pura y simple, expresa o tácita, y por tanto el heredero responde de todas las cargas de la herencia con los bienes de la herencia y con los suyos propios, a menos que haya aceptado la herencia a beneficio de inventario.

Este derecho que ostenta el llamado a la aceptación o repudiación de la herencia, es transmisible mortis causa, situación que se contempla en el artículo 1006 del Código Civil, cuando el llamado a la herencia fallece sin haberla aceptado ni repudiado.

Por tanto, el Ius Transmissionis se entiende ligado al Ius Delationis, puesto que el derecho que tiene el llamado a una herencia para aceptarla o repudiarla (Ius Delationis), se transmite a sus herederos, según el citado artículo 1006 del Código Civil: “por muerte del heredero sin aceptar ni repudiar la herencia pasará a los suyos el mismo derecho que él tenía”. Esta transmisión del derecho que tenía el llamado a una herencia, pero que ha fallecido sin haberlo ejercitado, se conoce con el nombre de Ius Transmissionis o derecho de transmisión, en el sentido de que los herederos del heredero fallecido adquieren la facultad de aceptar o repudiar la herencia del causante.

El derecho de transmisión del artículo 1006 (Ius Transmissionis) supone posibilidad ex lege de transmitir el Ius Delationis.

4. La cuestión de fondo es que en los Tribunales no había unidad de criterio en cuanto a la naturaleza y alcance del derecho de transmisión (Ius Transmissionis) del artículo 1006 del Código Civil, pues se aplicaba una u otra teoría indistintamente, hasta que llega la Sentencia 539/13 del Pleno de la Sala Primera del Tribunal Supremo, de 11 de septiembre de 2013, que sienta como doctrina jurisprudencial aplicable lo contenido en su fundamento segundo de derecho, que dice:

“La correcta fundamentación del presente caso requiere de una previa precisión de índole metodológica en el alcance del artículo 1006 del Código Civil. En este sentido interesa destacar que el derecho de transmisión que contempla el citado precepto (ius transmissionis) refiere, sustancialmente, la cualidad del ius delationis de poder ser objeto de transmisión, esto es, la aplicación ex lege de un efecto transmisivo en la adquisición de la herencia por el que el derecho a aceptar o repudiar la herencia que tenía el heredero transmitente, que fallece sin ejercitarlo, pasa a sus propios herederos, denominados en este proceso como herederos transmisarios. De esta forma, fuera de la mencionada cualidad el derecho de transmisión, en sí mismo considerado, ni configura ni altera la naturaleza y caracterización del ius delationis, verdadera cuestión de fondo del caso planteado…

“Esta equivalencia entre la unidad del fenómeno sucesorio y el ius delationis, que subsiste como tal, sin pérdida de su esencia o de sus caracteres en el curso de dicho fenómeno sucesorio, también encuentra un claro apoyo interpretativo en los precedentes de nuestro Código Civil pertinentes al actual artículo 1006. En este sentido, el artículo 2365 del Proyecto de 1836 ya establecía que el ius delationis podían ejercitarlo los herederos “en su propio nombre”. Por su parte, el artículo 836.1 del Proyecto de 1851 recalcaba que por la muerte del heredero, sin aceptar o repudiar la herencia, “se transmitía a los suyos el mismo derecho que él tenía”. Dicha expresión fue mantenida en el artículo 1018 del Anteproyecto de 1882.

“Del contexto interpretativo realizado debe concluirse, como fijación de la Doctrina jurisprudencial aplicable a la cuestión debatida, que el denominado derecho de transmisión previsto en el artículo 1006 del Código Civil no constituye, en ningún caso, una nueva delación hereditaria o fraccionamiento del ius delationis en curso de la herencia del causante que subsistiendo como tal, inalterado en su esencia y caracterización, transita o pasa al heredero trasmisario…

“No hay, por tanto, una doble transmisión sucesoria o sucesión propiamente dicha en el ius delationis, sino un mero efecto transmisivo del derecho o del poder de configuración jurídica como presupuesto necesario para hacer efectiva la legitimación para aceptar o repudiar la herencia que ex lege ostentan los herederos transmisarios; todo ello, dentro de la unidad orgánica y funcional del fenómeno sucesorio del causante de la herencia, de forma que aceptando la herencia del heredero transmitente, y ejercitando el ius delationis integrado en la misma, los herederos transmisarios sucederán directamente al causante de la herencia y en otra distinta sucesión al fallecido heredero transmitente…

