La relación entre fe, sacramento y validez del vínculo conyugal

martes, 15 marzo 2016 | Categoría: Derecho Canónico, Familia, Matrimonio - 2.640 lect.

En la Alocución a la Rota Romana del Papa Francisco, el pasado 22 de enero de 2016, el Santo Padre expresó que en la doctrina de la Iglesia la falta de fe no es elemento suficiente para declarar nulo un matrimonio, porque la calidad de la fe no es condición esencial para el consentimiento matrimonial, Y señaló que las deficiencias de formación en la fe y también el error relativo a la unidad, la indisolubilidad y la dignidad sacramental del matrimonio vician el consentimiento matrimonial solamente si determinan la voluntad.

Recordó que “junto a la definición de la Rota Romana como Tribunal de la familia, se resalta otra prerrogativa, y es que también es el Tribunal de la verdad del vínculo sagrado. Y estos dos aspectos son complementarios. También se refirió al Sínodo de los Obispos sobre el tema de la familia realizado en estos dos últimos años, en el cual la Iglesia ha indicado al mundo, entre otras cosas, que no puede haber confusión entre la familia querida por Dios y cualquier otro tipo de unión”.

En su discurso hizo referencia a que “cuando la Iglesia, a través de su servicio, se propone declarar la verdad sobre el matrimonio en el caso concreto, para el bien de los fieles, al mismo tiempo tiene siempre presente que quienes, por libre elección o por infelices circunstancias de la vida, viven en un estado objetivo de error, siguen siendo objeto del amor misericordioso de Cristo y por lo tanto de la misma Iglesia. La familia, fundada en el matrimonio indisoluble, unitivo y procreativo, pertenece al sueño de Dios y de su Iglesia para la salvación de la humanidad”.

1. En esta alocución, declara el Papa que “precisamente porque la Iglesia es madre y maestra, sabe que entre los cristianos, algunos tienen una fe fuerte, formada por la caridad, fortalecida por una buena catequesis y nutrida por la oración y la vida sacramental, mientras que otros tienen una fe débil, descuidada, no formada, poco educada u olvidada”. Y enseñó que “es bueno recordar con claridad que la calidad de la fe no es una condición esencial del consentimiento matrimonial, el cual, de acuerdo con la doctrina de siempre, puede ser minado solamente a nivel natural (cfr. CIC, canon 1055 § 1 y 2). De hecho, el habitus fidei se infunde en el momento del bautismo y sigue teniendo un misterioso influjo en el alma, incluso cuando la fe no se haya desarrollado y psicológicamente parezca estar ausente. No es raro que los novios, empujados al verdadero matrimonio por el instinctus naturae, en el momento de la celebración, tengan un conocimiento limitado de la plenitud del plan de Dios, y sólo después, en la vida familiar, descubran todo lo que Dios, Creador y Redentor ha establecido para ellos. Las deficiencias de formación en la fe y también el error relativo a la unidad, la indisolubilidad y la dignidad sacramental del matrimonio vician el consentimiento matrimonial solamente si determinan la voluntad (cfr. CIC, canon 1099). Precisamente por eso los errores que afectan a la naturaleza sacramental del matrimonio deben evaluarse con mucha atención”.

El Romano Pontífice explicó que “la Iglesia, con renovado sentido de responsabilidad sigue proponiendo el matrimonio, en sus elementos esenciales (hijos, bien de los cónyuges, unidad, indisolubilidad, sacramentalidad), no como un ideal para pocos, a pesar de los modernos modelos centrados en lo efímero y lo transitorio, sino como una realidad que, en la gracia de Cristo, puede ser vivida por todos los fieles bautizados. Y por ello, con mayor razón, la urgencia pastoral, que abraza todas las estructuras de la Iglesia, impulsa a converger hacia un intento común ordenado a la preparación adecuada al matrimonio, en una especie de nuevo catecumenado tan deseado por algunos Padres Sinodales”.

Con esta claridad, el Papa Francisco nos enseña que en la doctrina de la Iglesia la falta de fe no es elemento suficiente para declarar nulo un matrimonio, porque la calidad de la fe no es condición esencial para el consentimiento matrimonial. Las deficiencias de formación en la fe y también el error relativo a la unidad, la indisolubilidad y la dignidad sacramental del matrimonio vician el consentimiento matrimonial solamente si determinan la voluntad.

Lo que se necesita para que nazca el matrimonio válido es el consentimiento válidamente otorgado por los dos contrayentes.

2. ¿Y cuándo las deficiencias en la fe o el error relativo a la indisolubilidad, fidelidad o procreación de los hijos determinan la voluntad?

Ya decíamos que el matrimonio no requiere, a fines de la sacramentalidad, la fe personal de los novios. Aunque la carencia de fe puede herir los bienes del matrimonio. Los tres bienes del matrimonio (conocidos también como las propiedades esenciales del matrimonio) son la procreatividad o apertura a la vida, la fidelidad conyugal y la indisolubilidad matrimonial. Para casarse válidamente no se requiere un conocimiento profundo de lo que es el matrimonio ni de lo que significa casarse. En el contexto actual de un acentuado subjetivismo y de un relativismo ético y religioso, es difícil pensar que las personas puedan casarse para toda la vida o que puedan ser fieles a su cónyuge para toda la vida. Algunos consideran que esto sería una falta de libertad personal.

Una cosa es casarse pensando que es difícil ser fiel durante el matrimonio o que es difícil que éste tenga que durar toda la vida, o que “ojalá no fuera así”. Y otra cosa es casarse ignorando o excluyendo, con un acto positivo de la voluntad, alguno de los bienes del matrimonio o todos los bienes o propiedades esenciales del matrimonio. Es decir, casarse con una voluntad determinada, con un consentimiento matrimonial que ignore o excluya la fidelidad conyugal, la duración permanente del matrimonio o la apertura a la vida o procreación de los hijos. Yo diría más bien que ignore y no que excluya, porque creo que para excluir hay que conocer o saber eso que se excluye, mientras que ignorar es no saber.