“La inalterabilidad del ius delationis, junto con la debida diferenciación de los procesos sucesorios en liza, determina, a su vez, que los derechos hereditarios de los herederos transmisarios se ejerciten plenamente conforme a la sucesión del causante de la herencia, ya testamentariamente o bien de forma intestada, quedando comprendidas en dicha ejecución sucesoria la concreción e individualización propia de las operaciones particionales cuando éstas tengan lugar; sin que dicha ejecución venga condicionada por las disposiciones que deban seguirse respecto de la sucesión o partición de la herencia del heredero transmitente…

“Esta misma razón de inalterabilidad o subsistencia del ius delationis hace que cumplidos ya los requisitos de capacidad sucesoria por el heredero transmitente y, por tanto, la posibilidad de transmisión del ius delationis, la capacidad sucesoria de los herederos transmisarios en la herencia del causante deba ser apreciada cuando éstos acepten la herencia del fallecido heredero transmitente…”

5. Por último, la misma Sentencia 539/13 del Pleno de la Sala Primera del Tribunal Supremo, de 11 de septiembre de 2013, dice que en parecidos términos a lo expuesto, en los Derechos Forales, el ius delationis y el ius transmissionis gozan de plena carta de naturaleza.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

La indivisión y el exceso de división en la partición de la herencia

martes, 21 enero 2014

Debe evitarse tanto la indivisión como el exceso de división en la partición de la herencia, conforme lo establece el artículo 786.1 de la LEC, en sintonía con los artículos 1061 y 1062 del Código civil, especialmente cuando se trata de fincas o bienes inmuebles.

I. El artículo 786 de la LEC, que se refiere a la práctica de las operaciones divisorias, dice: 1. El contador realizará las operaciones divisorias con arreglo a lo dispuesto en la ley aplicable a la sucesión del causante; pero si el testador hubiere establecido reglas distintas para el inventario, avalúo, liquidación y división de sus bienes, se atendrá a lo que resulte de ellas, siempre que no perjudiquen las legítimas de los herederos forzosos. Procurará, en todo caso, evitar la indivisión, así como la excesiva división de las fincas. 2. Las operaciones divisorias deberán presentarse en el plazo máximo de dos meses desde que fueron iniciadas, y se contendrán en un escrito firmado por el contador, en el que se expresará: 1. La relación de los bienes que formen el caudal partible. 2. El avalúo de los comprendidos en esa relación. 3. La liquidación del caudal, su división y adjudicación a cada uno de los partícipes.

El artículo 1061 del C.C., dice: En la partición de la herencia se ha de guardar la posible igualdad, haciendo lotes o adjudicando a cada uno de los coherederos cosas de la misma naturaleza, calidad o especie.

El artículo 1062 del C.C., dice: Cuando una cosa sea indivisible o desmerezca mucho por su división, podrá adjudicarse a uno, a calidad de abonar a los otros el exceso en dinero. Pero bastará que uno sólo de los herederos pida su venta en pública subasta, y con admisión de licitadores extraños, para que así se haga.

II. Confeccionar un cuaderno particional es una de las tareas más complicadas del mundo jurídico, ya que entra en juego no solo la pericia en derecho civil, sino también en derecho hipotecario, legislación notarial, derecho tributario, derecho urbanístico, etc.

Para realizar el cuaderno particional, el contador-partidor debe realizar generalmente cinco operaciones:
1. El inventario, o sea, la relación de los bienes que constituyen la herencia, los cuales deben quedar suficientemente individualizados e identificados.
2. El avaluó, tasación o valoración de cada uno de los bienes que figuran en el inventario.
3. La liquidación, que es una operación matemática mediante la cual, a partir del importe de los bienes inventariados, se fija el líquido del caudal hereditario o el haber del difunto causante de una sucesión.
4. Este caudal hereditario será divisible entre los herederos. La división, consiste en señalar la cuota o haber de cada heredero.
5. La adjudicación, que es la atribución a los herederos de esos bienes o derechos determinados, con su documentación correspondiente.

III. En la adjudicación debe velarse por el principio de igualdad cualitativa, debiendo respetarse la voluntad del causante expresada en el testamento. En la práctica no siempre se puede evitar la indivisión y/o el exceso de división, salvo cuando se trate de dinero o bienes divisibles en la herencia.