No hay que desconocer tampoco que algunas personas actualmente se casan por la Iglesia porque es la tradición, porque la ceremonia es más bonita, pero se casan pensando en divorciarse a la primera oportunidad, o seguir su vida matrimonial teniendo relaciones extra conyugales, o con el deseo explícito de no tener hijos, indicando con esto una ignorancia absoluta de lo que significa casarse por la Iglesia. Les hubiera dado igual casarse por la Iglesia que ante un Juez o un Notario, por desconocer el matrimonio sacramental. Es decir, que por una carencia de fe o por no tener una fe lo suficientemente formada, se desembocaría en un falso conocimiento del matrimonio, que determinaría la voluntad del contrayente, dando lugar a un consentimiento matrimonial inválido.

En este caso, el juez eclesiástico está llamado a realizar su análisis judicial cuando existe la duda de la validez del matrimonio, para establecer si hay un vicio de origen en el consentimiento, sea directamente por defecto de intención válida, sea por déficit grave en la comprensión del matrimonio mismo, de tal modo que determine la voluntad del contrayente. El juez, al ponderar la validez del consentimiento expresado, debe tener en cuenta el contexto de valores y de fe -o de su carencia o ausencia- en el que se ha formado la intención matrimonial. De hecho, el desconocimiento de los contenidos de la fe podría llevar a lo que el Código define error que determina a la voluntad (cfr. canon 1099).

El canon 1099, es claro al decir: “El error acerca de la unidad, de la indisolubilidad o de la dignidad sacramental del matrimonio, con tal que no determine a la voluntad, no vicia el consentimiento”.

A contrario sensu, sí lo viciaría cuando llevara al contrayente a consentir voluntariamente un matrimonio privado de unidad, indisolubilidad y sacramentalidad.

3. Recordemos lo que dice el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 66: “El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Una visión deformada del matrimonio causada por la falta de fe podría impulsar a los contrayentes a la reserva mental sobre la duración misma de la unión, o su exclusividad, que decaería cuando la persona amada ya no realizara sus expectativas de bienestar afectivo”.

Es verdad que la falta o la carencia de la fe podría llevar a un error sobre el matrimonio mismo y, por ende, a una nulidad matrimonial, pero como advertía Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio”, qué ventajas e inconvenientes tendría reclamar un grado de fe personal en los contrayentes, para concluir que resulta inviable determinar un grado de fe personal, entre otras cosas por la dificultad de individuar el contenido de la fe exigida, además de los riesgos de juicios infundados y discriminatorios, y de dudas sobre la validez de matrimonios ya celebrados, en particular por parte de bautizados no católicos (FC, 66-68). Recordaba Juan Pablo II que introducir para el sacramento requisitos intencionales o de fe que fueran más allá del de casarse según el plan divino del “principio”, llevaría inevitablemente a querer separar el matrimonio de los cristianos del de otras personas, lo que se opondría profundamente al verdadero sentido del designio divino.

En definitiva, como manifiesta el Papa Francisco, “el abandono de una perspectiva de fe lleva inexorablemente a una falsa comprensión del matrimonio, que puede acabar teniendo consecuencias en la maduración de la voluntad nupcial”.

Por: Patricia Alzate Monroy, Abogada y Doctora en Derecho

 

3 comentarios a “La relación entre fe, sacramento y validez del vínculo conyugal”

  1. Ana dice:

    Buenos días. Una pregunta. Se puede anular el matrimonio de 7 años de casada donde no pudo haber hijos además de que hubo infidelidad del esposo. Así mismo que en el lapso de la vida matrimonial demostró no tener temor de Dios ni respeto por la vida católica. Motivo por el cual la esposa no se hubiera casado con él sabiendo de la deficiencia o falta de creencia.
    Gracias

  2. marlene b dice:

    Me gustaria que me pudieran orientar, yo hace 19 años me case por la iglesia pero solo dure 2 años de matrimonio, el estaba casado anteriormente por el civil y por lo tanto mi matrimonio no valia; tengo 17 años que no veo a mi ex y en la actualidad tengo una pareja y mi hija. Mi pegunta es si es posible que pueda anular el matrimonio por la iglesia ya que mi ex esta casado con otra persona, el se caso en el 91 y conmigo se caso en el 96 gracias. Espero su respuesta

  3. Conforme dice el canon 1055 del Código de Derecho Canónico, todo matrimonio válidamente celebrado entre bautizados es sacramento. Canon 1055 § 1: La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados.
    § 2. Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento.

    El canon 1056 del Código de Derecho canónico, enuncia cuáles son las propiedades esenciales del matrimonio, también conocidas como los bienes del matrimonio. Canon 1056: Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del sacramento.

    El canon 1057 del Código de Derecho Canónico define qué es el consentimiento matrimonial válido que produce el matrimonio válido. Canon 1057 § 1: El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles, consentimiento que ningún poder humano puede suplir.
    § 2. El consentimiento matrimonial es el acto de la voluntad, por el cual el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio.

    El canon 1059 del Código de Derecho Canónico se refiere a la aplicabilidad del derecho canónico al matrimonio de los católicos. Canon 1059: El matrimonio de los católicos, aunque sea católico uno solo de los contrayentes, se rige no sólo por el derecho divino sino también por el canónico, sin perjuicio de la competencia de la potestad civil sobre los efectos meramente civiles del mismo matrimonio.

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