Todos sabemos que no es del todo deseable la adjudicación de un bien “proindiviso”. Los herederos, en su condición ya de copropietarios, podrán ejercer la acción de división de cosa común. Los artículos 400 a 404 del C.C., se refieren a la comunidad de bienes y a esta acción divisoria, en los siguientes términos:
Artículo 400: Ningún copropietario estará obligado a permanecer en la comunidad. Cada uno de ellos podrá pedir en cualquier tiempo que se divida la cosa común. Esto no obstante, será válido el pacto de conservar la cosa indivisa por tiempo determinado, que no exceda de diez años. Este plazo podrá prorrogarse por nueva convención.
Artículo 401: Sin embargo de lo dispuesto en el artículo anterior, los copropietarios no podrán exigir la división de la cosa común, cuando de hacerla resulte inservible para el uso a que se destina…
Artículo 404: Cuando la cosa fuere esencialmente indivisible, y los condueños no convinieren en que se adjudique a uno de ellos indemnizando a los demás, se venderá y repartirá su precio.

Obviamente no es fácil el consentimiento unánime de todos los herederos, para que el bien no permanezca indivisible, como tampoco lo es adjudicar el bien indivisible a uno de ellos con la obligación de satisfacer la cuota de los demás con dinero en metálico (al contado, a plazos, con qué garantías, bajo condición resolutoria inscrita), sometida dicha elección y forma de adjudicación a control judicial y sin perjuicio de que cualquiera de ellos ejercite las facultades del artículo 1062 del Código Civil, que establece que cuando una cosa sea indivisible o desmerezca mucho por su división, podrá adjudicarse a uno de los herederos, a calidad de abonar a los otros el exceso en dinero. Pero bastará que uno solo de los herederos pida su venta en pública subasta y con admisión de licitadores extraños, para que así se haga.

IV. Lo primero que hay que determinar es si la finca o inmueble es divisible o no. La Sala de lo Civil del Tribunal Supremo considera que la indivisibilidad puede ser de tipo físico, como por ejemplo el uso de una vivienda unifamiliar; o porque el bien quede inservible para lo que estaba destinado si se divide; o porque ya desmerezca su uso al dividirlo.

Es preferible considerar que el bien indivisible se adjudique a uno de los herederos, abonando a los otros el exceso en dinero. Porque la otra solución de adjudicar a todos los coherederos pro indiviso, reservándose los herederos el derecho a pedir y obtener que los referidos bienes sean vendidos en pública subasta, con admisión de licitadores extraños, no sería la mejor solución.

También depende, y mucho, en este tema de la indivisión, de que haya un solo bien inmueble, o muchos bienes inmuebles en la herencia, combinado con otros bienes de valor como dinero, joyas o bienes muebles para hacer un buen reparto de acuerdo con la cuota hereditaria de cada heredero. Pero en la mayoría de ocasiones, la composición del caudal hereditario hace inevitable la división de las fincas no pudiendo el contador evitar lo prevenido en el artículo 786 de la LEC.

V. La norma del sorteo de los Lotes: Cuando la composición de la herencia haga imposible llevar a la practica el principio de igualdad cualitativa, se ha propuesto como posible solución la de formar lotes con los bienes de la herencia de igual o aproximado valor, aunque tales lotes no comprendan bienes de la misma naturaleza, calidad o especie para proceder a su sorteo ente los interesados. En este caso hay que seguir el criterio de evitar el exceso de división en la partición de la herencia.

El Tribunal Supremo, ha reiterado en varias ocasiones esta posibilidad, así en sentencia de 31 de Octubre de 1989, en sentencia de 20 de mayo de 2005 y las que se citan en dicha Resolución, admitiendo la posibilidad de proceder al sorteo de los bienes entre los co-herederos para alcanzar una mayor objetividad en la división (Ver Tribunal Supremo, Sala Primera, de lo Civil, sentencia de 31 de Octubre de 1989, ponente el Excmo. Sr. D. Alfonso Barcala Trillo-Figueroa y Tribunal Supremo, Sala Primera, de lo Civil, Sentencia de 20 de Mayo de 2005, Recurso 3935/1998, ponente el Excmo. Sr. D. Pedro González Poveda).

Ya sabemos que en caso de desacuerdos entre los herederos, se tendrá que proceder a la división judicial de la herencia. Lo mejor es evitar los conflictos familiares por las herencias familiares, aunque bien sabemos que esto pocas veces es posible.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 Sig.